El mundo que todos conocen desapareció y fue reemplazado por un espacio vacío.
La infinita oscuridad del vacío consumía todo a los alrededores y la temperatura bajo cero daba la sensación de estar muerto.
—…
Max abrió la boca, pero el sonido fue devorado por el vacío.
Parpadeó varias veces, pero no podía ver absolutamente nada.
Bajó la cabeza para observarse a sí mismo.
No había nada.
“¿Dónde estoy?”
A pesar de no poder ver su cuerpo, pudo sentir que estaba flotando en medio de la nada.
Intentó mover el brazo, pero su cuerpo no respondió.
—…
Un dolor de cabeza agudo disolvió sus pensamientos. Abrió la boca para gritar, pero nuevamente no hubo sonido.
Sintió como su cuerpo comenzó a congelarse.
Pero…
Una extraña luz apareció a sus espaldas.
Intentó girar la cabeza, pero no pudo.
—¿Qué…?
Las palabras por fin salieron.
La extraña luz detrás de él comenzó a intensificarse y hacerse cada vez más grande.
Su cuerpo, que antes flotaba, dejó de hacerlo.
—¡Aaaaah!
Intentó mover su cuerpo, pero no podía.
A medida que caía, la oscuridad infinita fue cediendo ante aquella luz.
“¿¡Qué está pasando!?”
El dolor en su cabeza se hizo más intenso, al punto de que parecía a punto de explotar.
Todos los músculos de su cuerpo se tensaron.
—¡AAAAGH!
Un pinchazo agudo atravesó su pecho.
Poco a poco, su cuerpo fue perdiendo el conocimiento.
Año: 2048 – Ciudad: Tokio
Fecha: 12 de agosto
Hora: 18:34
—¡AAAAAGH!
Max abrió los ojos y se levantó abruptamente.
Un sudor frío le recorría la nuca.
—…
Durante varios segundos se quedó sin palabras.
Sosteniéndose la cabeza, recorrió lentamente con la mirada el lugar.
Su visión estaba borrosa.
Se encontraba en el laboratorio, sentado en el sofá.
Su respiración agitada empezó a calmarse.
—¿Fue un sueño…?
—¡UGH!
Cerró los ojos con fuerza, su cabeza parecía estar a punto de estallar.
Acompañado de fuertes mareos, fue incapaz de ponerse de pie.
En ese momento, la puerta del laboratorio se abrió y Carlos apareció del otro lado.
—Oh, ya despertaste…
—Llevas casi todo el día durmiendo, ya me estaba preocupando.
Carlos entró en el laboratorio vistiendo una camisa de color blanco y unos pantalones de vestir negros.
Debajo de uno de sus brazos traía una bolsa de supermercado y en su espalda cargaba su clásica mochila.
Max parpadeó varias veces intentando reconocer a Carlos.
“¿Y tu bata de laboratorio?”
Es lo que Max hubiera querido preguntar, pero el dolor de cabeza era tan fuerte que no podía hablar.
—¡Agh!
Su cuerpo se estremeció por el dolor.
Carlos se acercó a Max con preocupación.
—¿Oye, Max? ¿Te sientes bien?
Max abrió los ojos de golpe.
—¿C… Carlos?
—¿Eres tú?
Todo le daba vueltas.
Carlos arqueó una ceja.
—Obvio que soy yo…
—¿Quién otro iba a ser?
Soltó un suspiro, agotado.
—Toma, te traje la medicina para la gripe que me pediste.
Carlos extendió su mano para ofrecerle la medicina.
Max abrió ligeramente los ojos.
—¿Medicina…?
Observó la medicina en las manos de Carlos.
—Olvídalo, te traeré un vaso con agua —dijo Carlos
Negó con la cabeza repetidamente.
Dejó la medicina en la mesa y llenó un vaso con agua.
—Gracias… —dijo Max.
Max se sentó y agarró el vaso con agua que le ofreció Carlos.
Carlos le sonrió amablemente.
—No hace falta que me agradezcas.
—Para eso están los amigos.
Max esbozó una débil sonrisa y se tragó la pastilla con el agua.
—Aahhh…
Se recostó contra el respaldo de sofá y dejó que su cabeza colgara hacia atrás.
Con la vista fija en el techo, dejó que su cuerpo se relajara.
El dolor disminuyó por un momento.
—Oye…
—Carlos.
Dijo con la respiración agitada.
Carlos arqueó una ceja.
—¿Qué pasa?
Max frunció el ceño y levantó ligeramente la cabeza para mirar a Carlos.
—¿Por qué estás vestido así…?
—¿Y qué pasa con esa forma tan normal de hablar?
Carlos se rascó la nuca, confundido.
—¿Qué otra ropa iba a usar si no?
…
Hubo un silencio de varios segundos.
Max soltó una risa incrédula.
—Je.
—¿Y tu bata de laboratorio?
Carlos soltó una risa.
—Está bien que sea un científico, pero eso no significa que tenga que usar batas de laboratorio.
La expresión de Max se ensombreció.
—¿Qué…?
Permaneció inmóvil con la mirada fija en Carlos.
Este no es el Carlos que recordaba.
Lentamente volvió a analizar el laboratorio con la mirada.
Las decenas de cajas apiladas anteriormente en la “Zona de Trabajo” habían desaparecido.
La cocina que normalmente estaba llena de cajas y envases de comida rápida, ahora se encontraba reluciente y ordenada.
Max se quedó sin palabras.
—…
Abrió la boca para hablar, pero las palabras no salieron.
“No…”
“Este laboratorio…”
“¿Siempre fue así…?”
Carlos apoyó una mano sobre el hombro de Max.
—Oye, deberías descansar.
—Luego podemos seguir desarrollando la máquina del tiempo.
Max abrió mucho los ojos al escuchar esto.
Fragmentos de recuerdos confusos invadieron su mente.
“¡BANG!”
El sonido de un disparo.
Una descarga misteriosa.
Un elegante traje color negro con una bata de laboratorio.
Un accidente de auto.
—¡GUAGH…!
Le dio una arcada y se llevó una mano a la boca.
“¿Qué…?”
Sus pupilas se contrajeron.
Carlos sacudió a Max ligeramente por el hombro.
—Oye, Max. ¿¡Estás bien!?