Ella Quería Volar

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Eran dos las ocasiones en las que se había sentido igual de nerviosa: el día de su primer vuelo al lado del instructor Sneden, y el día de su primer vuelo en solitario. Con esos recuerdos en la mente, se sentó en la cafetería del centro comercial de Les Jardins Dorval, sosteniendo un chocolate caliente en su mano derecha y una dona con relleno de crema en la izquierda. Faltaban cinco minutos para las once de la mañana, hora en la que se debía encontrar con el señor Gordon. Su pantalón negro, su chaqueta del mismo color, su blusa blanca y sus zapatos de tacón, le daban el aspecto de una mujer de negocios. Cuando se miró al espejo de la casa, antes de salir para su cita, pensó que estaba mirando la imagen de una mujer de veinte años. Había sonreído, sabiendo que esa aparente diferencia de edad era un punto a su favor. No tuvo tiempo para darle más de dos mordiscos a su dona para el momento en que Gordon se presentó. Llevaba puesto lo mismo de siempre: un traje azul oscuro, camisa blanca y corbata gris. Se preguntó si tendría diferentes trajes de ese color, o si se trataría del mismo todas las veces. Se decidió por la primera opción. El ejecutivo de una empresa de aviación no puede ser igual de pobre a mí, fue lo que pasó por su mente antes de ponerse de pie para saludarlo.

–No te molestes en pararte, Valérie… Veo que ya ordenaste… –dijo un amable señor Gordon apretando la mano de la joven piloto.

–¿Quiere que le traiga algo? ¿Un café? ¿Un chocolate caliente? –preguntó Valérie tratando de mostrarse amable.

–Yo mismo lo haré, dame un par de minutos –Gordon se desplazó hasta el mostrador dejando a Valérie sumida en sus pensamientos y a la espera de su regreso.

Hasta hace poco no me atrevía a hablarle a nadie, me escondía de la gente…, y ahora estoy aquí sentada en una supuesta entrevista de trabajo con un hombre veinte años mayor que yo y que no luce del todo mal. Ya besé al hombre de mis sueños, me emborraché por primera vez, y estuve a punto de hacer el amor con mi mejor amiga en la noche de mi grado… esto ya se parece al slogan de esa famosa marca de cigarrillos… fue lo que pasó por su mente antes de que Gordon regresara con un café negro en su mano y se sentara frente a ella.

–¿Cómo has estado? ¡Te ves muy bien de negro!, es justo el color de los pilotos –dijo un sonriente Gordon.

–Bien señor Gordon, tratando de relajarme un poco después de todo lo del grado.

–Me parece bien, no todo puede ser trabajo.

–Tiene razón, aunque ahora estoy ansiosa por empezar a trabajar –dijo ella con una sonrisa nerviosa, la cual trató de disimular tomando un sorbo de su bebida de chocolate.

–Creo que para eso es que nos hemos reunido –dijo Gordon tomando un sorbo de café.

–Eso creo yo también –dijo ella riendo nerviosamente.

–En Sunrise me dijeron que eras una de las alumnas más destacadas de tu curso…

–Eso es lo que piensan los instructores… Yo solo sé que traté de hacer todo lo mejor posible y que me resultó relativamente fácil, gracias a que siento que la aviación es mi mundo, es mi vida, es algo que he llevado adentro desde pequeña –dijo Valérie, consciente de que los nervios empezaban a disminuir.

–Eso está muy bien, esa clase de jóvenes pilotos son los que estamos necesitando para nuestra aerolínea.

–He averiguado sobre su empresa, y creo que me fascinaría volar para ustedes, sobre todo después de haber leído acerca de los nuevos aviones que están adquiriendo.

–Los Dash–8, son bastante apropiados para nuestro tipo de operación… Te cuento que ya nos llegaron cuatro, y el resto nos estarán llegando el mes entrante, y por eso es que estamos contratando gente en este momento… Nos estamos quedando cortos de tiempo.

–Claro, y me imagino que el tiempo de entrenamiento en el simulador del Dash–8, para los nuevos pilotos, podría ser algo que los llegue a frenar un poco –dijo Valérie tratando de lucir lo más seria posible.

–Precisamente la idea es que eso no ocurra. Por ahora estamos empezando a volar con las tripulaciones antiguas, las cuales se prepararon con la debida anticipación, pero sí debemos tener un buen grupo de nuevos pilotos listos para finales de febrero.

–Entiendo… ¿Y cuánto dura el entrenamiento en el simulador? –preguntó Valérie antes de darle el ultimo mordisco a su dona.

–Aproximadamente dos semanas, y después viene un corto periodo de entrenamiento en el avión, al lado de uno de los pilotos más veteranos.

–Señor Gordon, para mí sería un sueño hecho realidad el poder volar para su empresa –dijo ella sintiendo que sus palabras le salían desde el fondo de su corazón, a pesar de estar consciente de que estaba tratando con un casanova.

–Y para nosotros sería un honor tener a una joven piloto tan linda, pero sobre todo tan sobresaliente, haciendo parte de nuestra aerolínea –comentó Gordon mostrando su dentadura.

Valérie pensó que había llegado el momento de la verdad: el supuesto viejo verde, aunque en realidad no era tan viejo, le estaba ofreciendo el puesto, pero aún faltaba que nombrara la clase de favores que quería recibir.

–¿Quiere usted que le haga llegar mi hoja de vida a alguna dirección específica?

–Sería mejor que la trajeras contigo… Este fin de semana tengo unos asuntos que atender en Quebec, nada de importancia pero que es mejor no dejar a la deriva. Me encantaría que me acompañaras, detesto viajar solo, y solo será por dos o tres días –dijo Gordon con una sonrisa que no habría podido ser más grande y unos ojos grises que no se despegaban del hermoso rostro de Valérie.




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