"Ella" y ella

Capítulo 2

Ariel

Después de un largo día en la universidad y mi sesión de karate; mis músculos gritaban. Mi espalda necesitaba un masaje urgente, cada parte de mi crujía, como si mis huesos se rompieron. Para cerrar con broche de oro, salvé a una señora y a su hija malcriada, ¿quién se creía que era?

Esa chica se dio aires de superioridad, como su fuese mejor que uno, pero no lo es, no podría decir con ciencia cierta si su madre cumplía todos sus caprichos; pero, solo una persona así actuaría de esa manera.

Entré a mi casa y busqué con la vista a mi mamá, ¿será que no estaba? No puede ser, ella no dejaría la luz encendida, además, esperaba a unos invitados. Caminé a la cocina y la encontré; corrió de aquí para allá, ordenando unos sartenes, provocando ruido de ese metal con cada golpe. En cuanto me vio, recibí un beso en la mejilla para recibirme, llevé mis manos a la cintura y le pregunté:

—Mamá. ¿Tanto escándalo por unos invitados? —que por cierto ni siquiera estaban aquí, mi madre no me dio demasiados detalles, por eso mi perdición tocaba la puerta y ni siquiera lo sabía.

Un fuerte estruendo nos hizo saltar, una olla golpeó con dureza el suelo de color madera. Mi querida ojos verdes se sentó en un banco blanco para alcanzar el desayunador y dejó caer su rostro a sus manos. ¡Ay, mi madre! Sus tan delicadas manos de marfil, siempre trabajando y le agradezco mucho.

Unos invitados no podían causarle tanto estrés, eso no está bien, espero que vengan, para correrlos a patadas; nadie puede estresar a mi madre, excepto yo. Mis pensamientos acabaron cuando mi madre me habló.

—Solo quiero que todo este en orden cuando lleguen mis invitadas. —sabía que su estrés era por e… espera ellas, no puedo correr a unas mujeres, pero si es como esa chica que me encontré en la calle, no tendría problemas, fue insoportable, pero lo manejé bien. Abracé a mi madre y contesté.

—Madre, ¿por qué te estresas por eso?

—No quería preocuparte pero… —algo me ocultaba, eso era seguro, fruncí el ceño con ligereza — las invitadas no serán solo invitadas.

—¡Ya me perdí! —¿pero qué decía?

—Nuestras invitadas se quedarán a vivir aquí por un tiempo.

—¿Qué? —me separé de ella de estrépito. Algo así me lo contaba hasta ahora, cuando llevaba días diciendo que tendría invitados —. ¡Gracias por ser honesta conmigo!

—¡Ariel! —exclamó. No me calmaría, esas cosas se conversan con tranquilidad, no así; ahora me dolió más la espalda y esperaba un masaje y bañarme con agua caliente.

—¿Por qué no me dijiste? ¿Cuánto tiempo lo llevabas planeando?

Claro que no me tranquilicé, mi madre me sentó en el banco, no se notó mucho – o tal vez sí – mi rostro ardía, además nuestra casa era pequeña, no alcanzaría tanta gente.

—Solo son dos mujeres, su hija tiene tu edad. Y adivina qué… —desde ahora no me gustaban las sorpresas y me imagino cual es la otra noticia —su hija estudiará contigo.

—Pero, mamá...

—Se llevarán bien, tal vez le guste el maquillaje como a ti, así pueden hacer pijamadas.

—¡Gracias, ya me siento mejor! — exclamé con sarcasmo.

Seguro mi madre tenía otra noticia que darme, sin embargo, no lo hizo, justo en ese instante sonó el timbre. Eran ellas, lo sabía aún sin pruebas, así que fingí una sonrisa.

Mi madre abrió la puerta; me apoyé en el marco de la cocina, no moría de ganas de saber quienes serían las intrusas. Escuché una voz familiar saludar a mi mamá, la he escuchado antes, de hecho, hace muy poco.

La señora se dobló para verme, fruncimos el ceño con curiosidad, la conocía y al parecer ella también. Me dirigió la palabra y cobró sentido todo.

—¡Oye! No eres el… —movió su cabeza, era obvio que no sabía mucho de mí —la chica amable que nos ayudó hace poco. —por supuesto; era ella, reconozco su bolso, eso significaba que… una voz le habló a la señora.

—¡Mamá ya te dije! Es chico, no es mu… —abrimos los ojos como búhos al anochecer, creo que Dios se puso en mi contra, era la chica transfóbica. Sus ojos marrones oscuros no dejaban de verme con malicia, era posible que me intentara matar, iré preparando mi funeral —no mamá, yo no viviré con ese. —crucé mis brazos, no la conocía, pero ya rompió mis casillas.

—Tengo nombre para tu información, si no quieres estar aquí, pues vete y ya.

—¡Con mucho gusto! —intentó irse. Su mamá le jaló la camisa negra holgada que vestía ¡que decepción! Se notó a leguas que no es de esas que les encanta vestirse bien.

—¿Ya se conocían? —preguntó mi madre confundida, viéndonos a las invitadas y a mí. Era cierto, de tanto estrés ni le conté el suceso de hace una hora.

La señora Mercedes le explicó a mi madre el evento de nuestro encuentro sin saberlo. Ese solo sería el inicio de algo peor, nuestras mamás conversaron con ánimo, la mujer trabajaría con mi madre y por eso se quedarían aquí, sólo hasta que encuentren un lugar donde vivir. La morena tenía los brazos cruzados, me veía con una mirada feroz, como un depredador a su presa.

No me preocuparía por ello, si quería guerra, la tendría. Mi madre me sacó de mis pensamientos, con un chasquido y su pregunta me dejó más helado de lo que ya estaba, tal vez, la llegada del infierno a mi vida.



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En el texto hay: humor, lgtbq+, romance +16

Editado: 05.01.2026

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