Ella Quería Volar

27

Esa noche tuvo un sueño intranquilo: caminaba descalza por un jardín de flores multicolores, vistiendo un traje blanco que le llegaba a la rodilla, y llevando unas alas blancas que nacían en su espalda. Disfrutaba de la compañía de Iván, y todo eran risas y felicidad. Pero al llegar a un pequeño puente, escuchó el sonido de un avión, miró hacia el cielo y pudo ver a Pierre sentado en una de las alas del enorme aparato, sonriéndole y extendiéndole la mano. Ella trató de volar con sus alas, pero no le fue posible levantarse más de veinte centímetros del suelo. Sin embargo, el avión se aproximó lo suficiente para que ella lograra sujetar la mano de Pierre y saliera volando en su compañía, dejando a Iván solo en medio del hermoso parque. Pierre la invitó a pasar al interior del avión, pero cuando lo hizo ya no vestía su traje blanco y tampoco llevaba las alas. Ahora iba vestida de piloto, con su blusa blanca portando todas las insignias, el acostumbrado pantalón negro, las gafas de sol obsequiadas por su madre el día de su cumpleaños, pero aún caminaba descalza. Pierre le dijo que todos los pasajeros deseaban que ella piloteara el avión. Entró a la cabina, esta se encontraba vacía. Se sentó en la silla del costado izquierdo, pero cuando puso los pies sobre los pedales sintió como si se hubiera parado sobre afilados vidrios. De un momento a otro ya no estaba en la cabina del avión. Se hallaba trabajando en la pizzería, al lado de Nadine y Claudette, ahora iba vestida con una blusa negra y una falda del mismo color, y sus pies descalzos se acababan de parar sobre los vidrios rotos de lo que había sido una jarra de cerveza. La sangre empezaba a brotar de sus plantas, y Steve no paraba de regañarla por haber regado la cerveza mientras que todos los clientes, parados en círculo alrededor suyo, no paraban de reír al mismo tiempo que se burlaban de ella. Se despertó sobresaltada, agradeciendo que todo hubiese sido un sueño. Escasos segundos después, su madre entró en la habitación, le dio los buenos días y le dijo que Steve estaba en el teléfono. Valérie le dio un pico en la mejilla, y corrió a la sala para atender la llamada. La manera como saludó a su antiguo jefe mostraba menos emoción que si estuviese saludando a un cobrador de impuestos.

–¿Te encuentras bien? –preguntó un extrañado Steve.

–Sí…, perdona, es solo que me acabo de despertar y tuve un sueño un poco extraño…

–Perdona por llamar tan temprano, pero lo del sueño me lo tendrás que contar durante el almuerzo –dijo Steve utilizando un tono bastante amistoso.

–¿Me estás invitando a almorzar? –dijo ella con su mente todavía en el extraño sueño mientras se miraba las plantas de los pies.

–Exactamente… –dijo un emocionado Steve.

–Creo que están bien –dijo Valérie pasándose el dedo índice por la planta de su pie izquierdo.

–¿Quiénes están bien?

–Nada…, perdona…, era algo que estaba mirando.

–Si estás ocupada, te puedo llamar un poco más tarde…

–No, no, tranquilo, ¿entonces quieres que almorcemos?

–Es correcto… Te podría recoger en una hora, y podemos pasar a ver un grupo que se presenta a las once en el Festival de Jazz, creo que es en el Quartier des Spectacles, no sé si te gusta el jazz…

–Sí, es bonito… –durante la llamada telefónica de la tarde anterior, Iván le había dicho que al día siguiente estaría regresando a su trabajo de verano en la tienda de modelos, y que estaría ocupado hasta las seis de la tarde, pero que le encantaría pasar a visitarla a la salida. Tenía todo el día libre antes de recibir la visita de su novio, y ahora se le presentaba la opción de divertirse en compañía de su antiguo jefe, o de divertirse practicando con el simulador de vuelo.

–¿Entonces te recojo? Podemos almorzar tu comida favorita…

–Steve, ni siquiera he desayunado y ya me estás hablando del almuerzo –sabía que estaba posponiendo su repuesta mientras trataba de decidir si era correcto salir con el simpático y atractivo Steve.

–No almorzaríamos antes de las dos de la tarde…

–Está bien… Estaré lista en una hora, ni un minuto antes –dijo antes de despedirse.

–Nena, creo que estás jugando con fuego –le dijo la mamá al entrar Valérie en la cocina.

–¿Lo dices porque voy a salir con Steve?

–Me dices que estás empezando a salir con Iván, pero ayer cuando llegué estabas en compañía de Pierre, y ahora vas a salir con Steve… –dijo France mientras le servía una taza de cereal con leche a su hija.

–Lo haces sonar como si yo fuera una perdida.

–Mira nena –dijo su madre mientras se sentaban en las sillas del comedor–, esos tres muchachos son muy apuestos, todos tienen sus cualidades, son lo que cualquier muchacha desearía, pero te tienes que decidir por uno de los tres…

–Ya me decidí por Iván, tú lo sabes –dijo Valérie antes de empezar con su cereal.

–¿Crees que a Iván le gustaría que pases el día en compañía de otro muchacho? –preguntó France saboreando un sorbo de su taza de café.

–Supongo que no –contestó Valérie arrugando los labios.

–Yo sé que no tienes mucha experiencia en esto…

–Mamá, no tengo ninguna experiencia –dijo Valérie haciendo énfasis en la palabra ninguna.




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