Año: 2049 – Ciudad: Tokio
Con la llegada del amanecer, los primeros rayos del sol comenzaron a iluminar la ciudad. Poco a poco, el cielo volvió a teñirse de un intenso azul.
La luz que entraba por la ventana del laboratorio cayó directamente sobre el rostro del único chico que permanecía allí.
Acostado sobre el suelo, Max dormía profundamente.
Su expresión era mucho más tranquila que la del día anterior.
Frunció levemente el ceño cuando la luz golpeó sus párpados.
Poco a poco abrió los ojos.
“…”
Durante unos segundos permaneció inmóvil, intentando recordar dónde estaba.
“¿Quién soy?”
¿Dónde estoy?”
Los recuerdos llegaban como fragmentos incompletos.
Con esfuerzo, apoyó una mano sobre el suelo y consiguió sentarse.
Se sostuvo la cabeza mientras recorría el laboratorio con la mirada.
“Oh...”
“Entonces… sigo aquí.”
Soltó un largo suspiro.
La tranquilidad duró apenas un instante.
Un dolor punzante atravesó su cabeza.
—Gh…
Apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza.
“Duele...”
“Duele mucho...”
Su respiración se volvió irregular mientras soportaba la migraña.
Pasaron varios minutos antes de que el dolor comenzara a disminuir.
Cuando por fin consiguió recuperar un poco la compostura, levantó lentamente la mirada.
Sobre la pequeña mesa de la “Zona de Trabajo” descansaba la caja con todos los documentos de la máquina del tiempo.
A su lado permanecía el anillo construido con el grueso tubo de vidrio de una cafetera industrial.
—Al final, sí sobreviví...
Todavía le costaba recordar todo lo ocurrido.
Los recuerdos aparecían como fragmentos incompletos.
Pero había una promesa que permanecía grabada con absoluta claridad.
“Lo siento, Carlos...”
“Te prometo... que si salgo de esta...”
“Terminaré... la máquina...”
Max bajó la mirada.
Una sonrisa amarga apareció en su rostro
La larga noche de sueño había despejado sus pensamientos y, aunque su cuerpo seguía agotado, se sentía mejor que el día anterior.
Hacía tanto tiempo que no dormía varias horas seguidas…
Que incluso había olvidado lo que era despertar sin sentir que iba a desmayarse.
—No recuerdo cuándo fue la última vez que pude dormir tan bien...
Su sonrisa desapareció lentamente.
Se puso de pie con dificultad.
Miró una vez más el laboratorio.
“Carlos...”
“Esto era lo que tú querías…”
“¿Verdad?”
Sin perder más tiempo, Max comenzó a apartar las cajas que bloqueaban el paso.
Ordenó el laboratorio lo suficiente para abrirse camino hasta la máquina de depilación láser modificada.
La observó en silencio durante unos segundos.
“Solo le daré una oportunidad...”
“Si esto ya no funciona… me rendiré para siempre.”
Con aquella tristeza clavada en el pecho, empezó a preparar todo.
Encendió la PC y dejó lista la máquina.
Cuando fue a conectar su celular, se quedó inmóvil.
“…”
“Mierda…”
“Es cierto.”
El teléfono estaba completamente descargado.
Soltó un largo suspiro.
“Parece que primero tendré que cargarlo...”
Poco a poco, conforme la migraña disminuía, su mente comenzó a despejarse.
“Pero no tengo tiempo para eso”
Apoyó ambas manos sobre la mesa e intentó pensar con calma.
Entonces, su mirada se detuvo sobre la caja de fusibles.
“…”
Una idea cruzó por su mente.
Con esfuerzo, comenzó a rebuscar entre las cajas del laboratorio hasta encontrar varios cables gruesos, un cable USB roto y un viejo transformador de doce voltios para lámparas dicroicas.
—Claro…
—El laboratorio era de Carlos…
—Tiene sentido que se haya llevado la mayoría de sus cosas…
Observó los componentes unos segundos.
—Es lo único que me puede servir en estos momentos…
—Espero que funcione.
Con ayuda de los cables realizó un puente ilegal conectado directamente a la caja de fusibles.
En cuanto hizo contacto con las borneras, un chispazo azul saltó del tablero y el transformador dicroico cobró vida con un zumbido sordo e inquietante.
Después, tomó un alicate de corte y peló los extremos de un viejo cable USB hasta dejar expuestos los hilos de cobre rojo y negro.
Con las manos aún temblando por la prisa, retorció ambos hilos directamente alrededor de los terminales de salida del transformador, apretando los tornillos con la punta del alicate para asegurarlos.
“Mierda…”
“Quizá debí haber ido a comprar un cargador.”
“Aunque, en este estado… ni siquiera habría podido caminar una calle.”
Apoyó ambas manos sobre la mesa.
Respiró hondo.
—Por favor…
Conectó el extremo modificado al puerto de carga del celular.
Un fuerte olor metálico a quemado invadió el laboratorio.
El zumbido del aparato se volvió más agudo, casi un siseo, mientras la pantalla del teléfono parpadeaba una y otra vez bajo la brutal sobretensión.
La batería comenzó a calentarse tan rápido que Max soltó el celular sobre la mesa, temiendo que pudiera explotar en cualquier momento.
Sin embargo…
En medio de todo aquel caos, una pequeña luz iluminó el rostro de Max.
El logo de la marca apareció en la pantalla.
Segundos después…
2%
“…”
“Prendió.”
Max desconectó el cable USB del celular de un tirón.
—Un dos por ciento...
Miró la pantalla unos segundos.
—Es mucho más de lo que esperaba.
Sin perder tiempo, conectó el celular a la máquina de depilación láser.
Luego volvió frente al PC.
Respiró hondo.