Ella y yo

Prologo

Todo empezó sin intención.

Como empiezan las cosas que después importan.

Un mensaje cualquiera. Una respuesta rápida. Una coincidencia mínima que no parecía destino, solo conversación. Al principio no había ansiedad ni expectativa, solo el placer sencillo de hablar con alguien que respondía igual de rápido, igual de atento.

No pensé que iba a pasar nada.

Nadie piensa eso al principio.

Las charlas se fueron alargando sin que me diera cuenta. Un mensaje llevaba a otro. Una risa escrita pedía una respuesta. Empezamos a hablar de cosas pequeñas: el día, la música, detalles que no se cuentan a cualquiera pero tampoco parecen importantes. Todavía no lo eran.

Había algo fácil en ella.

Algo que no exigía.

Me gustaba cómo escribía. Cómo aparecía. Cómo parecía interesarse sin invadir. No había promesas, no había definiciones. Solo presencia. Y eso, en ese momento, era suficiente.

Sin darme cuenta, empecé a esperar.

No con ansiedad. Con curiosidad.

Esperaba sus mensajes como quien espera algo bueno, no algo necesario. Me hacía sonreír el celular. Me acompañaba sin ocupar todo el espacio. Era cómodo. Era lindo. Era nuevo.

Ahí fue cuando empezó el error.

No el amor.

La idea de que podía quedarse.

Todavía no estaba enamorada.

Pero ya no era indiferente.

Y sin saberlo, estaba entrando en una historia que iba a enseñarme cuánto puede pesar alguien que nunca promete nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.