Año: 2048 – Ciudad: Tokio
Fecha: 15 de octubre
Hora: 18:47
A través del parabrisas, la silueta nocturna de Tokio comenzó a acercarse de forma imponente, iluminada por miles de luces que pasaban como destellos difusos.
Los minutos pasaban. El taxímetro parpadeaba sobre el tablero, cambiando cifras con una velocidad cruel.11,400 yenes... 12,000 yenes...
Max miró de reojo la pantalla del celular.
“Solo me quedan 15,000 yenes...”
“Si mis padres no me hubieran dado esto...”
Apretó los puños.
Cuando el taxi llegó a la universidad, el taxímetro marcaba 14,500 yenes.
Max tragó saliva y pagó rápidamente.
Al bajar del carro, cruzó la entrada de la universidad a toda prisa.
Sentía su corazón latiendo con fuerza.
La universidad estaba en un silencio profundo.
Una quietud angustiante.
—Por favor...
Subió las escaleras y corrió por los pasillos.
Al ver la luz del laboratorio de investigación encendida, sintió un alivio tremendo.
—Está bien... Todo estará bien.
Abrió la puerta del laboratorio y entró.
Dentro se encontraban Carlos y Smith con el ceño fruncido.
Los dos se giraron al escuchar el sonido de la puerta y, al ver a Max, se sorprendieron.
—¡OH! ¡MAX!
Smith esbozó una gran sonrisa y se acercó.
Pero se detuvo al ver el cuerpo vendado de Max.
—Oh, God. ¿Qué te pasó?
Carlos arqueó una ceja.
—¿Estás bien?
Max asintió levemente.
—No se preocupen, estoy bien.
Hizo una pausa y clavó la mirada en la máquina del tiempo sobre la mesa.
—Vamos a trabajar en la máquina del tiempo, ¿no?
—Preocupémonos en hacer que funcione...
La sonrisa de Smith se ensanchó al ver que Max estaba bien y soltó una carcajada.
—¡JAJAJAJA!
—¡Bien dicho!
Se acercó a la mesa de trabajo y señaló la máquina del tiempo.
—Ahí está.
—No hemos podido avanzar mucho...
Sonrió con desgana.
Carlos frunció ligeramente el ceño.
Observó el cuerpo vendado de Max.
Finalmente, ante el desinterés de Max, soltó un suspiro.
—Podemos hacer que las partículas aceleren, pero no pasa nada más.
—¿Qué crees?
Max entrecerró los ojos ligeramente.
Recorrió la mesa con la mirada.
Arqueó una ceja, confundido al ver unas bujías de auto.
—¿Y esas bujías de auto?
Carlos se encogió de hombros.
—Es más seguro que el generador de Marx que mencionaste la otra vez.
—Pero no está funcionando...
Apretó los labios y clavó la mirada en Max.
“¿De verdad vienes del futuro...?”
Desvió la mirada hacia Smith.
—Profesor...
—Ahora que Max está acá...
—Yo creo que deberíamos darle una oportunidad al generador de Marx.
Carlos se llevó una mano al pecho.
—Confíe en nosotros.
Smith negó con la cabeza.
—Es muy peligroso, lo siento.
—¿Qué clase de profesor sería si los dejara hacer algo así?
Max levantó el dedo índice con una sonrisa.
—Yo ya he trabajado antes en un generador de Marx.
—Sé cómo hacer uno sin riesgos, lo juro.
Smith entrecerró los ojos ligeramente.
Se llevó la mano a la barbilla.
Tras varios segundos de duda, exhaló con desgana.
—...
—Está bien.
Dejó caer los hombros, rendido.
—Bien, pero ¿cómo lo haremos?
Miró a Carlos fijamente.
Pero Carlos no se movía.
Su cuerpo se congeló.
Su mirada estaba perdida en la nada con las pupilas temblando.
Max frunció el ceño.
—¿Carlos...?
De repente, el intenso dolor de cabeza volvió.
—Agh...
Cerró los ojos con fuerza e, ignorando el dolor, se acercó a Carlos con preocupación.
Intentó sacudir a Carlos por el hombro.
Pero Carlos reaccionó y empujó el brazo de Max.
Los labios de Carlos se curvaron en una gran sonrisa.
Con naturalidad, se llevó dos dedos a la frente.
—Jejeje...
Su cuerpo se retorció ligeramente con la risa.
Posó dramáticamente, peinándose el cabello hacia atrás.
Con una sonrisa arrogante, observó a las dos personas frente a él.
—JE.
Los ojos de Max temblaron al ver aquella escena.
Esa sonrisa arrogante lo hizo recordar.
Dio unos pasos hacia atrás por la sorpresa.
“Es igual...”
Su cuerpo se tensó ligeramente.
“...que antes.”
Sintió que algo dentro de él volvía a su lugar.
Carlos recorrió el laboratorio con la mirada.
Al encontrar lo que buscaba, levantó ligeramente la cabeza.
Extendió el brazo y señaló una caja debajo de una de las mesas.
—Supuse que algún día llegaríamos a esto...
Smith se llevó una mano a la nuca, confundido por la nueva actitud de Carlos.
Max se acercó a la caja y al ver el contenido abrió los ojos, sorprendido.
—¡Esto es...!
Dentro de la caja había muchos condensadores de microondas viejos.
—¡JAJAJAJAJAJA! —Carlos se rio fuertemente.
Smith miró a Carlos, desconcertado porque no entendía qué estaba pasando.
—Carlos, ¿estás bien?
—Estás actuando raro...
Smith frunció el ceño.
Max miró sobre su hombro a Carlos.
“Esa risa...”
Su cuerpo tembló ligeramente.
“¿La línea se está corrigiendo...?”
Abrió la boca para hablar, pero las palabras no salieron.
Carlos miró a Smith con una sonrisa arrogante.
—Oh, profesor. No podría estar mejor.
—Siento que por fin he despertado de un largo sueño, jejeje.
Max permaneció inmóvil.
—...
Poco a poco...
Una sonrisa apareció en su rostro.
“Si...”
“Este es Carlos.”
“Ha vuelto...”
Volcó el contenido de la caja sobre la mesa.
Los condensadores chocaron unos contra otros con un ruido metálico.