Año: 2048 – Ciudad: Saitama
Fecha: 22 de agosto
Hora: 11:23
El sol iluminaba la ciudad y la cubría con su manto cálido. El cielo despejado y el bullicio habitual de las calles anunciaban un día completamente normal.
El sonido del tren en marcha y los murmullos de la gente eran lo único que se podía escuchar desde dentro.
El tren se encontraba lleno como de costumbre, sin asientos disponibles por ningún lado. Las personas que iban paradas tenían una expresión de fastidio con el entrecejo arrugado como si fueran a explotar.
Al lado de la puerta, Max estaba parado esperando para llegar a su destino.
—Hace tiempo que no voy…
—Espero que no me digan nada —dijo con tono suave y sonrió incómodamente.
Bajó la mirada lentamente a su pecho.
—Debería comprar más ropa, no puedo creer que solo tenga esto.
Se acomodó la camisa blanca y arregló los bolsillos de su pantalón.
—Al menos así estoy más presentable…
Soltó un suspiro pesado y se colocó las gafas de sol que había traído.
Se miró en el reflejo de la ventana y acomodó un poco el cuello de la camisa antes de posar.
“Pudo ser peor”
De repente, algo llamó su atención.
Al otro lado del tren, cerca de los asientos, una chica de su misma edad y complexión delgada, con el cabello plateado y unos ojos azules brillantes, lo miraba fijamente. Vestía una camiseta blanca con una sudadera abierta de color rosa.
Max tragó saliva, nervioso y arqueó una ceja al verla.
La chica al notar que fue descubierta desvió la mirada rápidamente e ignoró a Max.
Sin embargo, Max se quedó mirándola un rato más.
“Es linda…”
“¿Pero acaso me reconoció de algún lado?”
Nervioso, se volvió a revisar la ropa para asegurarse de que no se veía raro.
“Está todo en orden.”
Soltó un suspiro y se relajó.
“Quizá debería hablarle.”
Sus ojos brillaron con curiosidad.
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el tren se detuvo y las puertas se abrieron.
Las personas empezaron a salir del vagón con prisa y terminaron empujando a Max fuera del tren.
—…
Se quedó mirando el tren alejarse con clara decepción en el rostro.
“Quiero verla de nuevo…”
Bajó la mirada lentamente.
Con el estado de ánimo por los suelos, caminó hasta salir de la estación y sacó su celular.
Entró rápidamente a la aplicación de mensajes y entró al chat de Sofía.
Max: Ya llegué a Saitama, compraré algunas cosas y pasaré por casa.
Hizo una pausa y se mantuvo pensativo.
Max: Si quieres que te traiga algo, avísame.
La respuesta no tardó más de dos minutos en llegar.
Sofía: ¡Sí! ¡Tráeme ese nuevo labial que salió en la tele, también quiero esa crema para las manos con esos empaques super lindos, o también podría ser un polvo facial y un delineador!
—¿Eh?
Max parpadeó varias veces, leyendo el mensaje una y otra vez.
Max: ?
Sofía: ¡Oh, ya sé! ¡También me gustarían unos llaveros del nuevo anime este que salió, mis amigas me han hablado de la historia y la protagonista! ¡Está super de moda!
Max: Sofía… ¿Crees que lavo dinero?
Max: Olvida lo que te dije, no tengo dinero.
Apagó el celular y soltó un suspiro pesado.
—Esta mocosa… ¿cree que me baño en oro acaso?
Negó con la cabeza y sacó su billetera.
—…
Se llevó una mano a la cabeza con resignación y caminó hacia el centro comercial.
Hora: 12:50
Max se detuvo frente a una pequeña casa de dos pisos. La pintura de las paredes comenzaba a desgastarse y el muro de piedra que la rodeaba también mostraba el paso del tiempo. Las ventanas estaban abiertas debido al intenso calor.
Un perro salió de la nada al girar una esquina y se acercó a Max dando pequeños brincos y moviendo la cola alegremente.
—¡Aki! —exclamó Max con alegría.
El perro saltó directamente hacia Max y lo tumbó al suelo.
—¡Ya, ya! ¡Jajajaja!
—Me haces cosquillas.
El alboroto que hizo Max con el perro llegó hasta las personas que estaban dentro de la casa, lo que los hizo salir a ver.
Una señora se asomó por la puerta.
Sus ojos se abrieron ligeramente al ver al chico en el suelo.
—¿Max?
La señora se llevó la mano a la boca por la sorpresa mientras los otros miembros de la familia se asomaban detrás de ella.
Max giró la cabeza hacia la puerta.
—Mamá… he vuelto a casa.
Max esbozó una sonrisa amable hacia su madre.
—Mocoso… hasta que te acuerdas de tu familia. —dijo su padre asomándose detrás de su madre.
Max se rascó la nuca con nerviosismo.
—Je… Estuve bastante ocupado, recién tengo algo de tiempo libre.
—Tomen, les traje algo.
Con ayuda de su padre, apartó con cuidado a Aki y les entregó dos bolsas de papel que traía en las manos.
Su padre miró las bolsas en las manos de Max.
—¿Oh? ¿Y esto qué es? ¿Quieres comprarnos con regalitos?
Su padre arqueó una ceja y tomó la bolsa a regañadientes.
Sofía apareció poco después de escuchar el escándalo.
—¿Qué está pasando aquí afuera?
—No me dejan escuchar mi serie…
Sofía abrió los ojos al ver a Max sentado en el suelo.
—¿Hermano? Al final sí viniste.
Max frunció el ceño tras estas palabras.
—¿De qué hablas?
—Te dije que iba a venir.
Sofía puso los ojos en blanco.
—Sí, pero ya sabes. Pensé que quizá pasaría otro imprevisto y te regresarías a Tokio como siempre.
Sofía se mantuvo inmóvil, pero clavó su mirada fría en Max.
Max se cruzó de brazos y le devolvió la mirada a Sofía.
La madre de Max soltó un suspiro con resignación.
—Bien, bien. Basta de peleas, entren de una vez. Ya voy a terminar de cocinar.
Los dos desviaron la mirada al mismo tiempo.