–Detesto tener que ponerme botas… Creo que el no tener que usarlas es de lo que más me alegro cuando llega la primavera –le dijo Valérie a Christine en el momento en que sentó en una pequeña butaca del apartamento de su amiga para deshacerse de su calzado.
–Lo sé, me pasa lo mismo, pero con toda esa nieve allá afuera, sería imposible andar en sandalias –comentó Christine mientras deshacía los nudos de los cordones de sus botines.
Acababan de llegar de la calle, después de pasar el día en el centro comercial.
–¿Prefieres que ordenemos pizza o que te prepare unos deliciosos espaguetis? –preguntó Christine quitándose la gruesa chaqueta y colgándola en el perchero que se encontraba junto a la puerta de entrada.
–Lo que tú quieras, pero no sé de dónde puedes sacar la energía para ponerte a cocinar –contestó Valérie sentándose en el sofá sin ni siquiera haberse quitado la chaqueta.
–La misma que tú sacas para hacer más de tres horas de vuelo al día –dijo Christine sentándose al lado de su amiga.
–Eso no requiere ningún esfuerzo, además hay días en que este desastroso clima me obliga a hacer solo una –dijo Valérie, finalmente deshaciéndose de su pesada chaqueta.
–En verdad lo amas… –comentó Christine con una dulce sonrisa.
–Más que a cualquiera en este mundo –Valérie no podía ocultar su enorme cara de satisfacción cuando le hablaban sobre aviación.
–¿Qué preferirías…
–Ya te dije que podemos comer lo que tú quieras –la interrumpió Valérie.
–No me refiero a eso…
–¿Entonces?
–Digo que qué preferirías entre volar para una gran aerolínea o casarte con el amor de tu vida, tener hijitos, y convertirte en una linda ama de casa…
–Casarme con el amor de mi vida y salir a volar al comando de un 747 entre Montreal y París mientras que mi marido cuida a los hijitos –respondió una sonriente Valérie.
–No se vale, es lo uno o es lo otro…
–Pues lo otro –dijo la burlona estudiante de aviación.
–No sé cómo es que te aguanto –comentó Christine sacudiendo la cabeza mientras sonreía.
–Lo haces porque estás enamorada de mí –dijo Valérie mirando a su alrededor.
–Y tú lo estás de Iván.
–Ya ni me acuerdo de su cara.
–¿Y si ese supuesto marido tuyo fuera Iván?
–Pues le tocaría cuidar a los hijos –dijo Valérie subiendo las piernas al sofá.
–¿Y si él tuviera que ir a trabajar?
–Tocaría contratar una niñera…
–Bastante práctica mi amiga –comentó Christine.
–Tú sabes que yo no dejaría la aviación por nada del mundo.
–Ni por Iván…
–Ni por Iván, ni por nadie.
–Nunca me contaste lo del sujeto de esa pequeña aerolínea –dijo Christine mientras jugaba con las puntas de su pelo.
–Es muy amable. Mi instructor finalmente me lo presentó, y lo que yo pensaba que iba a ser alguna especie de viejo verde, resultó ser todo un caballero.
–¿Pero al fin te invitó a salir?
–No, solo me dio su tarjeta y me dijo que lo llamara cuando me graduara, que estaba interesado en ver mi hoja de vida, y todo eso fue mientras nos tomábamos un jugo en la cafetería de la escuela.
–¿Qué hubieras hecho si te invita a salir? –preguntó la dueña del apartamento mostrando una pícara sonrisa.
–Le hubiera dicho que sí, pero lógicamente no haría nada con él.
–¿Ni siquiera si te ofrece contratarte?
–No es la única aerolínea de este planeta. Además, yo sigo siendo una niña sana, aunque una de mis mejores amigas esté empeñada en corromperme –Valérie no olvidó mostrar una expresión que podía revelar burla y picardía al mismo tiempo.
–Gracias por lo de una de mis mejores amigas, pero yo no estoy interesada en corromperte –dijo Christine sin perder su linda sonrisa.
–A veces me gustaría ser como tú… –dijo Valérie mirándola a los ojos.
–¿Como yo? –preguntó una sorprendida Christine.
–Sí, es que eres una persona increíble, mucho mejor que cualquier hombre de los que andan por ahí sueltos en las calles de Montreal.
–¿Entonces quieres decir que te gustaría ser lesbiana?
–No me gustaría serlo, aunque a veces pienso que me gustaría serlo, pero solo para poder andar con alguien tan especial como tú –dijo Valérie repartiendo su mirada entre los ojos de su amiga y los cuadros que decoraban la sala del apartamento.
–Eso sería algo así como mi sueño hecho realidad –dijo Christine mirándola a los ojos.
–Pero igual andamos juntas para todo lado, tanto así que Gail ya se está poniendo celosa.
–Pero andamos como amigas… –dijo Christine arrugando la boca.
–La diferencia está en que nos cogeríamos de la mano y nos daríamos besos.