Elysium Code

Capítulo 13 - La verdad

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 23 de agosto

Hora: 12:34

La tarde había llegado y con ella el calor abrasador del día.

Dentro del laboratorio, Max se encontraba recostado en el sofá y Carlos estaba parado al lado de la entrada.

—Date prisa, Max.

Carlos abrió la puerta del laboratorio y tomó la caja del suelo en brazos.

Max se levantó del sofá y bostezó.

—Sí, sí, ya voy.

Se frotó los ojos y parpadeó varias veces.

Frunció el ceño.

—Creo que necesito lentes.

Carlos arqueó una ceja.

—¿No puedes ver?

Max negó con la cabeza lentamente.

—No es algo tan grave, aún es leve.

—Solo no esperes que se ponga peor —dijo Carlos.

Max se acercó a Carlos y lo ayudó a cargar la pesada caja.

—Tranquilo, no lo haré.

Max le dedicó una sonrisa tranquila.

Carlos soltó un suspiro y salió del laboratorio junto con Max mientras cargaban la caja.

—Voy a pedir un taxi, Max.

—Ayúdame con esto, un poco —dijo Carlos sacando su celular.

Max se puso nervioso y lo detuvo con una mano.

—¡Espera, espera!

—¡Yo creo que deberíamos ir en tren!

Se rascó la nuca.

—Así podemos ahorrar dinero también.

Soltó una pequeña risa.

Carlos arqueó una ceja.

—Ni de broma. Si no encontramos asiento, tendremos que ir de pie todo el camino.

Carlos negó con la cabeza y volvió su atención al celular.

Max agitó los brazos nerviosamente.

—¡Es que últimamente no estamos bien de dinero!

Bajó un poco la voz.

—No podemos gastarlo así como si nada…

Carlos lo miró fijamente por unos segundos y suspiró.

—Que no, que no.

—Si tantas ganas tienes de ver a esa chica del tren de nuevo, le hubieras hablado esa vez que tuviste oportunidad.

Max permaneció inmóvil mientras un leve rubor aparecía en su rostro.

Bajó la cabeza en señal de derrota.

—Tienes un punto…

Giró la cabeza para ocultar la vergüenza.

—No le daré más vueltas… Solo pide el taxi para irnos de una vez.

Hora: 14:24

Carlos y Max cruzaron la entrada de la universidad con la caja en brazos.

Varios profesores y guardias los observaron con curiosidad, pero estaban demasiado ocupados como para detenerlos.

Smith salió de su oficina. Llevaba la bata de laboratorio sobre su habitual traje negro.

Levantó la mano para saludar a los jóvenes.

Max lo miró fijamente por unos segundos.

Frunció el ceño cuando un dolor punzante le atravesó la cabeza.

—Ugh…

Un fuerte mareo lo invadió de golpe.

Cerró los ojos con fuerza y su cuerpo se tambaleó un poco.

—¿Te sientes bien? —preguntó Carlos.

—Recuerda que tienes que descansar.

Max miró a Carlos con cara de pocos amigos sin decir ni una palabra.

Carlos apartó la mirada.

—Bueno, bueno…

—La próxima vez no te haré cargar esta caja.

Se encogió de hombros.

Smith. que había estado observando la escena desde lejos, se acercó.

—Es bueno verte de vuelta, Max.

Smith esbozó una gran sonrisa.

—No se preocupen, yo llevo la caja.

Tomó la caja en brazos con facilidad y luego miró a Max con preocupación.

—Max, estás pálido… ¿Te sientes bien?

Max asintió débilmente.

—Es su enfermedad, ya se lo había contado, profesor —dijo Carlos apoyándose en una pared para descansar.

Smith entrecerró los ojos ligeramente y tras pocos segundos, recuperó su semblante amable de siempre.

—Ya veo… Si hay algo en lo que pueda ayudar, háganmelo saber y ayudaré con gusto.

Los ojos de Carlos brillaron con admiración.

—Profesor… Usted es un ángel, de verdad.

—Gracias… —dijo Max con voz débil.

Smith soltó una carcajada nerviosa y caminó hasta su oficina.

—Esto no es nada, de verdad.

Al entrar dejó la caja en el escritorio.

Max miró hacia los extremos buscando la cafetera de Smith, pero no la vio por ningún lado.

Un extraño presentimiento surgió en lo más profundo de su subconsciente.

"¿Por qué siento que algo no anda bien…?"

Negó con la cabeza rápidamente y respiró lentamente para tranquilizarse.

—Profesor Smith, ¿qué le pasó a su cafetera?

El cuerpo de Smith dio un ligero brinco y su expresión se congeló por unos segundos.

—Oh… Se averió.

Bajó la cabeza lentamente en señal de derrota.

Carlos se llevó las manos a la cabeza de forma dramática.

—Nooo, eso es terrible.

—¿El profesor es adicto al café, sabías? —dijo mirando a Max.

Max frunció ligeramente el ceño.

Otra vez, las imágenes incompletas de algo que desconocía aparecieron en su cabeza como recuerdos perdidos.

Una cafetera.

Una descarga.

Un disparo.

Un accidente.

Una persona misteriosa con bata blanca.

Y una risa que le resultaba familiar.

"Je…"

"Jejeje."

"¡JAJAJAJAJA!"

La visión de Max se puso borrosa y a duras penas se mantuvo de pie cuando los fragmentos de memorias incompletas cesaron.

"No… Algo definitivamente no está bien."

Se sostuvo la cabeza con la mano y lentamente levantó la vista hacia Smith.

—Profesor Smith…

Su voz salió débil y algo ronca.

Intentó hablar nuevamente, pero las palabras no salieron.

—…

Tragó saliva y relajó la garganta.

—¿Tiene un vaso con agua?

Smith abrió los ojos y puso expresión preocupada.

—Oh, no. Lo siento.

—Justo iba a salir para comprar agua cuando los vi en el pasillo.

Puso su mano sobre el hombro de Max.

—Trata de respirar lentamente, con calma.

—Iré a comprar el agua y vuelvo lo más rápido posible.

De repente, Carlos que estaba escuchando todo en silencio, abrió la boca.

—No hace falta, profesor. ¡Yo puedo ir!

Carlos lo interrumpió y con prisa salió corriendo de la oficina, dejando a Max y Smith solos.




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