Ellas Mis Chicas

ÉPILOGO

Cuatro meses han pasado desde esa noche, pensar que encontraría todo lo que necesitaba en ellos dos y no es algo correcto ante la sociedad que va a juzgar, pero me vale un bledo lo que diga o hagan ellas son mías y solo mías nadie me las va arrebatar. Ellas me han liberado, me aceptan tal cual soy y no puedo pedir nada más ya tengo todo lo que deseo en la vida y ellas son lo más importante.

Esta noche será romántica solo espero que les guste la pequeña sorpresa que tengo para ellas, no he dejado de trabajar toda la mañana y tarde haciendo esta decoración que no se me da bien, pero lo hago con todo gusto por aquellas dos mujeres dueñas de mi corazón. Esta todo arreglado y escribo un mensaje para ellas pidiéndoles que vengan en la noche, esto funcionara en la noche.

La noche llega y veo por la ventana del segundo piso el taxi llegar es hora de ir a mi posición.

Ellas llegaron a la hacienda encontrándose con la iluminación de la entrada brillando con luces naranjas en la entrada estaba una nota “Bienvenidas”

 Estaban encantadas con el recibimiento en la puerta de la casa otra nota “Gracias por llegar a mi vida. Usen los vestidos en su cuarto. Las amo”    

En sus cuartos vieron los vestidos blancos cortos con tirantes finos. Otra nota “Vayan al patio trasero”

Se vistieron con los vestidos saliendo al patio trasero, estaban emocionadas sus corazones no dejaban de palpitar, abrieron la puerta con mucho nerviosismo donde las luces naranjas iluminaron el lugar dejando ver una decoración llena de flores. Había un camino iluminado con flores que llegaba a Omar bajo una carpa sonriendo feliz de verlas.

–Omar –dijeron juntas.

–Vengan, pero deben usar esas –señalo los pedestales con una corona floral en cada uno.

Ellas caminaron colocándose las coronas llegando con Omar –¿De qué se trata todo esto? –pregunto Lucrecia.

–Es nuestra boda –contesto Omar sorprendiéndolas –lo que más quiero en este mundo es poder estar junto a ustedes. Porque las amo, esto es lo único que se me ocurre para decirles que quiero estar junto a ustedes toda mi vida sin importarme lo que puedan decir los demás. Las amo y quiero que estén conmigo para siempre. Díganme sus respuestas.

Ellas se miraron y sonrieron abrazándolo –claro que si –dijeron juntas.

–Estoy dispuesta a estar junto a ti siempre –dijo Salomé.

–Eso no se pregunta. Sabes que te amo –dijo Lucrecia.

Los tres sellaron sus manos confirmando su promesa de estar juntos. Sabían que lo hacían no eran bien visto por los demás, pero lo único que les importaba era lo que sentían entre ellos. Su amor podría verse como in pecado, pero si lo que sentían por cada uno de ellos era verdadero dijeron juntos.

–Si el amor que sentimos es un pecado. Entonces bienvenido sea el infierno.

Los tres se unieron es un beso triple lleno de amor naciente de ellos.




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