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Ella, la chica de mis sueños.

Comenzando

Los sueños son visiones de nuestro futuro o pasado. Estoy agradecido por haberte visto ese día. 

“Hola, Diego, vamos a caminar un poco, a hablar de lo que quieras, ¿por qué me miras así? ¿Acaso ya no te acuerdas quién soy? ¡¿Diego?! Vamos toma mi mano, Diego, ayúdame a salir de este horrible lugar. Te necesito ahora. ¡¡¡Diego, por favor!!! Ayúdame!!! ¡¡Ah!!”, dijo esa chica que por alguna razón pedía mi ayuda. Pero no pude ayudarla, me pregunté, ¿por qué yo? 

—No de nuevo. ¿Qué significa ese sueño? —me levanto—. Ay no, ya se hizo tarde para llegar a la escuela —corro hacia mi armario— A ver... ¿dónde está mi uniforme? ¡¡¡Sara!!! ¿Lavaste mi uniforme 

—Joven, ¿de qué habla? Su uniforme está guardado en su armario número tres, cajón 40, al costado de sus zapatos que le compraron ayer. 

—¿Y por qué no lo lavaste? 

—¿Por qué? ¿Lo va utilizar? 

—Ah... ¿eso tiene sentido? —bajo corriendo, agarro—. Me llevo esta tostada de desayuno. ¡Nos vemos luego, Sara! 

—¡Claro, joven! 

En el estacionamiento:

—¿Enserio? ¿Dónde está mi chofer cuando más lo necesito? —marcó al teléfono. 

—¿Aló? —contesta mi papá. 

—Papá no está mi chofer, voy a llegar tarde al colegio. 

—¡Diego! ¡Hoy es domingo! 

—… —cuelgo— ¡Sí! Bueno... entonces, ¿ahora qué hago? 

—Hola, Diego. Juegas un partido? —se acerca a mí. 

—No, gracias, Xander. Se malogrará mi traje si juego eso. 

—¿Ah? Ok. Entonces nos vemos luego. 

“Ay, qué bueno que no acepte. Sé que me quiere hablar porque mi padre es conocido, es un gran empresario, actor, mejor dicho, es el hombre perfecto.  Que mal que mis hermanos no están para que les hablen a ellos. No tengo ningún interés en hacer amigos, los poco que tengo son suficientes...”, me dije a mi mismo. 

—Hola, Diego. ¿Podemos hablar? —viene corriendo Emily. 

—Claro, Emily —sonrío incómodamente. 

—Te quería hablar sobre nosotros... 

—Sí... bueno, ahora que me acuerdo tengo mucha tarea que hacer, mejor hablamos mañana en el colegio —corro. 

—¡Diego, no vayas a pensar que mañana también escaparás de mí!  

—Ay, nunca me había dado cuenta que tenía tantos problemas. Primero esos chicos, que se quieren acercar a mí solo por conveniencia. Luego con Emily... no sé cómo se enteró sobre nuestro compromiso, además no quiero casarme con ella. Éramos muy buenos amigos, hasta que nos dijeron lo del compromiso. También a esos problemas se suma el colegio, aunque ese problema no me importa mucho. Solo cuando tengo que defender a Emily, aún no puedo creer que se meta en problemas tan seguido y por último esa chica, la que aparece en mis sueños. Quiero saber quién es, siempre cuando le quiero preguntar me despierto... 

Al día siguiente:

“Por favor, Diego, ayúdame. ¿No vez que estoy sufriendo? ¡¡¡Ayuda!!! No, por favor. ¡¡No me hagas eso!! ¡¡Diego!!”, dijo la chica llorando. 

“Cómo puedo ayudarte, lo siento, no me puedo mover. No, no. Dime como te...”, dije también llorando y deseando que nada malo le pase. Aunque sabía que era un sueño tenía miedo a que algo malo le pase. 

—¡Ah! —asustado — Que mierda, ¿por qué siempre el mismo sueño? —agarro mi celular— ¡Ay, no de nuevo!! ¿Qué día es hoy? ¡¿Ah, enserio?! —me levanto de la cama, abro la puerta del armario, me cambio, me abrocho la camisa, salgo de mi habitación— Sara, ya me voy, le dices a mi papá que no me venga a recoger hoy. Le dices que... iré a pasear con Emily. 

— Ok, joven. 

En la escuela:

—Buenos días, alumnos. Por favor, saquen su libro de matemáticas hoy haremos… —siguió hablando el profesor. 

“Ay, que aburrido, mejor me hubiera quedado en casa”, pasaba por mi cabeza. 

30 minutos después:

—¡Diego! Me puedes decir, ¿cuál es la respuesta? 

— Ah … —me pongo de pie. 

— Sale diez —susurra Omar. 

—¡¿Diez?! 

—Muy bien, parece que hoy no tendré que botarlo del salón. 

—Uf... gracias, Omar. 

—Nah, no te preocupes, amigo. 

En el recreo:

—Oye, Diego, casi te sacan del salón de nuevo. 

—Lo sé, pero justo ahí estabas tú. Mi amigo, el sabelotodo, ¡el gran Omar! 

—Sí, sí, sólo no te confíes mucho, el profesor me llamó para hablar sobre ti. Dice que tus padres no vienen a ninguna reunión y ya sabes... tus problemas se están acumulando desde el mes pasado y si nadie viene puedes figurar como chico problema. Mejor dicho, para el colegio... ¡te vas! 

—No creo que me quieran botar y, ¿por qué te dijeron a ti eso? ¿No se supone que hablen conmigo si no están mis padres? 

—Ya no te acuerdas, te hablaron tres veces y ni una de esas vinieron tus padres. 

—Bueno, esas veces no les dije nada porque ellos están demasiados ocupados en los asuntos de la empresa y- 

—Hola, Diego —viene corriendo, sonríe— ... y tú … Omar —mira con cara desagradable 

—Ah... hola, Emily —sigo mi camino. 

—Oye, Diego, ¡me dijiste que hablaríamos hoy! —me persigue. 

—Emily, no tengo tiempo ahora. Mejor más tarde, por favor. 

—¿Por qué eres así, ah? Si no quieres hablar conmigo se lo diré a tu padre. 

—Ok, hablemos. —me detengo, respiro hondo. 

… 

—¿Y de qué quieres hablar? 

—Sobre nosotros…—aprieto mi mano— … ¡Por favor, respóndeme eso! 

—Emily, ¡no existe un "nosotros"! ¡Tu "nosotros" es un contrato de nuestros padres para no destruirse entre ellos! ¡¿Por qué aún no lo entiendes?! 

— Yo... sabes, aunque tú no quieras, nos casaremos y tendrás que quererme porque como ya lo dijiste "somos un contrato" para no crear una pelea. Así que cuida bien a tu futura esposa. 

—Ay... Emily, se ve que aún no sabes que los contratos se pueden romper... realmente no sé qué cambio entre nosotros... éramos tan buenos amigos. —me pongo de pie—. Mejor luego hablamos. 




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