Mi último cumpleaños feliz
Estuve pensando por dónde empezar,
con qué frase abrir este texto.
No la encontré, pero
solo quiero “arrancármelo”.
Es increíble cómo un simple gesto
o una simple acción
puede cambiar la forma de vivir una experiencia
o de vivir la vida.
Esa huella que deja.
Ese miedo que queda.
Las ausencias después de ella.
¿Cómo me sentía?
Me sentía como el sarcasmo
entre lo que es gracioso y lo que no.
¿Qué me quedó?
Me quedó el miedo,
De que lo mismo se vuelva un ciclo.
Me quedó el miedo
a no saber una verdad oculta.
Sin dudas, mi último feliz cumpleaños.
Ya el “party favor” no llegaba a mi teléfono
cada 8 de febrero, como de costumbre.
Ya no eran mensajes directos,
eran con intermediario.
Ya no era vivir despreocupado,
era vivir desorientado,
preguntándome
hasta qué punto confiaban en mí
como para no decírmelo.
Era pensar en amistades perdidas
y en cómo las recuperaría.