Ella Quería Volar

Epílogo

–¿Nena, al fin cuál vas a escoger? –le preguntó su padre desde la cómoda hamaca.

–No sé papá, estoy entre Air Canada, Avianca, American, Air France, Iberia, Mexicana, British Airways… respondió Valérie desde el cómodo sofá blanco.

–Menos mal que casi no tienes de donde escoger –bromeó Iván provocando la risa de los tres.

Se encontraban en el porche de una finca de recreo en el Valle del Patía, a unas pocas horas de Barbacoas, disfrutando del intenso calor, del sol, de la piscina, del río y de la mutua compañía.

–Iván, tu sabes que voy a escoger Air Canada, y con base en Montreal, así que no hagas chistes.

–Menos mal, porque mi hermosa princesita descalza tiene que estar al lado mío por el resto de mis días, con el perdón de su señor padre –dijo Iván dándole un pico en los labios a su novia.

-¿Estás totalmente seguro de que eso es lo que quieres? –preguntó Valérie, su sonrisa extendiéndose entre sus dos orejas.

-Más que totalmente –respondió Iván-, e inclusive muchísimo más, si es que eso es posible, ahora que mi mamá te adora y te idolatra por haberle salvado la vida, tanto a ella como a mí.

-Lo sé, creo que era el último detalle que faltaba –dijo Valérie.

Después de salvar a doscientas ochenta y cinco personas, Valérie fue contactada por más de treinta aerolíneas. Todas le ofrecieron trabajo, después de felicitarla por haber hecho posible lo que ningún experimentado piloto hubiese logrado: aterrizar un Boeing 747 en la corta pista del aeropuerto Antonio Nariño de la ciudad de Pasto. Tenía dos semanas para decidirse, y por lo pronto estaba disfrutando de sus vacaciones con su novio y con su padre.

–Y al fin descubrieron qué era lo que quería el neonazi? –preguntó el padre de Valérie.

–Secuestrar el avión, liberar a todo el mundo menos a los sacerdotes judíos que viajaban a esa convención en Cali, y estrellar el avión en algún lugar –respondió Valérie.

–Definitivamente hay gente muy loca… –comentó su padre.

–Bueno, creo que me voy a nadar, está haciendo mucho calor –dijo Valérie poniéndose de pie.

–Te acompaño –dijo Iván, entusiasmado.

–Nena, ¿por qué te tienes que poner esos bikinis tan pequeños? –preguntó su padre mirando como su hija se dirigía hacia la piscina.

–Porque cuando sea gorda no me los voy a poder poner, y no molestes papá, si no quieres que no regrese a visitarte.

–Eso no será necesario… –dijo su padre desde la hamaca.

–¿Por qué lo dices? –dijo Valérie deteniéndose súbitamente.

–Me regreso a Montreal, mi trabajo aquí termina en un mes, así que me vas a tener a tu lado –respondió su padre con una enorme sonrisa.

–¿En serio? –dijo Valérie corriendo emocionada a abrazar a su padre.

–¿Cuándo has visto que hable en broma? –dijo él, dejándose abrazar de su hija.

–¡Voy a tener a todos los que quiero al lado mío! –dijo ella soltando una lágrima de felicidad.

–Tu madre ya lo sabe, la llamé esta mañana y le conté, creo que está dispuesta a que arreglemos las cosas…

Valérie volvió a abrazar a su padre, lo llenó de besos en las mejillas, se enderezó, agarró a Iván de la mano, le dio un pico en la boca y dijo–: gracias papá, más vale tarde que nunca.

La pareja de novios se zambulló en la piscina y no pararon de abrazarse y besarse hasta que el sol se ocultó por detrás de la montaña.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.