Año: 2048 – Ciudad: Tokio
Fecha: 15 de octubre
Hora: 09:05
Carlos y Smith se encontraban trabajando en la máquina del tiempo, en el laboratorio de investigación.
Durante las últimas dos semanas y media, Max había intentado convencer a Carlos de que no confiara tanto en Smith.
Al final, aquella discusión terminó con Max expulsado temporalmente del proyecto.
Carlos soltó un quejido de molestia.
—Profesor, esto es inútil...
—La cafetera prende y las partículas aceleran hasta casi la velocidad de la luz.
—Pero no hay ningún resultado.
Soltó un suspiro.
Smith se llevó una mano a la cabeza.
—Sí...
—Es tan frustrante...
Dejó escapar una risa desanimada.
—Estoy comenzando a perder las esperanzas...
Carlos soltó un bufido.
—No diga eso, profesor.
—Usted ha aportado más que nadie en este trabajo.
Smith se rascó la cabeza y esbozó una sonrisa.
—Debería dejar que Max se involucre, ¿no lo crees?
—De sus tres ideas que dio en su momento, dos han funcionado.
—A veces parece entender este tema mejor que nosotros.
Una risa se escapó de sus labios.
Carlos frunció el ceño.
—Sí...
—Parece que sabe más de lo que aparenta.
Recordó vagamente la conversación con Max semanas atrás.
Smith asintió ligeramente.
—Tal vez ha estado estudiando en secreto para sorprendernos.
—¡Haha!
—¡That would be great!
Carlos sonrió ligeramente.
—Es raro escucharlo hablar en inglés, profesor.
—Habla tan bien el japonés que no parece extranjero.
Smith asintió ligeramente.
—Ya me acostumbré al japonés, pero a veces se me escapa el inglés, jajaja.
Carlos bajó la mirada.
“Sí...”
“Quizá debería traer a Max de regreso.”
Año: 2048 – Ciudad: Saitama
Fecha: 15 de octubre
Hora: 11:45
El tren se detuvo en la estación como siempre.
La gente comenzó a bajar y entre ellos estaba Max.
Caminó cabizbajo.
—No entiendo...
—¿Por qué las cosas han cambiado tanto?
Soltó un suspiro y miró sobre su hombro al interior del tren.
—Otra vez no pude encontrarme con ella.
—Ari...
—¿Dónde estás?
El teléfono de Max sonó con el característico timbre de llamada.
—¿Uh?
Sacó el celular del bolsillo y miró la pantalla.
—¿Sofía?
Levantó ligeramente una ceja y contestó la llamada.
—¿Hola?
—Sofía, ahorita estoy algo ocupado...
—Si quieres pode—
Una voz entrecortada por la mala señal llegó desde el otro lado del teléfono.
—¡M...MAX! ¡AY...UD...A! —la voz de Sofía sonó casi inentendible.
Max se quedó inmóvil, procesando aquellas palabras.
“¿Ayuda...?”
Tardó unos pocos segundos en reaccionar y sus ojos se abrieron de golpe.
—¡SOFÍA! ¿¡QUÉ TE PASÓ!?
—¡OYE, SOFÍA! ¡RESPONDE!
Hubo un silencio del otro lado.
—C...ASA.
La llamada se cortó abruptamente.
—¿¡SOFÍA!?
La respiración de Max se aceleró. Salió corriendo con el celular aún en la mano.
“¡Sofía!”
“Sofía...”
Tragó saliva.
Intentó llamar a Sofía nuevamente pero no contestó.
“¡Mierda, mierda, mierda!”
También intentó llamar a sus padres.
Nadie contestó...
Un mal presentimiento surgió en su interior.
“Por favor, por favor, por favor...”
Y sin importarle chocar con la gente, avanzó sin detenerse.
Hora: 12:13
Max no dejó de correr hasta quedar a una sola calle de la casa de sus padres.
Levantó la vista hacia el cielo y vio, a lo lejos, una columna de humo negro.
Se apoyó sobre sus rodillas para recuperar el aliento.
Volvió a correr hasta llegar a la otra calle.
Su cuerpo se congeló.
La casa de sus padres ardía por completo.
Las llamas la consumían sin dar tregua.
Frente a la casa, había una ambulancia, un coche patrulla y un camión de bomberos.
Sus ojos se contrajeron.
Las piernas comenzaron a temblarle violentamente.
“Mamá...”
Avanzó unos pasos.
Su respiración se agitó más.
“Papá...”
Extendió una mano hacia la casa.
Un policía que se percató de la presencia de Max lo detuvo antes de que se acercara más.
—¡Oye, chico!
Puso una mano sobre el hombro de Max y lo detuvo.
—No puedes avanzar más.
—¿Conocías a la familia?
Una vecina, al ver a Max, se llevó una mano a la cara y se tapó la boca.
—Él es el hijo mayor de los Aoyama...
El policía asintió y trató de calmar a Max.
—Basta, chico. Tu familia está bien...
—Hemos rescatado a tus padres con éxito.
Max se giró para ver al policía, el color regresó a su rostro al escuchar estas palabras.
Soltó un suspiro de alivio.
Pero, rápidamente miró a la casa en llamas y de nuevo al policía.
—¿A mis padres...?
Sus ojos se abrieron de golpe.
Agarró al policía por el cuello del uniforme.
—¿¡Y SOFÍA!?
—¿¡DÓNDE ESTÁ MI HERMANA!?
El policía que estaba forcejeando para librarse del agarre de Max se congeló bruscamente.
—¿Hay alguien más en la casa...?
Max dejó escapar un jadeo errático y estrangulado.
Empujó al policía al suelo y entró corriendo a la casa.
—¡OYE! ¡DETENTE!
Los gritos de los vecinos y los paramédicos llegaron desde detrás de Max.
Pero los ignoró.
Entró en la casa mientras las llamas la consumían.
—¡SOFÍA! —gritó el nombre de su hermana con fuerza.
Comenzó a toser por el humo.
Sus manos temblaban por la desesperación.
De pronto, un sonido llegó a sus oídos.
—Hermano...
Era la voz de Sofía. Venía del segundo piso.
Max subió las escaleras de dos en dos, cubriéndose la boca con el antebrazo.