Elysium Code

Capítulo 11 - Un Extraño Conocido

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 19 de agosto

Hora: 18:22

Carlos puso una mano sobre el hombro de Max.

—¡Max!

—¿Qué te pasa?

—¿Otra vez te sientes mal?

Lo sacudió fuertemente.

Max volvió en sí y miró a las dos personas frente a él.

Se llevó una mano a la cabeza y negó varias veces.

—Olvídalo, no pasó nada.

“¿Qué fue eso?”

Sintió un nudo en la garganta.

Clavó una mirada fría hacia el profesor Smith.

Los fragmentos de recuerdos difusos aparecieron en su mente.

La imagen de un hombre vistiendo una bata de laboratorio sobre un elegante traje negro cruzó fugazmente por su mente.

Una pistola.

Un charco de sangre expandiéndose por el suelo.

—…

Sostuvo su cabeza con ambas manos.

—Solo un pequeño dolor de cabeza —respondió Max forzando una sonrisa.

Carlos frunció ligeramente el ceño.

—Oh…

—Bueno, este es el profesor Smith.

Carlos se movió a un costado y señaló al profesor.

El profesor Smith sonrió amablemente y caminó a un extremo de la oficina.

—Carlos, ya me informó de tu enfermedad.

—¿Te gusta el café?

Max negó lentamente con la cabeza.

Se acercó a la cafetera encima de la mesa de madera. Vertió agua en el depósito como para dos tazas. Añadió el café molido en el compartimiento correspondiente con un filtro de papel y encendió la cafetera.

—Bueno, ¿entonces cómo va la máquina?

Smith mantuvo la mirada fija en la caja que estaba en el suelo.

Carlos sonrió con orgullo.

Sacó la máquina del tiempo de la caja y la colocó con cuidado sobre el escritorio.

—He terminado el acelerador de partículas.

Los ojos de Smith se abrieron por la sorpresa.

Max arqueó una ceja.

Miró la cafetera varias veces.

—¿Acelerador de partículas?

—¿En qué momento?

Carlos levantó el índice con aire triunfal.

—Para eso fue modificada esta cafetera…

Max lo miró completamente desconcertado.

—Espera, espera…

Hizo una pausa, intentando procesar la información tan repentina.

—¿¡Me estás diciendo que hemos logrado crear un LHC en miniatura!?

Smith empezó a aplaudir con entusiasmo.

—¡Bravo!

Su sonrisa no dejaba lugar a dudas.

—¡Esto es fantástico!

—Siendo honesto, no pensé que lo lograrías, jajaja.

—Fue todo gracias a sus consejos, profesor —respondió Carlos.

Max ignoró la conversación entre Smith y Carlos y recorrió la habitación con la mirada.

La oficina era más espaciosa que la de otros profesores. El escritorio, ubicado justo delante de la ventana, ocupaba buena parte de la habitación.

A un lado de la habitación había una pequeña mesa con una cafetera de goteo encima.

“Veo que hay un claro favoritismo…”

Max soltó una pequeña carcajada.

—¿Cuál es el siguiente paso entonces? —preguntó Smith.

Carlos se llevó la mano a la barbilla con expresión pensativa.

Max regresó su atención a la conversación de esos dos.

—¿Qué tal un generador de Marx?—preguntó Max.

Carlos ladeó la cabeza, confundido.

—¿Ah? ¿Y eso para qué?

Max bajó la mirada ligeramente.

—Oh, bueno… Esperaba que tú mismo llegaras a la respuesta como siempre.

Cuando la cafetera terminó el café, Smith se apresuró en servir las dos tazas con una sonrisa.

—No entiendo qué es lo que estás diciendo… —contestó Carlos.

Se cruzó de brazos.

—Si siempre llegara a una respuesta sería el mejor científico del mundo.

Max se rascó la nuca con timidez.

“¿Eh?”

“¿Otra vez estoy imaginándome cosas?”

Smith le ofreció una taza de café a Carlos.

—Podríamos usar el generador de Marx para romper el límite de Schwinger —dijo Smith.

Max parpadeó varias veces.

“Claro…”

“¿Cómo se supone que iba a saber eso?”

Carlos se agarró la barbilla.

—¿Y cómo podemos crear ese generador?

El dolor de cabeza de Max regresó repentinamente junto con vagos recuerdos.

—Ugh…

Se agarró la frente con la mano y bajó la cabeza.

Carlos giró la cabeza hacia Max.

—¿Max?

—¿Estás bien?

Se acercó para ayudarlo, pero Max lo detuvo con la mano.

—Condensadores de microondas —dijo Max.

—Podemos usar condensadores de microondas, ¿no?

Carlos y Smith se sorprendieron.

Smith dio un paso hacia adelante.

—Puede que tengas razón. Pero es demasiado peligroso.

—No puedo dejar que los experimentos se vayan por ese lado.

Negó con la cabeza, dejando su taza de café sobre el escritorio.

—Sería una irresponsabilidad de mi parte si los dejo trabajar en algo así.

Carlos asintió suavemente.

Miró a Max unos segundos.

—El profesor tiene razón.

—Será mejor si buscamos otro camino por el cual avanzar.

Max lo miró con una leve sorpresa en el rostro.

—Sí, tienen razón…

—En realidad solo sentí que sería una buena idea.

—Y por eso lo dije.

Hizo una reverencia para disculparse, pero su mirada hacia Smith seguía siendo un poco fría.

Smith miró su reloj de muñeca y la sonrisa en su rostro desapareció.

—Oh, lo siento chicos.

—Ya se hace tarde.

Se disculpó juntando ambas manos.

—Mañana pueden pasar por aquí más temprano para poder trabajar en la máquina.

Ayudó a Carlos a guardar la máquina en la caja y se quitó su bata de laboratorio.

Carlos esbozó una sonrisa.

—A pesar de que no hay clases por el momento, sigo estando muy ocupado, jejeje.

Smith bajó la mirada lentamente.

—De verdad, mil disculpas.

Carlos agitó las manos rápidamente.

—No hace falta que se disculpe, profesor. Ya está haciendo mucho ayudándonos con este pequeño proyecto fantasioso.

Max frunció el ceño ligeramente.

“¿…Fantasioso…?”




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