Año: 2049 - Ciudad: Tokio
Fecha: 25 de septiembre
Hora: 22:09
—¡No lo entiendo!
Sobre la mesa descansaba el acelerador de partículas casero. En el interior del grueso tubo de vidrio de la cafetera industrial, varios rectángulos metálicos permanecían fijados con precisión.
—¡Se supone que con todo esto debería funcionar!
Max soltó un suspiro pesado.
“¿Por qué no funciona? ¿Qué hice mal?”
Se giró hacia la PC.
—Genial, sigue marcando cero...
“Otra vez estoy en un punto muerto...”
Se sujetó la cabeza con ambas manos.
Revisó las conexiones de la máquina nuevamente.
—¿Se habrá quemado algo…?
Tragó saliva.
Levantó la cabeza lentamente hacia el techo.
—¿Qué habrías hecho tú en mi lugar, Carlos?...
Permaneció inmóvil, con la mirada clavada en el techo.
Soltó un suspiro de resignación.
Bajó la vista.
Sus ojos se detuvieron en una caja llena de restos de discos duro.
Frunció el ceño.
—Pagué mucho dinero y ahora resulta que esto no va a funcionar...
…
“Aun así no puedo quedarme de brazos cruzados.”
Negó con la cabeza.
Volvió a intentarlo una y otra vez.
…
—Esto es inútil.
Se dejó caer contra el respaldo de la silla y se llevó una mano a la cabeza.
—Quizá debería buscar en internet.
Sacó el celular del bolsillo y comenzó a buscar información.
El laboratorio quedó en silencio.
“...”
“¿Cómo pude olvidarlo?”
El efecto Casimir.
Entre dos superficies metálicas.
Los ojos de Max se abrieron de golpe.
—Soy un idiota...
Se dio una palmada en la frente.
“Voy a tener que desmontarlo todo...”
De repente, el celular empezó a sonar.
Max dio un brinco al escuchar el tono de llamada.
Miró la pantalla.
Dudó unos segundos.
Finalmente, contestó.
—¿Hola?
Hubo unos segundos de silencio al otro lado.
—¡Oye Max! Me enteré de que regresaste...
—Estuvimos muy preocupados todos por ti.
La voz familiar hizo que Max reaccionara de golpe.
—¿Jhon? ¿Cómo te enteraste?
Frunció el ceño.
—Eso da igual, escucha. Hemos coordinado entre todos, un almuerzo para mañana y tienes que ir.
—¿Un almuerzo? ¿Y por qué tan de repente?
Hubo otra pausa larga del otro lado.
—...
—Max...
—Simplemente ven.
—Todos queremos verte.
—La reunión será a las 13:55 en el restaurante de siempre.
—Bueno... Cuídate y no llegues tarde.
Max tragó saliva.
Abrió la boca.
Pero ninguna palabra salió.
No sabía que responder.
“...”
Permaneció en silencio por unos segundos.
—Está bien, ahí estaré.
—Gracias —se despidió Max antes de cortar la llamada.
Su mirada volvió a la mesa de trabajo.
“...”
—Mañana…
—Mañana seguiré.
Se dejó caer en el sofá.
Soltó un largo suspiro.
Miró la pantalla del teléfono durante unos segundos.
“Tengo miedo...”
Apoyó la cabeza contra el respaldo.
Cerró los ojos.
El cansancio terminó venciendo al miedo.
Sin darse cuenta, se quedó dormido.
Año: 2049 - Ciudad: Tokio
Fecha: 26 de septiembre
Hora: 14:15
El ambiente en el restaurante era tranquilo, pero en uno de los cuartos reservados había tanta tensión que parecía palpable.
De repente, las puertas del reservado se abrieron, dejando ver la figura de Max.
Todos los que estaban hablando se quedaron en silencio por unos segundos.
—¡Idiota! ¡Te dije que no llegaras tarde! —exclamó Jhon con una cerveza en la mano.
—Ya pensábamos que nos habías dejado plantados. —mencionó otro chico sentado en la mesa.
Max abrió la boca para hablar, pero nuevamente no salieron palabras.
—...
Recorrió el reservado con la mirada.
Aquel ambiente tan familiar le arrancó una leve sonrisa.
—Bien, bien. ¡Ya he llegado!
Se encogió de hombros y tomó lugar en la mesa.
—Los extrañé, chicos...
Durante unos segundos, nadie dijo nada.
—Por cierto, no tengo dinero... Así que espero que me puedan invitar algo por esta vez.
Max se rascó la nuca con una sonrisa avergonzada.
…
Uno de los chicos soltó un bufido intentando contener la risa.
—¡Pff!
—¡Este idiota no ha cambiado en nada!
Las risas estallaron alrededor de la mesa.
Poco a poco, la conversación volvió a fluir como en los viejos tiempos.
—Por cierto, Max. ¿Estás trabajando en algo ya? —dijo con calma uno de sus amigos.
Max arqueó una ceja.
—Eh… La verdad, aún no. ¿Por qué?
Otro de los amigos presentes se levantó para reclamar.
—Oye, Michael. No seas así, acaba de reaparecer después de tanto tiempo.
—¿Y lo primero que haces es preguntarle si tiene trabajo?
Michael soltó una risa.
—Precisamente por eso.
Giró la cabeza hacia Max.
—Mi viejo está buscando un programador para su empresa.
—Tú siempre has sido muy bueno, te puedo recomendar.
Max abrió los ojos ligeramente.
—¿…en serio?
Michael se puso nervioso y agitó los brazos.
—Oh, ¡pero solo si tú quieres!
—Si aún no estás listo, no hay problema.
Max negó con la cabeza ligeramente.
—No es eso, jajaja.
Bajó la mirada.
—Sí…
Levantó la vista.
—Me gustaría el trabajo.
Jhon levantó su vaso con una sonrisa.
—¡Bien! ¡Entonces, brindemos por el nuevo trabajo de Max!
—¡Y por el comienzo de su nueva vida!
Todos los amigos de Max levantaron sus vasos.
Max se quedó boquiabierto por unos segundos.
Uno de sus amigos habló.
—¿Qué pasa, Max?
—Levanta el vaso, solo faltas tú.