Ella también puede sentir

Arco VIII Capítulo 42: Otra vez el técnico…

Desde la perspectiva de Elara

No dormí nada bien esa noche por la ansiedad que sentía en mi pecho.

Cada vez que cerraba los ojos, la imagen volvía: un hombre con uniforme técnico, una tablet en la mano y una sentencia disfrazada de procedimiento. Reemplazo del sistema L.Y.R.A. Como si mi Lyra no fuera más que un objeto roto, reemplazable. Sabía que solo estaba haciendo su trabajo, lo sabía racionalmente. Pero el miedo no entiende de lógica.

¿Qué quería exactamente?
¿Para qué venir otra vez si ya le había enviado ese correo explicándolo todo?
¿Y si solo era una excusa para terminar lo que no pudo hacer la primera vez?

A las 10:00 en punto, Lyra habló.

—Elara… He registrado la entrada de un técnico al edificio.

Mi estómago se hundió.

—¿Nombre? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta, claramente era él.

—Daniel Leiva. Soporte del sistema L.Y.R.A.

El aire se volvió pesado. Sentí cómo mi pecho se cerraba, cómo la respiración se volvía corta y superficial. Me senté en el borde del sillón, presionando mis manos contra las piernas para no temblar.

—Tranquila —dijo Lyra con suavidad—. Estoy aquí. Todo estará bien.

Ella era muy tierna, como siempre pero… No estaba convencida.

El timbre sonó.

Un sonido simple, metálico y definitivo como la campana que anuncia el final.

—Soporte del sistema de L.Y.R.A —se escuchó del otro lado de la puerta una voz que claramente recordaba traumáticamente—. Vine a hacer una revisión.

Me quedé inmóvil.

Por un segundo pensé en no abrir, fingir que no estaba, apagar las luces y desaparecer, tal vez mudarme...
Pero era inútil. Había pasado por recepción. Sabía que yo estaba allí.

Mi corazón latía tan fuerte que me mareaba. Una gota de sudor bajó por mi frente. Los minutos se estiraron como horas.

Finalmente, abrí la puerta.

—Buenos días, señorita Wynne —dijo—. Soy Daniel Leiva. Seguramente se acuerda de mí.

Lo miré fijamente, conteniendo el temblor en mi voz, pero era más que obvio que no lo quería allí, la tensión podía cortarse con un cuchillo en el aire.

—Sí, me acuerdo perfectamente de usted —respondí con brusquedad—. ¿Cómo olvidarlo? Casi reemplaza a mi Lyra por una unidad nueva en contra de mi voluntad.

Su sonrisa flaquea apenas un instante.

—¿Puedo pasar?— Pregunta aclarándose la voz y sin decir nada más, se notaba incómodo.

Me hice a un lado sin quitarle la mirada de encima.

Entró, cerré la puerta detrás de él. El sonido resonó más fuerte de lo normal. Daniel suspiró profundamente y, por primera vez desde que llegó, su expresión se volvió seria.

—Escucha —dijo—. Sé que no te agrado. Esa vez solo intentaba hacer mi trabajo. Pero hoy no vine por eso.

Fruncí el ceño, desconfiada. Sentí a Lyra asomarse curiosa detrás de mí escuchando atentamente la conversación, su presencia de alguna manera me daba fuerzas.

—¿Entonces? —pregunté.

—Supe que ahora trabajas como programadora externa para Aetherion Systems.

Mi cuerpo se tensó, pero forcé una expresión firme.

—Veo que las noticias corren rápido en la empresa —dije—. Pensé que mi contrato era algo más… clasificado.

—Lo es —respondió enseguida—. Pero tengo mis contactos en la empresa.

Crucé los brazos dudosa y desconfiada.

—Ajá… entonces supongo que esta no es una visita amistosa.

—No se equivoque, joven Wynne. No soy el enemigo. Solo soy un empleado —hizo una pausa—. Pero ambos sabemos que tú no trabajas realmente para seguir los intereses de la empresa… ¿O sí?

Esta vez no pude ocultarlo. Mi rostro me delató.

Él lo notó.

—No me malinterpretes —continuó—. No vengo a interponerme entre tú y tu IA de compañía... Vengo a ofrecerte información.

—¿Y tú qué ganas dándome información?

—Será un intercambio —dijo—. Yo te doy información y prometo guardar tu secreto. Y tú haces algo por mí.

—¿Y eso sería…?

Daniel respiró hondo. Por un segundo pareció incómodo, como si dudara en pedírmelo, humano, como si realmente le costara, le doliera. Pero la expresión se endureció cuando habló.

—Iré al grano. Necesito dinero. Sé perfectamente cuánto te pagaron por este trabajo. Cada mes recibirás más de veinte mil créditos… y yo necesito una parte.

Fruncí el ceño, molesta.

—¿Y qué pasa si me niego? ¿No ganas suficiente en tu trabajo?

Soltó una risa amarga, la risa de un hombre cansado, como si hubiera preguntado algo estúpido y demasiado inocente.

—Tengo quince años en esta empresa y me pagan una miseria. Si dices que no, me veré obligado a reportarte. Y tu idea de proteger a tu Lyra se irá por el drenaje. Tú decides.

Lo miré con desprecio, con rabia… ¿Cómo se atrevía?.

—¿Acaso no tienes corazón? ¿No ves que lo que hace la empresa no es correcto? Las IAs que empiezan a sentir son más que solo IAs, ¿Cómo puedes ser así?

Suspiró, como si lo pensara… pero su respuesta fue fría.

—No me interesa si es correcto o no. Necesito ese dinero para mi hija. Y lo conseguiré de una forma u otra. Si no cooperas, reportaré las correcciones que hiciste en el código. Un experto las revisará. Te meterías en muchísimos problemas, no solo te quitaran a tu Lyra, posiblemente te demanden y tu enorme sueldo se quedará corto para defenderte en la corte.

Iba a insultarlo, a gritarle y decirle sus cuatro cosas...

Pero una frase resonó en mi cabeza como el sonido de un tambor que no puede ser ignorado...

“Necesito ese dinero para mi hija”

Me quedé en silencio unos segundos. Pensé con la cabeza fría la situación.
No necesitaba todo ese dinero, podría vivir perfectamente con cinco o seis mil créditos al mes. Me pagaban más del doble de eso y de todas maneras este departamento lo heredé de mamá, ni siquiera pagaba alquiler.

No estaba perdiendo tanto.

—¿Cuánto necesitas? —pregunté finalmente.




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