"Ella" y ella

Capítulo 4

Ariel

Después de explicarle las reglas a la caprichosa, bajé para comer la tarta de frutos rojos que mi madre preparó. Comí dos platos, lo siento, era mi adicción.

Camino a mi habitación, le di varias vueltas al asunto; Ashley iría conmigo a mi misma universidad y carrera, ese era de esos momentos en los que el universo te odiaba, no sé que pecado cometí para sufrir de esa forma.

Abrí la puerta de mi dormitorio sin pensarlo dos veces, era mi casa y podía entrar donde quiera, cuando quiera. Con una camisa gris abotonada, Ashley lista para dormir se subió el pequeño short a su cintura, era uno demasiado enano, como ella.

Lo subió con una delicadeza por su piel morena, que parecía la tierra cuando está mojada. Tragué saliva como si me hubiese comido una roca.

Un suave desliz no puede hacerme perder la cabeza. No puede. Tosí para atraer su atención. No se había dado cuenta que yo estaba ahí, porque saltó del susto, como una pulga.

—¿Cuánto tiempo llevas ahí? —me preguntó, no debí ser un genio para notar como le saltaba la sien por el enojo.

—Acabo de venir. —mentira. Pero no lo sabía.

Saqué ropa de dormir de mi armario y entré al baño. De reojo noté como me asesinaba con la mirada, la evité, fueron demasiados problemas en un día para tener más con esa loca.

Salí de mi baño que siempre olía a lavanda, esperaba que Ashley no me lo estropee. Casi se cayó de la cama al verme. ¿No tenía nada de malo o sí?

– ¿Qué tienes en la cara? – me preguntó arrugando el rostro.

– ¿Qué? ¿Mi mascarilla?

– Pareces un sapo. – eso fue un golpe bajo, nada le había hecho para que me trate de esa manera, o tal vez era coexistir en el mismo ambiente que yo. No me importaba, ni ella ni nadie podía hacerme cambiar.

– Se llama auto cuidado por si sabías. Cosa que no haces. – frunció el ceño, hasta que la escuché gruñir. Me encantaba cuando las cosas salen bien.

Se cobijó con mi sabana lila, dándome la espalda. Detesto a esa chica. Me acosté en mi lugar, le quite mi cobija toda calentita, y ella me la arrebataba, primer noche y con estos roces, que nos esperaría el futuro. No hablaba de uno muy lejano, pero si de los días que estaría conmigo.

A medianoche me desperté por unos ruidos. En efecto, Ashley roncaba, de su boca salía saliva – ¡qué asco! – despertarla hubiese sido cruel, verla dormir no me tranquilizaba, pero si parecía un ángel, uno demasiado caprichoso.

Me cubrí los oídos con la almohada, no me dejaba dormir. Me provocaron vueltas en la cama, sin oportunidad de levantarme, no hacía eso, me daba miedo la noche. La oscuridad acecha a los peores monstruos, ¿o era el día? Como sea para mi era tenebroso.

El espacio oscuro con el viento fuerte, el clima frío, como un muerto cuando aparece en una película de terror, daba un ritmo inquietante. Primera noche, una tortura. Esas cosas ya no me pasaban, era normal que siempre dormía bien, sin embargo, ese día el aire se densó, incapaz de hacerme respirar a gusto.

Cuando al fin concilie el sueño. Unos golpes me sacudían y mi transpiración se notó demasiado. Una figura, al parecer un hombre, caminó hacía un niño cubierto por una sábana y temblando, el hombre le acarició la cabeza exclamando 《no te asustes, esta noche no pasará nada malo》el niño derramó lágrimas como manantiales y como si fuese real, sentí como si yo mismo me mojaba también.

Me desperté de golpe, unas lágrimas removieron un poco de mi mascarilla y tragué saliva con fuerza. Lo bueno que por fin fue de día, los pájaros entonaban su dulce canto, demostrándole a todos que la luz siempre vencía a la oscuridad.

Me fijé en mis pantalones, al parecer solo fue en el sueño, lo sentí tan real y mis piernas continuaron temblando. Volteé mi vista al otro extremo de la cama.

Ashley ya no estaba. ¿Será que ella también fue una pesadilla y por fin volveré a mi vida real? Dejé de pensar en ello y tomé mi toalla, me encantaba: tenía un estampado de campo de flores y olía como esa gran majestuosidad hecha por la naturaleza, el mejor artista era Dios sin duda.

Entré a mi habitación de color cielo, el lila y ese color eran una excelente combinación – o al menos para mí. – tomé mi cepillo de dientes y escuché que alguien cerró la llave del baño. Ni siquiera sé que pensé en ese momento, mi cepillo, mi arma. Alcé mis manos en guardia por si era un ladrón.

Una piel morena salió de la cortina de nubes con una toalla blanca rodeando su cuerpo. – ¡maldición! Seguía aquí. — Ni fijó mi presencia, hasta que nos cruzamos mirada con mirada.

Aún tenía mi máscara, literal, y ella, con su cabello trigueño mojado, sus ojos oscuros viéndome con confusión. Lanzó un grito enojada.

—¿Qué haces aquí?

—Es mi baño. —le contesté con el mismo tono frío que ella.

—¿Eso que tiene? Yo estaba aquí primero.

—Te dije que en mi hora del baño, no entras.

—Nunca dijiste cual era tu hora, idi… —la interrumpí antes que me dijera algo que podría arrepentirse.

—A pues ya lo sabes.

—Jamás he conocido a un gringo que se bañe. —indicó y sentí una punzada en el pecho, me volví a ella, bajándome a su nivel, literal. Entrecruzando mis brazos le contesté.

—¿Qué? Eso es racismo.

—Mira quien habla de racismo.

—Jamás he dicho nada sobre tu piel. —creo que peleábamos por historia y política, sacudí mi cabeza y cambié de tema.

Mi corazón latió más, mis ojos y los de ella se cruzaron, el enojo emergió como la cafetera en su punto más alto. Ashley ladeó su sonrisa y se retiró sin más reproches.

—Por cierto. ¿Qué rayos estabas soñando? —ya más tranquilizado, mi cuerpo se sobresaltó, no me acordaba mucho de lo que soñé.

—¿A qué te refieres?

—Bueno, no se si gemías o gritabas del miedo. —me sonrojé hasta en lugares donde no era posible, la segunda opción era la verdadera, y me dio miedo decirlo. Sonreí para bajarle el ego o para ocultar mi pesadilla.

—Al parecer tengo un mejor novio que tú. —siempre con los golpes bajos. Estoy consciente de esto, vamos dos a uno, o viceversa.



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En el texto hay: humor, lgtbq+, romance +16

Editado: 05.01.2026

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