Elysium Code

Capítulo 3 - Después del Paraíso

Año 2049 - Ciudad: Tokio

La oscuridad cubría por completo Tokio.

El cielo nublado ocultaba incluso las estrellas.

En una calle apartada, un pequeño departamento permanecía en silencio.

El laboratorio estaba completamente a oscuras.

Botellas de cerveza vacías cubrían el suelo. La antigua “Zona de Trabajo” era ahora un caos de basura y restos de comida. En la cocina, los envases abiertos empezaban a descomponerse.

Una capa de polvo y telarañas cubría gran parte del laboratorio. Como si nadie hubiera estado ahí en mucho tiempo, el sofá y la mesa central también se encontraban cubiertos de polvo y basura.

Polvo.

Telarañas.

Silencio.

El lugar parecía abandonado desde hacía meses.

En una esquina de la habitación, un chico permanecía encogido, abrazando sus rodillas.

No se movía.

Su mirada vacía lo hacía parecer un cadáver.

El único miembro restante del laboratorio… era Max.

De vez en cuando levantaba la cabeza.

Solo para confirmar que seguía ahí.

“¿Qué día es hoy...?”

El pensamiento se perdió en el aire.

“¿Cuándo fue la última vez que salí de aquí…?”

Buscó una botella en el suelo.

Vacía.

Todas estaban vacías.

—Tch...

"Necesito alcohol...”

Intentó encender su celular.

No respondió.

"Sin batería...”

Miró alrededor lentamente.

El cargador no estaba.

—…

Silencio.

“¡Maldita sea!”

Su estómago rugió.

Y el hambre lo golpeó.

"¿Cuándo fue la última vez que comí algo...?”

No recordaba.

“¿Y qué fue lo último que comí...?”

La frustración explotó.

Tomó una botella y la lanzó contra las cajas apiladas.

El vidrio estalló.

Las cajas cayeron una encima de la otra. Y el contenido de estas se esparció por el suelo.

Max se quedó inmóvil.

Su respiración se detuvo un segundo.

—No puede ser…

Varios condensadores de microondas viejos cayeron al suelo.

Detrás de los condensadores se asomaba un anillo de vidrio y varias piezas familiares.

“Es cierto…”

Levantó rápidamente la cabeza y, detrás de las cajas, pudo observar la máquina de depilación láser modificada.

Miró lentamente debajo de la mesa solo para observar que el tanque de gas Argón seguía ahí.

—…

“Todo sigue aquí…”

Se abrió paso entre vidrios y basura.

Cada paso era pesado.

Como si su cuerpo no quisiera moverse.

Cuando por fin llegó hasta ellas, comenzó a buscar sin descanso.

Volteando cajas y esparciendo los restos por el suelo. Hasta que lo encontró.

El cuaderno de Carlos.

Max lo sostuvo en silencio y lo colocó en el centro del laboratorio.

Forzó una sonrisa y detrás de otra pila de cajas sacó la pizarra móvil que siempre usaban y la colocó en el centro del laboratorio.

"Sí... Todo es como antes...”

Bajó la cabeza lentamente y caminó hacia la ventana.

Se detuvo frente a esta al observar su reflejo.

Su cabello, antes simplemente desordenado, ahora caía hasta cubrirle los ojos por completo. Una barba descuidada cubría parte de su rostro y la ropa que llevaba parecía no haberse cambiado en días. Su delgada figura se había consumido todavía más y sus ojos… aquellos ojos tranquilos de antes habían perdido el brillo de alguien con ganas de vivir.

—…

Su cuerpo tembló ligeramente y apartó la mirada.

“¿Quieres una Dr. Pepper?”

Escuchó una voz familiar a sus espaldas.

—…

Sus ojos se abrieron de golpe.

Giró la cabeza lentamente solo para descubrir que no había nada.

“¿…Estoy enloqueciendo…?”

Permaneció inmóvil varios segundos.

Lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos.

Usando el dorso de la mano se limpió las lágrimas.

Hizo un esfuerzo por no llorar y se giró hacia la “Zona de Trabajo”.

Se quedó mirando el acelerador de partículas y luego dirigió la vista hacia la PC, que llevaba mucho tiempo sin encenderse.

Y recordó las últimas palabras de Carlos.

"Termina el legado que te confié..."

—Lo entiendo...

La voz se le rompió.

Con las pocas fuerzas que le quedaban, se llevó las manos a la cara para ocultar su dolor.

—Pero no puedo...

—Lo siento… Carlos.

—No puedo cumplir tu sueño.

Cayó de rodillas.

Y lloró.

"Esa máquina... es lo único que me queda de él...”

Se levantó a duras penas y pateó las cosas del suelo con rabia contenida.

“No quiero volver a ver ese cachivache…”

Caminó hasta el sofá y se dejó caer sobre él, sin importar la basura que había encima.

"Carlos... me confiaste tu sueño y te defraudé..."

Max apretó los puños.

—Soy patético.

Max soltó una carcajada cargada de decepción y furia.

—Deja de mirarme así... —dijo con voz ronca.

La figura no dijo nada.

—Es mi culpa... Por no haber sido fuerte...

Max abrió los ojos con sorpresa y luego empezó a reírse solo.

—Puede que tengas razón... Me veo patético... ¿Crees que aún soy digno de cargar con tu legado?

Max levantó la cabeza para mirar a la sombra de la culpa.

Frente a él estaba Carlos.

O eso creyó.

El chico soltó una risa débil y cerró los ojos mientras su cuerpo, debilitado tras semanas alimentándose únicamente de alcohol, perdió las fuerzas.

—Me duele todo el cuerpo... Y me siento muy cansado...

Miró hacia un punto fijo en el aire y luego suspiró pesadamente.

—Lo siento, Carlos.

—Te prometo...

—Que si salgo de esta...

—terminaré... la máquina...

Max no había terminado de hablar cuando su cuerpo cedió finalmente y terminó desmayándose.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.