Elysium Code

Capítulo 9 - Déjà vu

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 18 de diciembre

Hora: 08:42

Cuando Max abrió los ojos, una luz blanca en el techo lo dejó ciego por unos segundos.

Cerró los ojos con fuerza y giró la cabeza.

“Qué brillante.”

Se levantó de la cama aturdido y recorrió con la mirada la habitación.

“Esto es…”

“¿Un hospital…?”

“Pero…”

“¿Por qué estoy aquí?”

Max frunció el ceño y se levantó de la cama.

Sobre la mesa de noche estaba su celular, con la pantalla rota.

Una mancha seca de sangre cubría parcialmente uno de sus bordes.

—Esto es…

De repente, la puerta de la habitación se abrió.

Una enfermera asomó la cabeza.

Al verlo de pie, abrió ligeramente los ojos.

—Vaya… Ya despertaste.

Max no respondió.

Solo la miró en silencio.

La enfermera se acercó un par de pasos.

—¿Cómo te sientes?

Los ojos de Max temblaron.

Recordó todos los eventos de ayer.

El ladrón corriendo por las calles.

El accidente.

Los gritos de Carlos.

Los gritos de las personas.

“¡CRASH!”

El sonido del impacto resonó en su cabeza.

El cuerpo de Carlos.

Inerte.

—¡Guagh…!

Su cuerpo se tensó y unas fuertes arcadas lo obligaron a inclinarse.

Intentó ordenar sus pensamientos.

Pero todo había ocurrido demasiado rápido.

La enfermera dio un paso hacia él.

—¡Oye! ¿Estás bien?

Extendió una mano para sostenerlo.

Pero Max levantó el brazo para detenerla.

Respiró con dificultad.

—…

—Estoy…

Tragó saliva.

—Estoy bien…

—¡GUAGH...!

Sintió que el estómago se le revolvía otra vez.

Con el cuerpo tembloroso salió corriendo hacia la puerta, empujando a la enfermera.

Corrió por los pasillos evadiendo a la gente y a las enfermeras.

“Hermanito…”

La voz de Sofía sonó en su cabeza.

Se detuvo en seco.

“¡Salgamos a comer con mamá y papá otro día!”

Las piernas comenzaron a temblarle.

Miró a sus alrededores.

Recuerdos difusos invadieron su mente.

Él corriendo por los pasillos del hospital.

Los sollozos de sus padres a la lejanía.

Sofía siendo llamada por él.

Un intenso dolor de cabeza lo hizo tambalear.

Se apoyó en una pared para no caer.

Sujetándose la cabeza con una mano, avanzó por el pasillo.

Arrastraba los pies.

Buscaba desesperadamente una salida.

El aire le faltaba.

Cada respiración era más pesada que la anterior.

Necesitaba salir de ahí.

Sentía que, si permanecía un segundo más dentro del hospital, terminaría perdiendo la razón.

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 18 de diciembre

Hora: 09:42

Al salir del hospital caminó por las calles con la cabeza baja.

Con las manos aún temblorosas, sacó el teléfono.

—…

Permaneció en silencio durante todo el trayecto.

“¿Qué hago…?”

Perdido en sus pensamientos, terminó chocando con algunas personas.

Un hombre se giró hacia Max con mala cara.

—¡Fíjate por dónde vas, chico!

Max bajó la cabeza lentamente.

—Lo siento…

Hizo una reverencia para disculparse y se alejó dando zancadas.

Luego de un breve tramo a pie, llegó a la estación del tren y bajó las escaleras.

Usando el poco dinero que traía encima, pagó el ticket del tren.

Cuando finalmente llegó el tren, corrió entre la gente y se sentó en un asiento disponible.

Una vez dentro del tren, respiró hondo.

Bajó la vista hacia el celular.

“Sofía… dime que estás bien.”

Sus labios temblaron.

Tragó saliva y escribió un mensaje con los dedos temblorosos.

Max: Sofía, ¿estás bien?

Max: Por favor, contesta en cuanto veas este mensaje.

Esperó varios minutos.

La respuesta nunca llegó.

—…

Frunció el ceño con impaciencia.

Sin perder más tiempo, dejó de enviarle mensajes y la llamó.

El timbre del teléfono sonó por varios segundos.

Pero nadie contestó…

—¡Tch!

Chasqueó los dientes y volvió a intentarlo.

Una vez.

—…

Dos veces.

—Sofía, ¿Qué estás haciendo?

—…

Tres veces.

—Contesta…

—Contesta.

Nadie contestó.

Apretó el teléfono con fuerza.

Finalmente dejó caer la mano con resignación.

Guardó el celular en el bolsillo.

Un escalofrío le recorrió la espalda.

Un mareo repentino lo obligó a cerrar los ojos por un instante.

Unos minutos después, el tren se detuvo y las puertas se abrieron de par en par.

Max levantó la cabeza ligeramente hacia las puertas abiertas.

Cuando la luz entró por las puertas, sus ojos temblaron.

La idea de volver al laboratorio le pesaba más que el propio cuerpo.

Clavó los dedos en el asiento y soltó un suspiro.

Dejó caer los hombros.

Se puso de pie y salió del tren.

Hora: 11:34

Cuando entró en el pequeño apartamento dejó sus cosas sobre el sofá.

Recorrió la habitación con la mirada.

—…

Apretó con fuerza el borde de la mesa frente a él.

“Lo siento, Carlos.”

“…”

“Por un momento, me olvidé de ti.”

Las lágrimas empezaron a caer sin control.

Levantó la cabeza lentamente y clavó la mirada en la “Zona de Trabajo”.

Sobre la mesa seguían esparcidas las herramientas con las que habían trabajado hasta el día anterior.

Abrió ligeramente los ojos.

“Espera…”

“¿Por qué me estoy lamentando?”

—Je…

Se llevó una mano a la cara y se cubrió el rostro.

—Jejeje.

—Jajaja…

Su cuerpo se inclinó hacia adelante ligeramente.

—Claro…




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