Terminó de cerrar su maleta de viaje, se aseguró que en su cartera llevaba todo lo necesario, se miró las uñas de las manos y pensó que el manicure estilo francés lucía bastante bien. Se miró los pies descalzos, concentrándose en las uñas, las que también llevaban el estilo francés de las manos, y concluyó que para el lugar que la estaba esperando, no necesitaría llevar medias, la verdad, no necesitaría estar tan cubierta como generalmente lo estaba. Se calzó los zapatos y salió de su habitación. Su madre la esperaba sentada en una de las sillas del comedor.
–¿Estás segura que llevas todo, nena?
–Eso creo mamá. Antes de cerrar la maleta hice un doble chequeo.
–¿Y a qué horas te recogen? –preguntó France.
–En menos de diez minutos…
–¿Estás nerviosa? –preguntó France mientras su hija se sentaba frente a ella.
–Creo que sí, sabes que nunca he salido de esta ciudad, con le excepción de los vuelos que exigía la escuela de aviación –dijo Valérie torciendo los labios.
–Estás hermosa hija, bueno…, siempre lo has sido, pero hoy te veo mejor que nunca –dijo France observando la cara de su hija.
–Me imagino que será el maquillaje, porque esta chaqueta y este pantalón no tienen nada de especial –dijo la joven piloto tratando de sonreír.
–Cuídate mucho, y trata de llamarme apenas puedas… –alcanzó a decir France en el momento que tocaron a la puerta.
–Me imagino que vienen por mí –dijo Valérie poniéndose de pie y desplazándose a abrir la puerta. Al otro lado del umbral se encontró con la figura de su mejor amiga.
–Hola Val, ¿lista? –le preguntó Gail mientras la saludaba con un pico en cada mejilla.
–Creo que sí… –respondió Valérie.
–Hola señora France, ¿cómo va todo? –dijo Gail saludando a la madre de su amiga de la misma manera como lo había hecho con Valérie.
–Bien Gail…Aunque me hubiera encantado acompañarlas al aeropuerto, pero tengo que estar en el trabajo en menos de una hora.
–Tranquila, Valérie queda en las mejores manos –dijo una sonriente Gail.
–No te digo que le mandes saludes de mi parte a tu papá, pero cuando le des un pico de saludo, piensa que seré yo la que se lo esté dando –dijo France abrazando fuertemente a su hija.
Minutos después, Valérie y su mejor amiga se encontraban viajando hacia el Aeropuerto Internacional Mirabel en el automóvil que la madre de Gail le había prestado. El dinero para la compra del pasaje le había llegado una semana antes, junto con la suma requerida para sacar el pasaporte, y tener algunos dólares para gastar durante el viaje. Tenía un sentimiento agridulce en el corazón, el cual se hacía más intenso cuando pensaba en lo que había sucedido. Sentía alegría de volver a ver a su padre, de estar a punto de viajar en un avión comercial por primera vez en su vida, y de finalmente, después de diez y siete años, llegar a conocer otro país. Pero el haber rechazado el ofrecimiento del señor Gordon ponía el lado oscuro a su sentimiento. Había sido una decisión demasiado difícil de tomar, pero al final pensó que había sido la correcta. Lo que había dicho Christine durante la noche en que descubrió que, a pesar de que seguía enamorada de Iván, también podía ver a Gail como algo más que una simple amiga, había sido fundamental a la hora de responderle al empresario: <<existen miles de aerolíneas donde puedes conseguir trabajo>>. El señor Gordon se había retirado diciendo que en caso de necesitarla la llamaría, adhiriendo que podía mandar su hoja de vida a la dirección que aparecía en su tarjeta. Pero ella sabía que él nunca iba a llamar, que ella no emularía el comportamiento de su compañera Marie Claude, y que sus credenciales como una de las mejores alumnas de la escuela de aviación le facilitarían la consecución de otro trabajo. Un par de días después, recibió la llamada de su padre, y al mismo tiempo que este la felicitaba por su grado, le comunicó que le estaría mandando el dinero suficiente para que viajara a visitarlo a Barbacoas, Colombia.
–¿Te despediste de Chris? –le preguntó Gail sin apartar la mirada de la autopista.
–Sí, ayer pasé por su apartamento, no me demoré mucho, pero al menos pude verla antes de irme.
–Es una persona extraña… –dijo Gail viendo como las sobrepasaba un auto deportivo rojo que viajaba a gran velocidad.
–¿Lo dices por lo que es lesbiana? –preguntó Valérie con los ojos puestos en el auto rojo que se aleja rápidamente.
–Amiguita, si fuera por eso…, creo que todo el mundo podría decir que nosotras también somos extrañas –dijo Gail arrugando los labios.
–Gail, ¿tú crees que nosotras somos como ella? –le preguntó Valérie volteándola a mirar.
–No, para nada, por eso te digo que es una niña extraña.
–¿En qué sentido?
–Val, si yo estoy al lado de la persona que me gusta, y esa persona lo único que tiene puesto es un pequeño short y una blusita esqueleto, y esa persona me está mostrando las espectaculares piernas que tiene, y esa persona me da la oportunidad de que la bese, y sin embargo yo me rehúso, ¿no es eso medio extraño?
–Estás describiendo lo de la noche en que nos emborrachamos, y gracias por lo de <<espectaculares piernas>>…