Ella, la chica de mis sueños.

Charla

—Hola, Diego, te vez lindo hoy. Vamos caminemos un poco. —dijo ella de espaldas. 

—Okey... ¿te puedo contar algo? 

—Claro, aquí estoy para escucharte. 

—Me siento triste, pero no sé porque si tengo todo. ¿Podemos hablar más seguido? —nunca había podido hablar con alguien de mi sueño conscientemente. 

—Sí, seguro, con tal que vengas aquí siempre. 

—¿Estás segura que siempre estarás aquí? Se ve que es un lugar muy peligroso. 

—¿Peligroso? Si a mí me gusta. Es hermoso si lo ves desde otra perspectiva. —la miro, sonríe. 

—Sí, es hermoso. 

Suena alarma. 

—¡La vi! No puedo creerlo, la vi. ¡¿Q-Qué hora es?! Ay, ¿enserio? Voy a llegar tarde de nuevo —me levanto de la cama, me cambio de ropa y salgo corriendo. 

—Hasta luego, joven. 

45 minutos después, en el colegio:

Abre la puerta. 

—Gracias. 

Afuera del salón:

Toco la puerta. 

—Disculpe la demora. 

—Llega tarde, ¡de nuevo! 

Camino, me siento.  

—Cuánto me demore esta vez? —voz baja. 

—Casi una hora. ¿Por qué tardas tanto en venir si tienes chofer? —voz baja. 

—Creo que es porque no conduce tan rápido —voz baja, risa. 

Golpea la mesa.  

—¿Recién llegas y ya estás hablando? ¡Vete ahora mismo a la dirección! 

—Buena suerte, amigo —voz baja. 

En la dirección:

—¿Cuál es esta? ¿La cuarta vez? —me mira— Diego, llevas más de 20 anotaciones en tu registro y lo peor es que ninguno de tus padres viene ni a verte ni a las reuniones. Solo te dejo estudiar aquí porque tu padre es mi amigo, sin embargo, aun así, deberías estudiar más. ¿Aunque sea has visto tus notas? Son las peores del salón. 

 —Director, disculpe por la ausencia de mis padres. Es que están muy ocupados con el trabajo y eso... 

 —Diego, esa excusa la he escuchado durante 7 años. Te quedarás aquí hasta que venga uno de tus padres. 

Luego de 3 horas: 

Toco la puerta. 

—Disculpe la demora, director. Tenía una reunión con unos empresarios extranjeros, llegué lo más pronto que pude. 

—No se disculpe, señor. Soy consciente que es un hombre ocupado, pero no puedo dejar que esto siga pasando. Por favor, Diego, espera afuera a tu padre. 

—Ok, director. Pa, te espero afuera. 

Aunque el colegio tenga una estructura extraordinaria se escucha todos los ruidos, hasta el más mínimo. 

—Ahora si podemos hablar. Quiero hablar de muchas cosas contigo, Luis. Primero sobre las peleas de Diego, ha tenido 4 peleas esta semana y todo por defender a una de sus compañeras. No sé si la conoces, pero se llama Emily. 

—Sí, la conozco. Sé que ella puede ser un poco problemática, pero es una buena chica. Solo debe tenerle paciencia y sobre mi hijo, la defiende porque ella ha sido su amiga durante años. Creo que por eso saca cara por ella. 

—Bueno, también quería hablar sobre sus notas. Ha bajado demasiado desde hace meses, he tratado de llevarlo con la psicóloga para algunas charlas, sin embargo, cada vez que vamos no nos comenta nada. Ya no sabemos qué hacer. 

—Sobre eso, Carlos, no quería tocar ese tema, sin embargo, creo que es por una noticia que le hizo amargar demasiado en su momento. Yo pensaba que ya se le había pasado, sin embargo, parece que sigue en desacuerdo. 

—Esos solo son los puntos más notorios de Diego porque si le empiezo a contar todo su expediente nos quedaríamos hasta mañana. Te seré sincero, Luis, ningún profesor quiere que Diego siga estudiando aquí y como sabes esta es una de las 12 sedes que tenemos en todo el país. Los superiores no quieren tener problemas con profesores y mucho menos con los padres, así que, en una junta con los superiores, y sabes que es difícil quedar y hablar con ellos, quedaron que Diego tendría que retirarse del colegio. 

—¡¿Qué?! Espera, ¿te estás escuchando? Yo soy uno de los padres que dona a este colegio, soy socio de este colegio, ¡¿por qué quieren botar a mi hijo?! 

—Luis, como ya te dije, esta decisión ya se ha tomado. Además, Diego no ha sido el único expulsado. 

—Ahora... ¿dónde se supone que inscriba a mi hijo? No querrán que entre a ningún colegio de clase porque tiene ese expediente. 

—Sabes, hay un colegio cerca de aquí, donde pueden dejar entrar a Diego. Eso sí, el colegio no será el más grande ni lujoso, pero tienen una muy buena enseñanza. La mayoría de alumnos que son expulsados de aquí van a ese colegio. 

—Claro... lo tendré en cuenta. Hasta luego, director. 

Se abre la puerta. 

—Padre, ¿cómo te fue? 

Me agarra el brazo.

—Vámonos de aquí inmediatamente. 

En casa:

—Dime, ¡qué diablos pasó en todo este tiempo! 

—Bueno, hice lo que tú me dijiste. 

—¡¡¿Qué?!! ¿Me estás diciendo que yo te dije que golpearas a esos muchachos? Sabes lo que sus padres han dicho de ti? ¡Que te he dicho! “Tienes que ser perfecto”, soy una figura pública. La gente no me puede ver con un hijo malcriado. 

—Mire, padre. Usted me dijo que cada vez que no me gustara algo actuara, ¿no? Pues lo hice y ahora que lo hago, ¿me vienes a reprochar tus propias palabras? 

—¡Tú...! ¡Vete a tu habitación, ahora mismo! 

En mi habitación:

—Ay, qué bueno que mi padre siempre tiene que mantener su imagen o si no que hubiera sido de mí. Mejor me duermo un rato... 

… 

—Je, je. Volviste, ven, acércate a mí. Quiero caminar contigo agarrados de la mano. ¿Puedes tomarme de la mano, Diego? 

— Eh... s-sí. ¿Oye, te puedo contar algo? 

—Claro, dime. ¿Qué pasó? 

—Me siento triste de nuevo, ¿puedo quedarme siempre contigo así? 

—Je, je. Si tú quieres puedes quedarte aquí el tiempo que quieras. 

—Ella, me he enamorado de una chica muy linda. Siempre que la veo me ilumina con su sonrisa y no puedo dejarla de mirar. Solo espero que ella también corresponda a mis sentimientos. 




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