Elysium Code

Capítulo 17 - Dos Versiones

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 10 de septiembre

Hora: 13:48

Las puertas del auditorio se abrieron de par en par.

Carlos y Max salieron agotados, bostezando.

Max se frotó los ojos con el dorso de la mano.

—No puedo quedarme ni un minuto más en ese lugar…

Carlos soltó una ligera carcajada.

—Tienes razón, la única conferencia buena fue la del profesor Smith.

Max no respondió.

Caminó con la cabeza baja.

Su expresión se ensombreció.

“El mundo ha cambiado…”

Levantó la mirada lentamente.

Observó la espalda de Carlos frente a él.

Durante un instante…

La camisa oscura desapareció.

En su lugar volvió a aparecer aquella vieja bata de laboratorio.

Carlos se pasó una mano por el cabello.

Por un momento quedó completamente despeinado.

La sonrisa confiada.

La postura arrogante.

La forma despreocupada de caminar.

Era él.

El antiguo Carlos.

O, mejor dicho…

El verdadero Carlos.

Max sintió que el corazón le daba un vuelco.

Bastó un parpadeo.

La bata se desvaneció.

El cabello volvió a estar cuidadosamente peinado.

Los hombros se enderezaron.

La camisa negra regresó.

Frente a él solo seguía caminando Carlos.

El Carlos de aquella línea del mundo.

—…

Carlos miró sobre su hombro.

—¿Pasa algo?

Se acercó a Max con una sonrisa.

Max lo observó unos segundos antes de soltar un suspiro.

—No… Estoy bien.

Desvió ligeramente la mirada.

—Solo estaba pensando en la conferencia de Smith…

Carlos se encogió de hombros.

—Es una buena hipótesis la que presentó. Sin embargo…

—Es imposible de demostrar, ¿no?

—Para empezar, la simple idea de viajar a través de “líneas de mundo” o en el tiempo ya es una fantasía.

Max forzó una sonrisa y asintió.

—Sí, viajar en el tiempo suena algo imposible…

—Pero aun así, estamos haciendo una máquina del tiempo, ¿no?

Carlos soltó una carcajada.

Comenzó a caminar nuevamente y miró a Max de reojo.

Esbozó una gran sonrisa.

—El mundo lo llama fantasía… Pero para mí, es solo un futuro que todavía no he reclamado.

Se detuvo en medio pasillo de la universidad y se giró hacia Max.

Le apuntó con el dedo índice.

—Crearemos la primera máquina del tiempo.

—Y obligaremos al mundo a que se arrodille ante nosotros.

Max abrió los ojos ligeramente.

Un brillo apareció en ellos.

“El mundo cambió… pero en el fondo tus ideales siguen siendo los mismos…”

Max sonrió ampliamente.

Extendió los brazos hacia los lados y soltó una carcajada.

—¡Bien! ¿Entonces qué estamos esperando?

Carlos se sorprendió al ver el cambio de actitud de Max.

—Je… Has cambiado, ¿sabes?

Max frunció ligeramente el ceño.

Su sonrisa se congeló.

—He… ¿cambiado?

Carlos asintió.

—Pareces bastante dispuesto a trabajar en la máquina del tiempo.

—Todavía me acuerdo cuando me dijiste que no valía la pena invertir tiempo en ella.

Se rascó la nuca y forzó una sonrisa.

—Nunca me dijiste qué te había pasado, simplemente un día llegaste al laboratorio y comenzaste a quejarte de todo.

Se llevó una mano a la barbilla mientras pensaba.

El corazón de Max dio un vuelco.

Intentó hablar, pero las palabras se atoraron en su garganta.

Bajó la mirada hasta sus manos.

“Entonces este no soy yo…”

Entonces Carlos levantó el dedo índice.

—Es verdad, ya recordé.

—Dijiste que debería comportarme como alguien más serio. Y que no actuara como alguien inmaduro.

Carlos soltó una risa incómoda.

—La verdad…

—Fuiste bastante duro conmigo ese día.

Se rascó la nuca con incomodidad.

Max permaneció en silencio.

Carlos bajó la mirada unos segundos.

—Después dejaste de venir al laboratorio.

—Supongo que… me hizo pensar.

Se encogió de hombros.

—Fue ahí cuando decidí tomarme los estudios más en serio.

Sonrió con naturalidad.

—Y poco después conocí al profesor Smith.

Max tragó saliva.

Sus pupilas temblaban.

Su cuerpo no le respondía.

“¿Yo hice eso…?”

“¿Yo hice que las cosas cambiaran?”

Con el brazo temblando ligeramente, se sostuvo la cabeza.

Sin levantar la mirada, entrecerró los ojos y suspiró.

Carlos frunció el ceño.

—…

Max intentó recordar todo lo que dijo Carlos, pero fue imposible.

“No puedo recordar nada…”

Carlos colocó una mano sobre su hombro.

—No hace falta que lo recuerdes, de seguro tu enfermedad está afectando tus recuerdos.

—Lo único que importa es que no recaigas de nuevo.

Carlos sonrió gentilmente.

—Si quieres trabajar en la máquina del tiempo, entonces vamos al laboratorio de investigación.

—Esta mañana la traje conmigo.

—Smith dijo que nos ayudaría con gusto.

Al escuchar el nombre de Smith, las imágenes de su otra vida cruzaron la mente de Max.

Se quedó inmóvil.

“Smith… ¿quién es en realidad?”

Apretó los puños.

“Tengo que contarle la verdad a Carlos…”

“Aunque no me crea…”

Max levantó la mirada hasta la espalda de Carlos alejándose por el pasillo.

—¡Carlos, espera!

Apretó los dientes y respiró hondo.

—Yo…

—…

Carlos ladeó ligeramente la cabeza.

—¿Qué pasa?

Max relajó los hombros.

Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa.

“No…”

“Él me creerá.”

Miró fijamente a Carlos a los ojos.

El ambiente se sentía pesado.

Intentó respirar, pero se sentía difícil.

—La realidad es que yo…

De repente, fueron interrumpidos cuando Smith apareció con sus papeles en brazos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.