Ella es un Eclipse Lunar

Capítulo 22 - Vestido

—¿Has pensado en tu graduación? Es en tres meses.

—¿Tres meses ya?

—Bueno, como cuatro, más bien —dijo Raúl, ojeando un libro sobre su cama.

—No he pensado en ella, ¿por qué?

—Quiero que vayas bien vestida. He pensado en un vestido azul por tus ojos.

—No es una mala idea... Pero me gusta más el verde.

—No está mal. ¿Quieres ir a buscarlos tú sola? Sabes que soy malo para ayudarte a comprar ropa.

—¿Ya? —preguntó Catherine confundida.

—¿Tienes algo que hacer acaso?

—Eh, no exactamente.

—Entonces podrías ir a probarte ropa. Si algo te gusta, te daría el dinero para eso y voy contigo a comprarlo después —mencionó sin levantar la vista de su libro todavía.

—Pues, si tú lo dices...

—Son las dos de la tarde. Tienes tres horas, máximo cuatro, mientras vas y vienes a pie.

Y la ilusión por ver a un padre siendo humano se le esfumó de las manos cuando se dio cuenta de que dos de sus horas permitidas las gastaría caminando.

—¿Qué haces? Ponte una chaqueta y vete —exclamó.

—Sí, sí.

Mientras buscaba un suéter abrigado y un paraguas para cubrirse de la posible lluvia, dejó caer su teléfono accidentalmente al suelo. Este mismo fue el que se encendió y dejó ver un mensaje:

«Te escribí una carta, te la muestro mañana ;)»

Sonrió de oreja a oreja y dejó escapar un suspiro.

«Me encanta, ¿quieres salir?», respondió y la muchacha del otro lado dijo que sí.

Cuando la vio sobre la otra acera, después de llevar casi diez minutos caminando, casi corre a través de la vía arriesgando su vida por un auto a alta velocidad; sin embargo, logró detenerse a tiempo para que Megan riera y cruzara a la orilla opuesta, abrazándola.

—¿Cómo estás? —susurró en su oído.

—Ahora estoy bien—. Devolvió el susurro con una sonrisa mientras acomodaba sus anteojos.

Megan desenvolvió sus brazos y ella aprovechó para tomarla de la mano.

—No me dijiste a dónde íbamos —mencionó Megan mientras caminaban.

—¿Alguna vez me has visto usando vestido? —preguntó, coqueta.

—¿Qué? Obvio que no, ¿me trajiste para comprar ropa?

Catherine rio y rodó los ojos, como siempre.

—No, no...

Caminaron por un largo tiempo; el cielo, ahora nublado, marcaba las cuatro y Catherine aún seguía indecisa.

—¿Nunca te has puesto un vestido? —preguntó Megan bromeando.

—Claro que sí... —mencionó sutilmente mientras salían de la décima tienda de vestidos—. ¿Y tú?

—Yo sí, pero hace mucho.

—Pues conmigo es igual.

—La diferencia es que yo sí sé escoger vestidos —dijo pícara y soltó una risa.

—¿Te estás burlando de mí? —indagó con las cejas levantadas.

—Umm... —Vio su ceño fruncido. Bajó su vista hasta sus labios y sigilosamente se relamió los suyos—. Sí.

Rio y Catherine desvió la mirada.

—Intentémoslo de nuevo, una última tienda, a ver si te decides esta vez.

—Sí, estaría bien...

Entraron en la última boutique para la que tenían tiempo ese día; era más grande que las otras y olía a tela antigua y a pastel de fresa. Catherine fue la primera en ingresar a la sección de vestidos cortos.

—Esta tienda me gusta más... —susurró Catherine.

—¿Por qué?, ¿porque no hay nadie? —bromeó Megan, acercándose por detrás.

—Porque no te estás burlando de mí... —respondió sin pensar.

Megan soltó una risa baja.

—¡Mira! Ese está bonito.

Tomó un vestido con mangas estampadas de estrellas en tela traslúcida de color verde, igual que el resto de la pieza.

—¿Qué te parece?

—Me gusta... —dijo lentamente mientras tomaba uno de corte similar, sin mangas y en color azul profundo—. Y tú, pruébate este.

—¿Que yo qué? —Levantó una ceja.

—Si tan experta te crees como para burlarte de mí, dale, pruébatelo —mencionó con una sonrisa y Megan lo tomó entre sus manos.

Entraron a vestidores contiguos y en poco tiempo Catherine ya tenía sus brazos morenos cubiertos por estrellas verdes y sus hombros escondidos bajo los tirantes del vestido, el cual llegaba hasta sus rodillas. Le dio la espalda a la cortina, viéndose al espejo medianamente cubierto por sus jeans colgando y, por primera vez en el día, le gustó lo que vio. Megan tenía razón: el vestido sí era bonito.

—Eh, ¿Catherine...?

—¿Sí? —Salió de sus pensamientos.

—Esto tiene un cierre en la espalda y no lo alcanzo. Eh... —Tragó saliva antes de preguntarle: —¿Puedes entrar y ayudarme?

Trastabilló cuando abrió la cortina, lo suficiente como para ver su espalda y ayudar a subir el cierre plateado que decoraba la espalda alta de Megan. Subió la vista y le costó por un segundo entender qué vio en sus hombros. Pensó que eran heridas hasta que vio que eran más redondas que cualquier otra cosa; consideró que podían ser manchas que sus propios ojos pusieron ahí por el cambio repentino de luz al salir del probador, aunque no pudo estar más equivocada. Permaneció allí, estática, con la mano aún en la cremallera, y se dio cuenta de que Megan tenía pecas en los hombros. Las amó y quiso inmortalizar ese instante, así que subió sus manos hasta sus hombros, pero las retiró rápidamente.

—¿Ya está? —dijo Megan.

—Sí, sí, ya está.

La muchacha se volteó, arreglando su cabello en el espejo y viéndose a ella misma. Sonrió.

—Elegiste bien...

—Yo diría que demasiado bien —susurró Catherine, sin pensar.

—¿Ah, sí? —Giró hacia ella y se acercó más de la cuenta—. Pues tú también te ves bien.

—¿Solo bien? —mencionó tratando de sonar valiente, pero estaba derretida. Se quedó sin aire cuando había tocado sus pecas y ahora estaba estupefacta por ver el azul profundo combinado con su cabello. Se desmoronó un instante y, con Megan aún dentro del vestidor, posó sus manos en su cintura, sintiendo algo más que la tela misma. La muchacha sonrió, cerró los ojos y cruzó sus muñecas tras el cuello de Catherine, viendo su rostro a mísera distancia.




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