Al igual que las nuevas situaciones vividas durante los últimos días, tener la experiencia de que alguien la recogiera en la puerta de su apartamento, y la montara en lo que para ella podría calificarse como un lujoso automóvil, dejó el sabor en Valérie de que, a pesar de las dificultades, las cosas empezaban a cambiar para bien. Steve no hubiese podido ser más caballeroso, y al igual de lo que había visto en la noche de su cumpleaños, esta vez también lucía más joven de lo que había lucido en la pizzería. El aire acondicionado del vehículo era perfecto para contrarrestar el calor reinante, y la música que salía por los parlantes no hacía más que complementar, lo que para ella era, la clase de entorno relajante que desplazaba a un segundo plano cualquier cosa que pudiese llegar a preocuparla. La conversación de su antiguo jefe no podría ser más amena y divertida, lo que la llevó a recordar lo que algunas de sus compañeras habían dicho con respecto a los hombres mayores: la experiencia hace la diferencia.
El recorrido no duró más de veinte minutos, y después de estacionar en un parqueadero público, caminaron un poco más de tres calles hasta llegar al sitio de la presentación del grupo de jazz. Su reloj indicaba las diez y cincuenta minutos de la mañana, hora en que la plazoleta ya se encontraba colmada de público. Steve compró un par de refrescos en un quiosco callejero, los que afortunadamente estaban lo suficientemente fríos para ayudar a contrarrestar el calor reinante. Se alegraba de haber decidido vestir un par de bermudas azules y sus sandalias blancas, acompañadas por una blusa strapless blanca y un atractivo pañuelo azul atado alrededor del cuello, o de lo contrario se hubiera visto presa de las altas temperaturas. Desde que recibió el par de gafas de sol, tuvo la idea de estrenarlas el día en que por primera vez se subiera a un avión de entrenamiento, pero su mamá le dijo que lo mejor sería que las llevara al concierto, y de esa manera se empezara a acostumbrar a llevar puesto algo que nunca en su vida había llevado. No pudo más que agradecerle en sus pensamientos, cuando se hizo evidente que la mayoría de las muchachas llevaba ese tipo de accesorio.
–Ni siquiera me has preguntado quien va a tocar hoy –le dijo Steve cuando terminó de tomar su refresco.
–Verdad –dijo ella antes de reír por un par de segundos–, pero creo que no haría ninguna diferencia; la verdad es que no sé absolutamente nada sobre grupos de jazz.
–¿Cuál es tu música preferida?
–Me gusta The Police, Tangerine Dream, Michael Jackson, Corey Hart, Bryan Adams, lo que le gusta a todo el mundo –dijo ella con su linda sonrisa.
–Todos ellos son muy buenos –dijo Steve mirando hacia el escenario, que a esa hora solo mostraba algunos de los instrumentos más grandes como el piano y a batería.
–Es lo que veníamos escuchando en tu auto.
–Pensé que era lo que más te gustaría –dijo Steve volteándola a mirar.
–Me imagino que soy bastante simple –dijo Valérie adhiriendo una mueca a su expresión.
–Si tú eres simple, no me imagino con qué termino podríamos calificar a una muchacha como aquella –dijo él, señalando con la mirada a una mujer de no más de treinta años, con algunos kilos de sobrepeso, unos prominentes cachetes, y una nariz digna de Cyrano de Bergerac.
–Podría ser una mujer bastante interesante, nunca se sabe… –dijo Valérie sin dejar de sonreír.
–No lo dudo –dijo Steve antes de reír.
–Solo la estás calificando por el físico.
–En eso tienes razón, puede tener una personalidad muy interesante, pero te confieso que no me siento atraído hacia ella.
–Pero si fuera bonita, te sentirías…
–Creo que todo entra por los ojos.
–Entonces si yo no fuera como soy, no estaría aquí parada –dijo Valérie mirando a la multitud.
–Tú eres perfecta Val, en todo sentido –dijo él poniendo su brazo alrededor de los hombros de ella.
–Gracias, pero no es cierto lo que dices.
–Para mí lo eres, y lo serás aún más cuando te quiten ese yeso –dijo Steve enfocando su mirada en el cabestrillo de su amiga.
–Anoche tuve un sueño feo…
–¿Soñaste conmigo? –preguntó él antes de que los dos rieran.
–Sí, ¿cómo lo sabías? –volvieron a reír por algunos segundos.
–Porque dijiste que había sido un sueño feo –dijo él manteniendo su brazo alrededor de los hombros de Valérie.
–Pasaron varias cosas, pero al final aparecías tú en la pizzería, y yo estaba ahí contigo, pero estaba descalza y me había cortado los pies con los vidrios de una jarra que se me había roto, y tú me regañabas y todo el mundo se burlaba de mí.
–¡Que sueño tan feo! Yo nunca te regañaría –dijo Steve sacudiendo la cabeza de un lado a otro.
–Pero en mi sueño, tú eras el malo…
–Nunca sería malo contigo.
–Es que no conoces mi lado perverso –dijo ella divertida.
–Ese debe ser muy interesante, me gustaría conocerlo.
–Es posible que llegues a tener la oportunidad… –alcanzó a decir ella antes de que la multitud rompiera en aplausos y silbidos por la salida de los músicos al escenario. Lo que siguió fue el comienzo de una brillante presentación por parte de la agrupación de Jean–Luc Ponty. Valérie nunca había escuchado hablar de él, pero quedó maravillada por la forma como el artista interpretaba el violín. Jamás pensó que fuera posible extraer esa clase de sonidos de aquel instrumento, el cual siempre había asociado con la música clásica o la música country. A medida que avanzaba el concierto, le pareció que la música iba mejorando hasta el punto en el que no quería que este terminara. No importaba que el reloj marcara las dos de la tarde, y mucho menos que ella y su amigo llevaran más de dos horas parados en aquella plazoleta. No fue antes de las dos y veinte, después de que el público exigiera, en un par de ocasiones, el regreso del músico al escenario, que la presentación se dio por terminada. Llevada por la emoción del momento, y entre los aplausos y silbidos del público, Valérie no se percató de la presencia de una joven mujer que, parada a escasos metros, fijaba toda su atención en ella. Se trataba de Christine, la simpática muchacha que había conocido en la tienda de modelos, y que le había informado sobre el accidente sufrido por el borracho de la casa azul.