Año: 2048 - Ciudad: Tokio
Fecha: 8 de agosto
Hora: 16:22
El sol caía con fuerza sobre las calles de Tokio. El calor era abrasador.
Las personas evitaban caminar bajo el sol y buscaban refugio en la sombra.
En un pequeño departamento cercano, dos personas sufrían las consecuencias de no tener aire acondicionado.
Carlos estaba sentado frente a la mesa de trabajo, sudando a cántaros.
—¡Este calor es insoportable! ¡Assistant! Ve a comprar algo de hielo...
La voz de Carlos resonó por la habitación.
Al no escuchar respuesta, se giró hacia el sofá, donde Max descansaba.
—Oye... ¿Cómo puedes dormir con este calor?
Con una expresión de incredulidad, Carlos cuestionó el comportamiento de su asistente.
Tras unos segundos sin respuesta, soltó un suspiro y continuó trabajando.
—...
Max soltó un grito repentino.
—¡AAAH!
—¡AAAAAAAAH! —Carlos gritó por el susto y se levantó de la silla con un salto, tirando las cosas de la mesa.
Ambos se quedaron mirándose durante unos segundos.
Max frunció el ceño y sus labios temblaron.
—¿Carlos...?
Frente a él, se encontraba Carlos con su clásica vieja bata de laboratorio.
Carlos arqueó una ceja, fastidiado.
—¿Qué fue eso? ¿¡Por qué gritas tan de repente!?
Apretó los puños con rabia.
Max cayó al suelo sin fuerzas.
—Carlos...
—Tráeme agua, me muero de sed.
Carlos soltó un suspiro.
—Cielos, eres bastante problemático.
Se levantó de la “Zona de Trabajo” y de la minirefri sacó una botella de Dr. Pepper.
—Aquí tienes.
Max tomó el refresco con prisa y se bebió la mitad de un solo trago.
—¡Ahhh! Gracias, me salvaste la vida.
—Pero ¿no había otro refresco?
Carlos arqueó una ceja.
—Bueno, sí. Pero la Dr. Pepper es tu favorita, ¿no?
Max soltó un suspiro.
—…
Dudó por unos segundos.
—Es cierto… —admitió Max.
Carlos apartó la mirada.
—No sé cómo puedes tomar eso la verdad…
Max miró la botella de Dr. Pepper en su mano.
—¿No era tu favorita?
Carlos negó con la cabeza.
—No digas eso ni en broma.
—De todos modos…
Hizo una pausa y una sonrisa arrogante se dibujó en sus labios.
—Ahora tienes una deuda de vida conmigo. ¡Jajajaja!
Chasqueó los dedos y se acomodó la bata de laboratorio.
—Ahora que estás despierto, puedes comenzar tus servicios por este laboratorio.
Levantó la barbilla y señaló a Max con el dedo.
—Y, tu primera misión...
Hizo una pausa dramática y de un cajón sacó varias monedas y algunos billetes.
—¡Será ir a comprar hielo!
Con un palmazo dejó el dinero sobre la mesa.
Max miró el dinero sobre la mesa.
Frunció ligeramente el ceño.
—¡Me rehúso!
Agitó los brazos en señal de protesta.
—¿Estás viendo el sol que hay allá afuera?
Señaló con el dedo por la ventana.
—Si salgo moriré calcinado.
Carlos sacudió su bata de laboratorio con movimientos exagerados y le señaló con el dedo.
—Te salvé la vida, es lo mínimo que puedes hacer.
Max permaneció inmóvil por unos segundos.
Finalmente dejó caer los hombros.
—Bien... Iré por hielo —dijo Max.
Un agudo dolor en la cabeza lo hizo dar un paso hacia atrás.
Se llevó la mano a la cabeza.
—¿Te sientes mal? —preguntó Carlos, levantando una ceja.
Max negó ligeramente.
—Solo me duele un poco la cabeza.
Carlos se llevó una mano a la barbilla, pensativo.
—Mmm, entonces cómprate algo para el dolor también.
Carlos dejó un poco más de dinero sobre la mesa.
Los ojos de Max se iluminaron al ver la amabilidad de Carlos.
—¡Oooh! ¡Gracias, jefe!
Max tomó el dinero y salió corriendo antes de que Carlos pudiera arrepentirse.
Hora: 17:02
Max caminó por las calles bajo el calor extremo para cumplir su misión y despejar la mente.
Una sensación de vacío le oprimía el pecho.
“Siento que me estoy olvidando de algo...”
“Ojalá no sea importante…”
Hora: 17:15
La puerta del laboratorio se abrió y la silueta de Max se asomó.
Con las bolsas bajo los brazos, Max entró corriendo al laboratorio.
—¡Acá está el hielo!
Cruzó el laboratorio sin preocuparse en cerrar la puerta primero y metió el hielo en la minirefri.
Cuando terminó de guardar el hielo, se limpió el sudor de la frente con el dorso de la mano.
Carlos asintió levemente y forzó una sonrisa.
Estaba completamente abatido por el calor.
—Buen... trabajo, assistant.
—Ahora por favor, refresquémonos un poco...
Carlos abrió un pequeño compartimiento instalado sobre un ventilador modificado y vació el hielo en su interior.
Max arqueó una ceja al ver el extraño ventilador.
—¿Uh? ¿Qué es eso?
Carlos se giró hacia Max con una sonrisa burlona.
—¿Ya te olvidaste? Pero si lo hiciste tú
Hizo una pausa.
Levantó el dedo índice y lo meneó frente a Max.
—Ay, assistant. Este calor está afectando tu memoria, ¿eh?
Carlos encendió el ventilador con una sonrisa.
Max intentó recordarlo, pero fue imposible.
—¿Lo hice yo...?
—Perdón, seguro es por el dolor de cabeza, pero no recuerdo nada.
—¿Cómo funciona?
El ventilador empezó a soltar aire frío por toda la habitación, enfriando el lugar por completo.
Carlos se paró cerca del ventilador con los brazos extendidos hacia los lados.
—Ahhh...
Puso una expresión de satisfacción cuando el calor se disipó.
—No entiendo del todo cómo lo hiciste…
—Pero, según parece, le adaptaste una especie de mini cooler al ventilador.
Soltó una carcajada y se llevó una mano a la frente con dramatismo.
Max se quedó boquiabierto al escuchar la descripción del aparato.