Ellas Mis Chicas

Capítulo 16

No sé qué rayos estoy haciendo. ¿Por qué acepte ese trato? Fácilmente pude haberme negado y tenerlas solo para mi durante el tiempo que les tome su formación universitaria, después de eso pude estar tranquilo durante mucho tiempo antes de volver hacerlo, o talvez logre curarme salir de ese pozo. ¿Quién sabe? No se nunca lo he sabido, no se nada del destino y de sus caprichos.

Por ejemplo, yo, tenía pensado terminar mi carrera universitaria. Trabajar un tiempo en lo que sea, hasta que me salga algo conforme a mi profesión, pero el destino me puso a Paloma en mi camino, la mujer que me enseño el cielo y el infierno, ella era tan angelical como demoniaca y aunque la odio por todo lo que me hizo la ame y estoy seguro que también me amo. Ella fue la primera mujer que se me acerco y me acepto como yo era, nunca trato de cambiar nada de mí.

Todo lo contrario, esos defectos era lo que le encantaba de mí. Porque, que mujer en su sano juicio puede aceptar a alguien como yo en ese tiempo. No me preocupaba mucho mi apariencia, caminaba con ropa deportiva ya algo desgastadas o rasgaduras en las rodillas, un cabello hecho un desastre, luchaba para poder peinarlo, pero ninguno me quedaba, además tenía algunos problemas de ansiedad. Y esa mujer, mi esposa Paloma me acepto con todo eso.

A pesar de todo lo que viví a su lado, me ayudó mucho a seguir adelante. Paloma en poco tiempo logro cambiarme, pero también me hundió y aquí estoy tratando de salir del pozo. Puede que me esté victimizando, con esto o no, no lo tengo claro. Todo lo que sé es que quiero salir de esto, quiero recuperar mi vida tranquila antes de esto, antes de Paloma, mi relación con mi familia pueda que ya no tenga arreglo, pero por lo menos quiero recuperar mi paz interior. Es todo lo que quiero.

Bajo la ventana del carro y apoyo mi brazo mientras conduzco dejando que el aire frio ingrese dentro algo que me hace calmar un poco. El frio siempre me ha gustado y más cuando lo acompaña la lluvia o la neblina cubre por completo un lugar y es porque con ello siento el aroma del cielo un aroma que me relaja, esto siempre lo disfruto en la hacienda esos días grises, lluviosos y con neblina es lo mejor y más bello para mí. Y más si lo disfruto en compañía de mis perros en la montaña o el barco de la casa con una buena taza de Té caliente. 

El ambiente cambia por uno más cálido, al llegar a la ciudad me atasco un poco en el tráfico, pero llego a mi destino. El departamento de ellas, no llamo al timbre entro directo al tener unas copias del departamento subo hasta el piso y abro la puerta ingresando y mis ojos se abren ligeramente al ver lo que veo. Ellas están compartiendo un beso frénico, sus manos recorren sus delicadas siluetas, al verme se detienen apartándose arreglándose la ropa.

–¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste? –pregunta Lucrecia.

–El departamento es mío y tengo llaves –respondo mostrando las llaves –, pero tranquilas pueden seguir en lo suyo. No pienso intervenir. Todo lo contrario –tomo asiento en el mueble –disfrutare del show –sonrió malicioso.

Ellas se quedan paradas, mirándose por el rabillo del ojo –viniste por lo de la fiesta ¿cierto? –habla Salomé.    

–¿De qué otro modo estaría aquí? –respondo.

–Supongo que también para vigilarnos –continua Salomé.

–Ese asunto está solucionado, a pesar de que no estoy aquí. Las tengo bien vigiladas –suelto.

–Nos pusiste espías –dice Lucrecia enojada.

–De que otro modo, estaría tranquilo en casa durante cinco días –contesto.

–Serás… –dicen ambas.

–Tranquilas tienen sus limitaciones, su intimidad está a salvo –hablo con calma.

–¡Que amable! –dice Lucrecia con desdén.

–En fin. No piensan continuar –sonrió malévolo.  

–Hay una fiesta lo olvidas –dice Salomé.

Ambas se retiran ingresando a sus respectivas habitaciones, en lo que yo solo suelto una risa. Pasa el tiempo hasta que ellas vuelven vestidas con otras prendas, se ven preciosas y el aroma de su perfume me gusta.

–¿Cómo estamos? –pregunta Lucrecia.

–Se ven bien –dijo con mi habitual modo de decir están igual que siempre.

–¿Vas a ir así? –habla Salomé, la miro directo y serio en lo que ella se pone tensa –bueno… si no te sientes cómodo, tengo algo de ropa de hombre que puede quedarte bien.

Camino hasta ella mirándola serio en lo que llevo, mi pulgar índice debajo de su mentón y la hago mirarme –no te metas en mi vida. ¿entendido? –retiro mi dedo también va para ti –me dirijo a Lucrecia. 

Me dirijo a la puerta en lo que las escucho murmurar, llego hasta el auto donde las espero y ellas ingresan dentro. No dicen nada y solo muevo el carro en dirección a la universidad, en la prevención los guardias me detienen y ellas logran hacerme entrar, dejando mi identificación. Ellas me guían hasta llegar al estacionamiento, donde dejamos el auto y caminamos y puedo escuchar la música por el alto parlante.

–Lo siento –dice Salomé –no quise incomodarte.

–Si quieren que la cláusula de su nuevo contrato funcione. Debe aceptarme tal cual soy. Si no hay eso. Seguirán en el juego de Omar dice, hasta que termine sus carreras universitarias –respondo.




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