Elysium Code

Capítulo 5 (Parte 1) - Efecto Mariposa

Año: 2049 – Ciudad: Tokio

Fecha: 08 de septiembre

Hora: 17:36

Max salió de la ducha varios minutos después, con la ropa cambiada y una bata de laboratorio que pertenecía a Carlos.

—Nunca me han gustado estas cosas... Pero no había más opciones.

Intentó acomodarse la bata, pero se le hacía incómodo.

“¿Cómo hacía Carlos para usar batas tan largas?”

Suspiró pesadamente.

Caminó hasta la mesa y tomó el teléfono.

La pantalla principal apareció frente a él con las notificaciones aún de los mensajes no leídos.

Permaneció inmóvil por varios segundos, observando los mensajes y los remitentes.

—Supongo que en algún momento tenía que regresar...

Forzó una sonrisa de lado con incomodidad.

Luego, entró en la aplicación de mensajería y abrió el chat de sus padres.

Max: Hola, madre. Perdón por preocuparlos tanto.

Su cuerpo se tensó.

Envió el mensaje.

Permaneció inmóvil, con la vista fija en la pantalla.

—…

—Je... ¿Qué estoy haciendo?

—Sigo siendo un cobarde después de todo.

Bajó la mirada unos instantes. Las piezas esparcidas sobre la mesa y el suelo llamaron su atención.

“...”

Frunció el ceño y volvió su atención al chat de sus padres.

Respiró hondo.

—Tengo que cambiar.

Presionó el botón de llamar.

El timbre del teléfono sonó por 30 segundos antes de que la llamada se desviara.

“...”

Antes de arrepentirse, volvió a presionar el botón de llamar.

El timbre sonó nuevamente.

La ansiedad comenzó a invadir su cuerpo con cada segundo pasado.

—¿¡Max, eres tú!? —Dijo la voz al otro lado del teléfono.

Los ojos de Max se abrieron como platos y su cuerpo empezó a temblar ligeramente.

Abrió la boca, pero ninguna palabra salió.

—¿Hijo...? —La voz del otro lado salió débilmente.

Hubo unos segundos de silencio.

—...

—¿Madre...? —Contestó con suavidad.

Al otro lado del teléfono hubo un silencio que se hizo eterno.

“...”

—¿H Hola? —Un leve tartamudeó salió de los labios de Max.

—Gracias a dios... —dijo la voz al otro lado a punto de quebrarse.

Las palabras de su Madre salieron acompañadas con algunos sollozos.

—Cuando vi que era tu número... me imaginé lo peor.

Los sollozos se hicieron más fuertes.

Entonces, una voz masculina se escuchó detrás de su madre.

—¿¡Dónde te habías metido!?

La voz de su padre salió con autoridad.

—¡Pensábamos que algo horrible te pudo haber pasado! No vuelvas a hacernos esto...

Max esbozó una sonrisa con tristeza.

—Perdón... es una larga historia.

—Solo quería decirles que...

—Ya he vuelto.

Algunas lágrimas cayeron por las mejillas de Max.

—Así que ya no se preocupen por mí. Prometo volver a casa pronto.

—¡Max, espera…!

No tuvo el valor de seguir escuchando.

Cortó la llamada.

...

El laboratorio volvió a quedar en silencio.

Con el corazón latiendo a mil, Max dejó escapar un largo suspiro.

“No voy a dejar que este lugar se hunda en el abismo conmigo.”

Recorrió el laboratorio con la mirada una última vez. Luego, con una sonrisa tranquila, se giró hacia la puerta y salió.

“Ha pasado mucho tiempo...”

Cuando Max puso un pie fuera del laboratorio, el aire limpio del exterior entró directo hasta sus pulmones.

Una vecina que regresaba con una bolsa de compras abrió los ojos como platos al verlo.

—¡Dios mío, muchacho! Qué bueno que estas bien —dijo la señora con gentileza.

—Todos pensaban que no te volveríamos a ver…

Se acercó con preocupación.

Max se rascó la nuca con timidez.

—Sí...

—Ocurrió más de lo que me hubiera gustado.

Bajó la mirada lentamente.

La señora esbozó una sonrisa cálida.

—Lo importante es que ya estás de vuelta.

—Lo de tu amigo fue una tragedia, pero no puedes dejar que el pasado afecte tu futuro. Siempre has sido un buen estudiante... tienes que aprovechar eso.

La sonrisa de la señora se desvaneció poco a poco.

—Él tampoco habría querido verte arruinar tu vida…

Max tragó saliva.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.

—Pero, en fin… Que bueno verte de vuelta, jajaja. —dijo la vecina.

Rebuscó en su bolsa de compras y sacó un paquete de pollo Karaage.

Extendió el paquete hacia Max y se lo ofreció.

—Anda, cómetelo. Tienes mala cara.

Max abrió los ojos con sorpresa.

Las palabras se le atragantaron en la garganta.

—...Gracias.

Hizo una reverencia.

Tras despedirse de la señora, Max miró el pollo en sus manos.

“Al menos ya tengo algo para cenar.”

Se quedó mirando cómo la vecina se alejaba por la calle.

Año 2049 - Ciudad: Tokio

Fecha: 15 de septiembre

Hora: 23:25

La puerta del laboratorio se abrió de una patada y del marco de la puerta se asomó el cuerpo agotado de Max.

—Ugh... No pensé que mantener este lugar sería tan costoso.

Murmuró con la voz apagada.

—Necesito encontrar un trabajo fijo…

Soltó un suspiro.

—No puedo seguir con los trabajos ocasionales.

Cruzó el laboratorio arrastrando los pies y se dejó caer en el sofá.

“Sin Carlos... esto va a ser un infierno.”

Permaneció inmóvil por varios minutos mirando el techo.

—¡¿Por qué nadie me avisó de lo tortuoso que es trabajar?!

Rechistó y golpeó la mesa por frustración.

El laboratorio volvió a quedar en silencio.

Max cerró los ojos.

—Mañana…

—Mañana compraré los materiales que faltan.

El cansancio terminó por vencerlo.

Antes de darse cuenta, ya se había quedado dormido.

Año 2049 - Ciudad: Tokio




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