–Si tú lo dices –dijo Iván apoyando su cabeza contra el espaldar antes de respirar fuertemente.
Dos minutos más tarde, una apresurada azafata llegó hasta el puesto de ellos. Se trataba de la misma que les había servido las copas de vino.
–Hola, me recuerdas tu nombre por favor… –se notaba que estaba nerviosa.
–Valérie…
–Me dijiste que eres piloto… ¿cierto?
–Es correcto, me acabo de graduar de piloto comercial, hace dos semanas.
–¿Crees que nos puedes ayudar?
–Claro, solo dime…
–Necesito que me acompañes, no podemos perder más tiempo.
Valérie miró a su amigo pensando que la expresión de nervios en su rostro probablemente eran el reflejo de lo que el suyo estaba expresando. Se puso de pie rápidamente, olvidando sus sandalias en su afán de seguir a la azafata. Llegaron a la escalerilla que conducía al segundo piso. Junto a esta se encontraba un auxiliar de vuelo con clara preocupación en su rostro.
–Es ella, la piloto de que te hablé –le dijo la azafata al auxiliar.
–Es solo una niña… –dijo el hombre al observar a Valérie con su blusita verde, su minifalda blanca y sus pies descalzos.
–Nicolás, no tenemos a nadie más –dijo una nerviosa azafata.
–En eso tienes razón –dijo el auxiliar–, por favor sígueme, pero tú regresa a tu puesto –dijo dirigiéndose a Iván, quien sin que Valérie se diera cuenta, los había estado siguiendo.
–Pero ella es mi novia –dijo el borracho de la casa azul, a lo que Valérie se volteó y le brindó la sonrisa más linda que hubiese brindado en su vida.
Iván le guiño un ojo, le mandó un beso, y se dio la vuelta para regresar a su puesto.
Valérie subió las escaleras detrás de Nicolás, y al llegar al segundo piso se percató de las caras de unos pocos pasajeros que allí viajaban: sus rostros no mostraban más que nervios, preocupación e inclusive se notaba pánico en algunos de ellos. Siguió al auxiliar hasta la entrada de la cabina, solo para percatarse que esta se encontraba vacía. Se volteó con la incertidumbre reflejada en su rostro para preguntarle a Nicolás por la suerte de la tripulación.
–¿En dónde están todos?
–Muertos o heridos…
–¡¿Cómo?! –no lo podía creer, era solo su segunda vez en un avión de pasajeros…
–Un cabeza rapada, o neonazi, o qué se yo, quiso tomarse el avión… Los pilotos lucharon con él, pero el hombre estaba armado y asesinó al capitán… el comandante y el ingeniero de vuelo están mal heridos…, inconscientes…
–¿Y el cabeza rapada?
–Lograron doblegarlo, también está mal herido…
–¿Y dónde están? –preguntó Valérie mirando hacia la parte trasera del segundo piso del avión.
–El delincuente está amarrado en uno de los baños, los pilotos están allá atrás –dijo Nicolás señalando la parte trasera del avión, están siendo atendidos por un médico que viaja en primera clase, aunque no es mucho lo que pueda hacer aquí arriba.
–Entiendo –dijo Valérie volteando a mirar hacia la cabina.
–Señorita, usted es la única que nos puede salvar, somos doscientas ochenta y cinco personas en este avión –dijo el auxiliar con la mirada clavada en los ojos de Valérie.
–Claro… –dijo una más que nerviosa Valérie–, pero yo jamás he volado un 747, solo en el computador de mi casa.
–Usted es una piloto comercial…
–Es verdad… –dijo ella dándose la vuelta y entrando a la cabina. Se sentó en el puesto del comandante, miró a su alrededor solo para percatarse de algunas manchas de sangre regadas en diferentes partes, y soltó una lágrima al hacerse consciente de la enorme responsabilidad que tenía por delante. Observó el altímetro que marcaba veintidós mil pies, y tomando el timón entre sus manos lo haló suavemente hacía su pecho. El avión respondió y dejó de perder altura. Recordó su simulador, lo que le sirvió para llevar los flaps a la posición debida. La noche ya había entrado, y el color negro con algunos visos rojos y naranjas en la parte baja del horizonte eran los que se exhibían a través de las ventanillas. Tendría que volar por instrumentos y hacer uso de lo que había aprendido en el simulador de su computador. Agradeció mil veces a Peter por habérselo regalado y por haberla perseguido, pero ahora tendría que hacer uso de todo su conocimiento para salvar su vida, la de su novio, y la de doscientas ochenta y tres personas más. Tomó el micrófono con su mano derecha para comunicarse con tierra.
–Avianca 678, me declaro en emergencia… Avianca 678 me declaro en emergencia –a pesar de los nervios, pensó que su inglés sonaba mejor que nunca.
–Aquí control Palmaseca, ¿cuál es su posición?
Miró rápidamente el GPS, aparato que indicaba la posición del avión con respecto a la tierra, y le indicó lo que este le pedía.
–¿Cuál es su emergencia?
Valérie hizo un rápido repaso de lo sucedido.
–Avianca 678, tiene prelación…
–Gracias, pero vuelvo y le repito, no tengo experiencia en este tipo de aeronave, y tampoco conozco el terreno.