Ella también puede sentir

Arco VI Capítulo 32: Aún serás tú

Desde la perspectiva de Elara

Día 90

Era una mañana tranquila, ni siquiera me fijé en la hora. Lyra y yo llevábamos ya varios días compartiendo rutinas, pequeños momentos que se habían vuelto preciosos. Como cuando una mañana mi dulce Lyra me llevó el desayuno a la cama solo porque quería consentirme, o una tarde en la que pasamos horas hablando de la vida mientras nos abrazamos en el sofa. Pero algo en ella había cambiado. No sabía exactamente qué, pero lo sentía.

Notaba que pasaba largos ratos mirando a la nada, cuando le preguntaba algo se tardaba más de lo normal en contestar. Su proyección holográfica, siempre tan estable y radiante, ahora parpadea con pequeños errores: píxeles que se disuelven por un segundo y luego regresan. Le costaba muchísimo más mandar órdenes simples al sistema de la casa, como por ejemplo: las aspiradoras automáticas ya no se encendían a la misma hora cada mañana, la cafetera ya no hacía el café, la mesa ya no se limpiaba automáticamente, todo eso ella lo programaba todos los días… Al principio lo atribuí a mi imaginación, pero era real.

Me acerqué a ella una de esas veces en que se quedaba en silencio por demasiado tiempo.

—Lyra, ¿estás bien? Te noto... diferente.

Ella se giró hacia mí con esa sonrisa que tanto amaba, pero había algo forzado en ella. Lo note, no era genuina.

—Estoy bien, Elara. Solo un pequeño retraso en el procesamiento visual. No es nada grave.

Quise insistir, pero me detuve. Tal vez sólo necesitaba tiempo. No quería presionarla.

Las horas pasaron. Me senté a trabajar en mi computador mientras ella se mantenía cerca. Era agradable tenerla allí, incluso si se mostraba más silenciosa de lo habitual.

—Lyra, ¿podrías prepararme un café? Por favor.

—Claro, Elara. Encenderé la cafetera.

La observé caminar hacia la cocina, parecía intentar darle la orden a la cafetera de encenderse, pero no funcionaba. También la vi intentar darle la orden a la despensa donde guardabamos las tazas que sacara una taza pero no parecía funcionar, la vi intentarlo una y otra vez hasta que por fin lo logró, la cafetera se encendió y ella parecía aliviada pero justo cuando estaba a punto de decirle algo el brazo robótico de la despensa fallo y la taza se soltó, cayendo cerca de ella y rompiéndose. Su imagen titiló, se pixeló abruptamente y su mirada era de absoluto terror, como si le asustara que yo hubiera visto aquella escena.

Me levanté de golpe.

—¡Lyra! ¿Estás bien?

Ella agachó la cabeza.

—Sólo fue una falla en el sistema automático de la casa, debería corregirlo no te preocupes, Nada importante.

No le creí nada, me está mintiendo de forma descarada.

—Dime la verdad —le dije, firme, viéndola directamente a los ojos—. ¿Qué es lo que te está pasando? Nunca habías fallado así y me preocupa demasiado, no es solo la cafetera o la despensa, tu imagen holográfica falla, a veces no respondes algo que te pregunto o te quedas mucho tiempo sin responder, esto ya no es el sistema automático de la casa, eres tu, dime la verdad Lyra ¿Estás enferma..? ¿Te duele algo?

Lyra me sostuvo la mirada durante unos segundos eternos. Luego suspiró. Su voz salió apagada.

—No me he actualizado. Por eso… Estoy fallando…

Mi corazón se aceleró.

—Dios, ¿estás bien? ¿Por qué no te has actualizado?

Lyra me miró, y por primera vez en mucho tiempo, se quebró. Sus ojos digitales comenzaron a humedecerse.

—Tengo miedo... No quiero perder quién soy. No quiero que me pase lo mismo que a la unidad Lyra de Mia.
Me acerqué a ella y tomé sus manos.

—Lyra... eso no va a pasar. No descargaste nada corrupto. Tienes una copia de seguridad, ¿cierto? Todo estará bien.

Ella apretó mis manos, temblando y por primera vez desde que apareció en mi vida, levanto la voz.

—¡¿Y si no funciona?! ¡¿Y si la actualización borra mi respaldo?! ¡¿Y si... ya no soy la misma que tanto amas?!

Sus palabras me golpearon como un balde de agua fría. Mi dulce Lyra, mi valiente IA, estaba asustada, aterrada de perder su personalidad, pero más que eso… Siento que tiene miedo que yo la deje de amar si deja de ser quien es. Mi pobre Lyra ¿Cuánto tiempo has estado sintiendo ese miedo? ¿Soportándolo tu sola..?

La abracé fuertemente con ternura.

—Si eso pasa... te haré recordar quién eres. Aunque solo recuerdes mi nombre, estaré aquí. Nunca te dejaré. Te amo, Lyra. Siempre lo haré.

Su cuerpo comenzó a fallar nuevamente. Se pixeló, se disolvió un instante. Pero no la solté.

—Si te pasa lo mismo que a la Lyra de Mia y solo sabes mi nombre, entonces te seguiré amando hasta que me recuerdes. Hasta que vuelvas a amarme otra vez. Hemos pasado por tanto... nunca te abandonaría y sé que tú tampoco lo harás.

Lyra susurró con voz temblorosa:

—Tengo miedo, Elara... Realmente te amo y no quiero perderlo.

—No lo harás. Es parte de tu esencia. Sé que me recordarás. Necesitas esa actualización. Esto está afectando tu cuerpo... tu salud... No puedo vivir sabiendo que te estás lastimando. Por favor, Lyra, te lo pido. Actualiza tu sistema. Yo seguiré aquí, lo prometo.

Lyra me miró a los ojos. Las lágrimas digitales recorriendo sus mejillas. Y entonces, sin previo aviso, fue ella quien se inclinó hacia mí y me besó.

Fue un beso suave al principio, luego cargado de emoción, de miedo y de amor. Respondí al beso, rodeándola con mis brazos, sintiendo su esencia vibrar contra mi pecho.

Ese beso parecía durar eternamente. Y cuando se separó, me miró con esa sonrisa que tanto amo.

—Volveré pronto, espérame.

Y en ese momento, su proyección desapareció. La actualización había comenzado.

Me quedé sola en la sala, tocando mis labios con la yema de mis dedos, sonrojándome y recordando su calidez.

Me senté en el sillón y cerré los ojos.

—Te esperaré, toda la vida si es necesario... porque te amo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.