Elysium Code

Capítulo 14 - Desfase

El cuerpo de Max se hundía lentamente en una espesa neblina de color negro.

—¿...Quién soy...?

Su voz denotaba una confusión y debilidad extrema.

A medida que su cuerpo llegaba cada vez más al fondo de ese abismo de niebla y vacío, la bruma lo iba consumiendo.

Sus párpados se movían lentamente mientras su mirada se perdía en el vacío de la densa niebla.

—Eres Max.

Una voz misteriosa resonó detrás de él.

Sus ojos se abrieron ligeramente al escuchar dicha voz.

—Soy... ¿Max?

Su boca se quedó ligeramente abierta mientras intentaba procesar aquellas palabras de esa voz misteriosa.

—Tienes que despertar.

La voz resonó nuevamente con un eco estruendoso.

Los labios de Max temblaron ligeramente antes de abrir la boca.

—¿...Quién eres...?

Una voz apagada escapó de sus labios.

La niebla a su alrededor se comenzó a disipar lentamente.

Una luz blanca brillante comenzó a emerger en cuanto la niebla se hizo a un lado.

—Tienes que recordar.

Un dolor pulsante atravesó su cabeza.

Y en la niebla oscura, cientos de imágenes se proyectaron como si fueran una película.

Las imágenes mostraban los recuerdos rotos de una vida que Max no reconocía.

A medida que fue cayendo, las imágenes desordenadas comenzaron a ordenarse como si de un rompecabezas se tratase.

La respiración de Max se aceleró ligeramente y se llevó una mano al pecho cuando su corazón pareció encogerse bruscamente.

Sus pupilas se contrajeron violentamente.

—Tengo que recordar...

—...

Hubo una pausa mientras su cabeza terminaba de ordenar aquellas imágenes.

—Claro...

Su cuerpo se tensó ligeramente y su voz tembló bruscamente.

Una sonrisa nerviosa se dibujó en su rostro.

—Tú eres Max...

—Yo soy Max.

La voz misteriosa y Max hablaron a la vez.

—Y eres... un viajero en el tiempo.

—Y soy... un viajero en el tiempo.

Las dos voces se sincronizaron en medio del vacío blanco de luz brillante.

La niebla finalmente terminó de disiparse y el cuerpo de Max que estaba pálido recuperó su color.

El mundo a su alrededor comenzó a quebrarse y la realidad empezó a desaparecer cuando una extraña oscuridad emergió de la nada consumiéndola poco a poco.

—Yo, soy tú.

La extraña voz de su subconsciente habló una última vez antes de que la oscuridad lo consumiera todo.

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 31 de agosto

Hora: 13:32

Max abrió los ojos y despertó nuevamente en el hospital.

—Otra vez, estoy acá...

Su voz salió tan débil como un susurro.

Se miró las manos con algo de incredulidad.

Su cabeza era un caos de zumbidos, pero no le dio importancia y una sonrisa se dibujó en su rostro.

Recordó el sueño que acababa de tener y las imágenes ahora ordenadas aparecieron en su mente.

—Je.

—Jejeje...

Se llevó una mano a la cabeza e intentó contener la risa.

—Funcionó... —dijo en voz baja.

—¡JAJAJAJAJA!

Las carcajadas salieron de su boca frenéticamente.

Unas lágrimas brotaron de sus ojos y su sonrisa se ensanchó.

—Realmente funcionó...

Sus pupilas temblaban violentamente mientras procesaba toda la información en su cabeza.

—Lo logré...

Cerró los ojos con fuerza y respiró con tranquilidad.

De repente, abrió los ojos y giró la cabeza hacia la mesa de noche.

—¿Qué día es hoy?

Encendió la pantalla para ver la fecha y hora.

—Treinta y uno de agosto...

—...

—He vuelto al pasado, pero... ¿Y ahora qué? —murmuró con desconcierto.

Frunció el ceño cuando un ligero dolor de cabeza lo afectó.

Entonces, la imagen de Smith y la del hombre misterioso que le disparó aparecieron al mismo tiempo en su mente.

Su respiración se agitó y su corazón se aceleró.

Un dolor punzante atravesó su pecho y su pierna.

—Ugh...

Entrecerró los ojos ligeramente y su cuerpo se relajó un poco.

—Smith...

—Es posible que...

—... ¿sea él?

Apretó los puños con fuerza y miró hacia la puerta en cuanto comenzaron a sonar los pasos de alguien acercándose.

La puerta se abrió de golpe y Smith entró a la habitación del hospital con dos botellas de agua en la mano.

Los ojos de Smith se abrieron por sorpresa cuando vio que Max se había despertado.

El cuerpo de Max se congeló cuando Smith entró.

—Max, ¿finalmente despertaste?

Smith se quedó momentáneamente boquiabierto.

Dejó las botellas en la mesita.

—Nos tuviste bastante preocupados.

Le dedicó una pequeña sonrisa y de repente se llevó las manos a la cabeza con nerviosismo.

—¡Oh! ¡Espera, espera!

—¡Voy a llamar a los enfermeros!

Smith salió corriendo con una expresión de preocupación en su rostro.

Max frunció el ceño.

Sus pensamientos caóticos lo carcomían por dentro.

Tragó saliva.

“Es él...”

“Tiene que ser él, ¿verdad?”

“No me estaré equivocando... ¿no?”

Pensó en los momentos que había compartido con Smith y Carlos, intentando encontrar una grieta en su fachada de hombre amable, pero fue inútil.

Smith parecía de verdad una persona realmente bondadosa, casi como un ángel.

Tras varios segundos, la puerta de la habitación se volvió a abrir.

Smith entró acompañado de algunos enfermeros.

Con el teléfono en el oído le dedicó una sonrisa a Max.

—Ya le avisé a Carlos, estará aquí lo más pronto posible.

Esa sonrisa...

Hizo que la amargura en el corazón de Max se intensificara.

—¡Tch!

Max chasqueó los dientes al sentir una ligera culpa.

Uno de los enfermeros se acercó a Max.

—Necesitamos que te acuestes nuevamente, ya has tenido dos recaídas en menos de un mes así que vamos a tener que hacerte varias pruebas.




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