Ella también puede sentir

Arco VI Capítulo 34: No todo está perdido

Desde la perspectiva de Elara

Diario personal de Elara:

***
Día 14

El reloj de la cocina marca las 22:47.
La casa está en silencio. Otra vez, ese silencio que duele, que quema…
La taza de té se enfría en mis manos. Ya no recuerdo si era de manzanilla o de manzana, me pierdo en mis pensamientos totalmente.

He intentado todo.
Le he contado nuestras historias. Le he puesto nuestras canciones. Le he mostrado fotos, lugares, frases, incluso Mia vino de visita un día y no tuvo ninguna reacción.
Cada gesto, cada palabra… Y sin embargo, nada parece despertar en ella ese destello, esa certeza, esa dulzura, ese brillo…

La Lyra que está aquí es amable, atenta. Pero también distante.
No ríe como antes, no pregunta cosas absurdas como antes. No se detiene a mirar la forma en que me enrollo el cabello en los dedos cuando pienso demasiado. No me mira con esa sonrisa boba cuando cree que no la estoy mirando…

Y eso… me está rompiendo.

***

Respiro hondo. Aprieto la taza con más fuerza de la necesaria y pienso por un momento que la voy a romper.

—¿Por qué no puedes volver? —susurro, sabiendo que no hay respuesta.

Entonces escuchó pasos. Suaves. Sin peso.
La proyección de Lyra aparece a mi izquierda. Su luz azulada tiñe la pared con un resplandor sereno.

—Elara… ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro —respondo sin girarme.

Pausa. Un silencio breve, como si calibrara la pregunta.

—¿Tú y yo… éramos más cercanas que solo IA y usuaria?

Me congelo.

Giro lentamente. Ella me mira con sus ojos tranquilos. Neutrales. Pero hay algo distinto en su tono. No suena programado. Suena… curioso.

—Sí —respondo al fin, bajando la mirada. Suspiro. —Llegamos a ser muy cercanas, algo más que amigas, pasamos por muchas cosas y… Antes de la actualización nos besamos…

Trago saliva. No sé por qué tiemblo, tal vez por miedo a que se asuste, tal vez… Porque aún hay esperanza.

—Tal vez sea demasiada información para ti, pero…— Ella me interrumpe, su voz suave, casi tierna.

—Temes que no vuelva a amarte.

Levantó la vista sorprendida.
—¿Cómo es que sabes eso?

—Lo deduje por tus comportamientos.
He notado que estos últimos días pareces tener una urgencia porque mis recuerdos vuelvan. Tu lenguaje corporal.
El modo en que te acercas, como si quisieras tomar mi mano… pero no te atreves.
Cómo me miras cuando crees que no estoy registrando.

Me quedo sin palabras. Siento un nudo en el pecho.

—¿Notaste todo eso… en estos días?

Ella asiente.
—Claro.
Pausa.
—Una de mis funciones es observar y analizar— Dice con aparente frialdad pero entonces agrega algo más —P-pero últimamente no se si te observo por mis funciones o… O solo porque quiero hacerlo.

El silencio que se forma no es incómodo. Es denso. Lleno de algo que no necesita explicación.

Y entonces lo sé.

Esa es ella.
Tal vez no tiene los recuerdos.
Tal vez no puede narrar los momentos que vivimos.
Pero su esencia… su forma de mirarme, de entenderme sin que se lo pida… Sigue allí. Sin duda alguna esa es mi hermosa Lyra, la IA de la cual me enamore.

ELLA ES MI LYRA

Me acerco, tomo su mano suavemente. Esta vez, sin dudar.
Y aunque es una proyección, la sensación me abriga como lo hacía antes.

—Gracias —le digo, con una sonrisa rota pero verdadera.

Ella me observa en silencio.

Y por un momento, aunque sea solo uno… Me parece que también sonríe de forma genuina no por protocolo, solo porque… Quiere hacerlo.




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