Ellos están aquí

Capítulo 19: El Portal

La tensión en el orfanato era palpable, una atmósfera cargada de incertidumbre y temor que se había arraigado en cada rincón, en cada corazón. Los sucesos extraños, aunque sutiles, persistían, manifestaciones inquietantes que recordaban la presencia latente de la oscuridad, un recordatorio constante de que la batalla estaba lejos de terminar. Vaiolet, Ethan y el Padre Adrián se mantenían alerta, vigilantes, conscientes de que la calma era una ilusión frágil, una tregua temporal en una guerra ancestral que se libraba en las sombras.

—Debemos estar preparados para lo que venga —insistió el Padre Adrián, su voz resonando con gravedad, con la sabiduría de quien ha visto la oscuridad de cerca—. No sabemos qué nos espera, qué nuevos horrores nos aguardan, pero debemos mantenernos unidos, como un faro en la noche, guiando a los perdidos hacia la luz.

—¿Crees que intentarán abrir el portal de nuevo? —preguntó Ethan, su mirada fija en el espejo, un portal inactivo que aún irradiaba una tenue luz azulada, un recordatorio constante del peligro latente.

—Es posible —respondió Vaiolet, con el ceño fruncido, su mirada reflejando la preocupación—. Pero también podrían intentar algo diferente, algo que no esperamos, algo más sutil, más perverso.

Como si la oscuridad hubiera escuchado sus palabras, un nuevo suceso extraño sacudió el orfanato, perturbando la tranquilidad recién recuperada. Las luces comenzaron a parpadear, creando sombras danzantes que distorsionaban la realidad, convirtiendo los pasillos en un laberinto de oscuridad y misterio. Los susurros distorsionados se intensificaron, convirtiéndose en murmullos ininteligibles que resonaban en los pasillos, ecos de voces que parecían provenir de la oscuridad misma, susurros que helaban la sangre y paralizaban el alma.

Las niñas, presas del pánico, se refugiaron en la capilla, buscando consuelo en la fe, aferrándose a sus muñecos de peluche como si fueran amuletos protectores. Las monjas, con los ojos llenos de terror, rezaron con fervor, implorando la protección divina, buscando refugio en la luz de la oración.

—Están jugando con nosotros, intentando quebrantar nuestra voluntad —dijo Vaiolet, su voz resonando con determinación, desafiando el miedo que intentaba paralizarla—. Quieren que perdamos la esperanza, que nos rindamos al miedo, que abramos la puerta a la desesperación.

—No lo permitiremos —dijo Ethan, levantándose, su voz resonando con una nueva convicción—. No les daremos el gusto de vernos caer en la desesperación.

Juntos, Vaiolet, Ethan y el Padre Adrián recorrieron el orfanato, buscando el origen de los sucesos extraños, intentando descifrar el mensaje oculto en las sombras. Encontraron puertas que se abrían y cerraban solas, objetos que levitaban en el aire, sombras que se movían con una voluntad propia, como si la oscuridad misma estuviera tomando forma.

—Están intentando debilitar la barrera entre sus mundos, crear una grieta en la realidad —dijo el Padre Adrián, su voz resonando con preocupación, con la sabiduría de quien ha estudiado los misterios de la oscuridad—. Quieren crear un portal por el que puedan pasar, un camino para invadir nuestro mundo.

De repente, un estruendo sacudió el orfanato, un sonido que resonó en los cimientos del edificio, un eco de la oscuridad que intentaba liberarse. Corrieron hacia la biblioteca, el lugar de donde provenía el ruido, y encontraron el espejo, el portal inactivo, brillando con una luz azulada intensa, como si estuviera a punto de estallar.

—¡El portal se está abriendo de nuevo! —gritó Ethan, con los ojos llenos de terror, reflejando la luz azulada del espejo.

Vaiolet se acercó al espejo, sosteniendo el colgante en su mano, buscando en su interior la fuerza para enfrentar la oscuridad. La luz azulada del colgante brilló con intensidad, intentando contrarrestar la energía del portal, pero era inútil. El portal se abría lentamente, revelando un mundo de sombras y oscuridad, un abismo que los atraía con su promesa de terror.

—Debemos cerrarlo, sellar el portal antes de que sea demasiado tarde —dijo Vaiolet, su voz resonando con determinación, desafiando el miedo que intentaba paralizarla—. Debemos usar el lenguaje de las sombras, el conjuro que mi madre me enseñó.

—¿Estás segura de que funcionará? —preguntó Ethan, con duda, su mirada reflejando la preocupación.

—Es nuestra única oportunidad, nuestra última defensa contra la oscuridad —respondió Vaiolet—. Debemos intentarlo, aunque tengamos que enfrentarnos a nuestros peores miedos.

Vaiolet comenzó a recitar las palabras que había aprendido de su madre, un conjuro antiguo que resonaba con un poder ancestral, un eco de un pasado olvidado. La luz azulada del colgante se intensificó, creando un escudo de energía alrededor del portal, intentando repeler la oscuridad.

El portal comenzó a cerrarse lentamente, la oscuridad retrocediendo hacia su mundo, gritando de furia y desesperación. Pero las sombras no se rendían fácilmente, intentaron resistir, enviando ráfagas de energía oscura hacia Vaiolet y sus compañeros, intentando quebrantar su voluntad.

—¡Resistan, no se rindan! —gritó Vaiolet, su voz resonando con esfuerzo, con la determinación de quien lucha por la supervivencia—. ¡No dejen que nos venzan, que nos arrastren a la oscuridad!

Con un último esfuerzo, Vaiolet logró cerrar el portal, sellando la entrada al mundo de las sombras. La luz azulada del espejo se apagó, dejando tras de sí un silencio sepulcral, un eco de la batalla recién librada.

—Lo hicimos, cerramos el portal —susurró Vaiolet, con lágrimas en los ojos, una mezcla de alivio y agotamiento.

—Pero no para siempre —respondió el Padre Adrián, con el rostro preocupado, surcado por las sombras de la inquietud—. La oscuridad siempre encuentra una manera de regresar, de filtrarse por las grietas de la realidad.

—Entonces debemos estar preparados, anticiparnos a sus movimientos —dijo Ethan, con determinación, su voz resonando con una nueva convicción—. Debemos aprender más sobre ellos, sobre sus debilidades, sobre cómo derrotarlos de una vez por todas.



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En el texto hay: misterio, sangre, hambre

Editado: 08.04.2025

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