Año: 2048 - Ciudad: Tokio
Fecha: 17 de diciembre
Hora: 11:02
La puerta del laboratorio se abrió de golpe y Carlos entró dando pisotones.
Al entrar, recorrió la habitación con la mirada buscando a Max.
Frunció el ceño al ver a Max durmiendo sobre el sofá.
—¡ASSISTANT! —Carlos gritó con todas sus fuerzas.
Max abrió los ojos por el susto.
—¿¡Qué pasó!?
Intentó sentarse rápido, pero termino cayendo al suelo.
—¡Auch!
—¿Qué demonios te pasa?
Se llevó la mano donde se había golpeado.
Carlos apretó los dientes.
—Esto no te lo voy a perdonar...
—Maldito Asistente, no puedo creer que me hayas ganado.
Se lanzó contra Max y lo agarró de los hombros.
—¿Cómo pudiste?
Lo sacudió con fuerza.
—¡Maldito traidor!
Max frunció el ceño.
—¡Ya basta!
Se separó de Carlos de un empujón.
—No sé de qué me hablas...
—Primero, explícate.
Se levantó del suelo y se limpió el polvo.
Carlos frunció el ceño.
—Ja, creo que eres tú el que debería explicar lo sucedido.
Se cruzó de brazos y le dio la espalda.
Max frunció el ceño.
— ¿Pero qué cosa sucedió? ¿De qué hablas?
Carlos se dio la vuelta dramáticamente y lo señaló con el dedo.
—¡Assistant! ¡Ya me contaron todo!
Max se encogió de hombros.
—Insisto... ¿De qué hablas?
Carlos golpeó la pared con el puño.
—Tch ¡No te hagas el desentendido, assistant!
—Ya me contaron que ayer unos compañeros de mi clase te vieron caminando por el parque con una chica.
Carlos apretó los puños.
—¿Me vas a decir que no me estás traicionando?
—¿¡Realmente crees que puedes conseguir novia antes que el magnífico “King Scientist”!?
—¡Me niego a aceptarlo!
Max lo miró confundido.
Abrió la boca para contestar, pero las palabras no salieron.
—...
Su mirada pasó de confundida a inexpresiva.
“¿Qué se supone que debo decir?”
“Ni siquiera entiendo de qué me habla.”
El rostro de Carlos se ensombreció al no recibir respuesta.
—Y lo peor de todo... ¡Es que no me dijiste nada!
—Maldita sea... se supone que yo sería el primero de los dos —dijo cayendo al suelo de rodillas dramáticamente.
Max tardó varios segundos en poder reaccionar.
—Espera, espera. ¿La chica de ayer dices?
Se llevó una mano a la cabeza, confundido.
—No entiendo por qué haces tanto drama…
—Pero la chica de ayer era mi hermanita.
—...
Hubo un silencio por algunos segundos.
—¿Eh?
Carlos levantó la cabeza, sorprendido.
—¿Desde cuándo tienes una hermana?
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Max se encogió de hombros.
—Nunca preguntaste.
Carlos soltó un suspiro y desvió la mirada.
—Bien, eso es bueno... Sabía que era imposible que me ganaras —murmuró Carlos para sí mismo.
La expresión de Max se congeló.
—A ver, a ver. ¿Insinúas que no podría conseguir novia antes que tú?
Apretó los puños.
Carlos se encogió de hombros y lo miró burlonamente.
—Sí, eso es justo lo que dije.
Max soltó un bufido.
—No sé de dónde sacas tanta confianza...
Carlos ignoró a Max y caminó hasta la zona de trabajo.
—¿Ya lograste hacerla funcionar?
Sus ojos se posaron en la máquina del tiempo que habían estado trabajando.
Max negó con la cabeza.
—Aún nada, no entiendo qué puede estar fallando...
—Incluso dejé el generador conectado toda la noche.
—Pero el monitor dice que no lleva ni un dos por ciento.
Carlos se llevó la mano a la barbilla para pensar.
—¿Has probado a activarlo ahora? Quizá cambie algo...
Los chicos prepararon el lugar y activaron la máquina.
El plasma brillante azul eléctrico volvió a aparecer como de costumbre.
El edificio se sacudió violentamente.
Tras unos segundos, la máquina se apagó.
Cuando el edificio se dejó de sacudir, ambos se miraron fijamente.
Carlos entrecerró los ojos ligeramente.
—Assistant… ¿viste algo?
Max negó lentamente.
—Nada.
Carlos soltó un suspiro.
—Entonces, ¿qué deberíamos hacer?
—...
—...
Los dos jóvenes se quedaron en silencio, pensativos.
Carlos chasqueó los dedos y una sonrisa se dibujó en su rostro.
—¡Ya sé!
—¡Llevémoslo con mi profesor!
—De todos modos, tengo que ir a entregar un trabajo, así que no estaría de más que lo revisara.
Max dudó unos segundos, pero al final aceptó a regañadientes.
Hora: 14:25
—No debí aceptar... —dijo Max jadeando, intentando levantar la caja que sostenía desde un extremo.
Carlos intentó animar a Max.
—Ya falta... poco para llegar a la terminal.
Agarrando la caja del otro extremo caminaba de forma coordinada con Max.
Max sintió su respiración agitarse.
Cuando llegaron a las escaleras sus ojos se iluminaron.
—Bajemos las escaleras de costado.
—Buena idea, assistant —dijo Carlos con una sonrisa arrogante.
Al llegar a la terminal, esperaron la llegada del tren.
Max miró a Carlos con cara de pocos amigos.
—Espero que haya asiento...
—No seas negativo, asistente —contestó Carlos.
La caja comenzaba a hacerse cada vez más pesada.
Max empezó a sentir que le dolían los brazos luego de un rato.
—Quizá deberíamos empezar a hacer ejercicio…
Carlos lo miró con una expresión de cansancio.
—Puede que tengas razón...
—Pero es suficiente con ejercitar mi cerebro privilegiado.
—El músculo es innecesario para realizar investigaciones como esta. ¡JAJAJA!
Max bajó la mirada con incomodidad cuando las otras personas se voltearon a mirarlos.
Cuando el tren llegó los chicos subieron con prisa y se sentaron en los únicos dos asientos libres.