Su mamá la encontró llorando. Estaba sentada en el sofá de la sala, con las piernas recogidas contra su pecho, el pelo desordenado y los ojos rojos y encharcados.
–¿Qué te pasó nena? ¿Estás bien? –dijo France soltando la cartera sobre una de las poltronas antes de arrodillarse frente a su hija.
–Iván me colgó el teléfono, creo que no quiere saber nada de mí –dijo Valérie con la voz entrecortada por el llanto.
–¿Pero qué paso? –dijo France apartando un cabello que cubría el triste rostro de su hija.
–Se enteró que yo estaba con Steve en el concierto de jazz, y no vino a visitarme…, y cuando lo llamé, estaba furioso y me colgó –alcanzó a decir antes de continuar con su llanto.
–Pero ¿cómo se enteró? –preguntó France frunciendo el ceño.
–No lo sé… alguien me tuvo que haber visto, pero no sé quién sería…
–Esta ciudad vive más del chisme y el cotorreo que del trabajo –dijo France meneando lentamente la cabeza.
–No sé qué voy a hacer… –dijo Valérie en medio del llanto.
–Nena, deja que se calme… Es natural que se esté sintiendo mal, pero máximo en un par de días se le va a pasar, y podrán volver a hablar y arreglarán las cosas.
Pero pasaron tres días y el borracho de la casa azul no se manifestó. Valérie estuvo a punto de discutir con Gail, al tratar de averiguar si había sido ella la que los había visto en el concierto de jazz. Su mejor amiga se sintió insultada, y reconoció que, aunque Iván le había gustado mucho, jamás delataría a su mejor amiga. <<Las amigas están por encima de los novios. En tu vida vas a tener muchos hombres, ellos vendrán y se irán, pero las amigas siempre estarán ahí >>, había sido el pronunciamiento de su mejor amiga, a lo que Valérie dio el valor de sabias palabras. Sin embargo, al mismo tiempo llegó a la conclusión de que llegaría el día en el que a su vida, como a la de cualquier mujer, llegaría el hombre indicado, aquel que no se marcharía, y el cual se convertiría en alguien mucho más importante que cualquier amiga. Pero a pesar de que trató de restarle importancia a su fugaz romance, sintió como el dolor se apoderó de su ser. El conocido dicho que reza <<no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes>>, llegó a su mente para instalarse cual perpetuo inquilino. Ahora, sentada en el sofá de la sala, sin prestar atención a lo que la televisión presentaba, y después de reconocer que había perdido a Iván, se daba cuenta de que siempre había sido su preferido, que era el que más la convencía, y que siempre había estado por encima de Pierre, e inclusive del atractivo y carismático Steve. Sin embargo, le hubiese encantado recibir la visita, o algún tipo de invitación, por parte de alguno de los dos. Pero no se podía engañar: los había rechazado, y aunque se habían retirado de forma amable y educada, sería una locura pensar en que cualquiera de los dos pudiese seguir gastando su tiempo y energías en ella. Para empeorar las cosas, cayó en la cuenta de que no tenía manera de comunicarse con Steve. Nunca había apuntado su teléfono, no sabía en donde vivía, no tenía un lugar de trabajo en donde pudiese buscarlo. Solo quedaba la opción de pasar por la pizzería y rogar para que alguna de sus antiguas compañeras supiese en dónde ubicarlo. ¿Pero aceptaría su antiguo jefe convertirse en una segunda opción? Y lo más importante de todo: ¿sería ella feliz al tener que resignarse con esa segunda opción? Era algo que desconocía, y su falta de experiencia sumada a su escasa vida social, no le ayudaban a aclarar absolutamente nada. ¿Y Pierre? ¿Si llamaba a Pierre y lo invitaba a compartir una tarde de simulador de vuelo? Podría hablar con él, contarle lo que sucedió y de paso averiguar si había sido el responsable del desastre en que se encontraba. Miró su reloj de pulso, faltaban pocos minutos para las dos de la tarde. Estiró la mano, agarró el teléfono y recordó que tendría que buscar el número en su pequeña libreta. Se puso de pie, fue hasta su habitación, encontró lo que buscaba encima de su escritorio, y en el momento en que regresaba a la sala, escuchó el timbre de la puerta. Se preguntó quién podría ser, y si los shorts de jean y su camiseta esqueleto rosada serían lo suficientemente presentables para atender al inesperado visitante. Tendrían que serlo, pues no había tiempo para cambiarse, y lo más probable es que solo se tratara de Úrsula, la vecina del primer piso. Se acomodó rápidamente el cabello frente al espejo del baño, y corrió a la puerta teniendo el suficiente cuidado para no volver a golpear uno de sus pies descalzos contra alguno de los muebles. Sujetó el pomo de la puerta y la abrió para encontrarse con la figura de Pierre. Tuvo un sentimiento agridulce: le hubiese encantado que Iván estuviera frente a ella, pero al menos era mucho mejor que haber encontrado a su amistosa vecina.
–Pensé que ya no tendrías el yeso –fue lo que recibió como saludo. No dejaba de lucir atractivo, inclusive llegó a pensar que lo veía mejor que nunca. Un jean y una camiseta polo blanca proyectaban la frescura de un muchacho recién salido de la secundaria. Mantenía el llamativo corte de pelo que tanto le había llamado la atención en las últimas ocasiones que se habían reunido, y su sonrisa emanaba la energía positiva que a ella le había faltado en los últimos días.
–Dentro de cuatro días, aunque no veo la hora de deshacerme de este peso –dijo Valérie indicándole que pasara con un leve movimiento de su cabeza.
–Pensé que podríamos practicar con el simulador, y podría invitarte a un helado si logras hacer un vuelo decente –dijo él mientras ella cerraba la puerta.