Elysium Code

Capítulo 19 (Parte 3) - Colapso

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 15 de octubre

Hora: 01:15

El hombre enmascarado forcejeó con todas sus fuerzas.

—¡Suéltenme, malditos!

Smith recogió el arma del suelo.

Comprobó el cargador.

—Quedan trece balas...

Bajó lentamente el arma.

Entrecerró los ojos.

—Venía preparado.

Su expresión se ensombreció ligeramente.

Carlos esbozó una amplia sonrisa y miró a Erlkönig con rencor.

—¡Ponte de rodillas contra la pared! —gritó Carlos.

Lo empujó al suelo de una patada.

Erlkönig cayó con un golpe seco.

Carlos se inclinó sobre Erlkönig y, sin mucho esfuerzo, le arrancó la máscara.

El hombre sonrió con tranquilidad.

—¿Feliz?

—¿Esperabas algo diferente?

Su rostro era completamente corriente, aunque era evidente que se trataba de un extranjero.

Carlos lo observó con el ceño fruncido.

—¿Quién demonios eres?

—¿Quién te envió?

—¿Cómo conocías la máquina del tiempo?

Erlkönig mantuvo la sonrisa.

No dijo una sola palabra.

Smith soltó un suspiro.

—Olvídalo.

—No va a hablar.

De pronto, varios pasos resonaron en el pasillo.

La sonrisa de Erlkönig se ensanchó.

—Parece que se les acabó el tiempo.

El rostro de Max palideció.

Smith giró bruscamente hacia la puerta.

—Tenemos que bloquear la puerta.

—¡Carlos, ayúdame!

Sin perder un segundo, ambos arrastraron un casillero metálico hasta atravesarlo frente a la entrada.

Los pasos se detuvieron justo al otro lado de la puerta.

El laboratorio quedó en un silencio absoluto.

Un segundo.

Dos.

¡BAM!

El primer golpe estremeció la puerta.

Luego vino otro.

Y otro más.

Los impactos comenzaron a repetirse con una violencia creciente.

—¡Abran la puerta! —gritó una voz desde el otro lado.

Los golpes se volvieron aún más violentos.

Entonces, la sirena de una patrulla sonó a lo lejos.

Max levantó la vista hacia la ventana.

Los cables casi se le resbalaron de las manos.

Al otro lado de la puerta...

Los golpes cesaron de golpe.

Uno de los hombres habló.

—No podemos perder más tiempo.

—¡Apártense!

¡BANG!

El disparo hizo temblar toda la habitación.

Una bala atravesó la puerta de acero y el casillero como si fueran papel.

¡BANG! ¡BANG! ¡BANG!

Una lluvia de disparos atravesó la barricada.

El objetivo no eran ellos...

Era la máquina del tiempo.

Las balas recorrieron la habitación, rozando y dañando ligeramente la máquina del tiempo.

Smith apretó los dientes.

—¡Maldita sea!

Smith se lanzó instintivamente hacia la mesa para cubrir la máquina con su propio cuerpo.

Una de las balas rebotó en dirección a Carlos.

—¡UGH!

Carlos sintió un latigazo de dolor en la pierna.

Cayó de rodillas.

La sangre comenzó a gotear sobre el suelo.

Tras varios segundos, la ráfaga se detuvo.

El laboratorio de investigación quedó en silencio absoluto.

Max se giró hacia Carlos.

—¡Carlos!

Dio un paso hacia él.

¡PUM!

Un golpe seco resonó en el laboratorio.

...

Smith cayó al suelo.

La sangre comenzó a brotar de su pecho, pintando su elegante traje negro de rojo.

Poco a poco, la sangre se esparció por el suelo.

El rostro de Max palideció al instante.

Sus piernas temblaron bruscamente, teniendo que apoyarse en la mesa para no caer al suelo.

Carlos quedó inmóvil.

No podía apartar la vista del cuerpo de Smith.

—...

Las sirenas de las patrullas comenzaron a escucharse desde la entrada de la universidad.

El sonido de las sirenas hizo reaccionar a Carlos.

—¿Profesor...?

Su cuerpo comenzó a temblar.

Extendió los brazos hacia él para ayudarlo.

En ese instante, al otro lado de la habitación, Erlkönig se liberó de los cables que lo tenían amarrado.

De una de sus botas sacó una navaja.

Desencajado por la rabia, cargó contra Carlos.

—¡Maldito mocoso! ¡Acabaré contigo!

Carlos se giró bruscamente sin tiempo para esquivar.

—¡NO! —gritó Max con desesperación.

Carlos cerró los ojos y apretó la mandíbula.

Esperó sentir el frío del metal atravesándole el cuerpo.

Pero nunca llegó.

Un grito desgarrador rompió el silencio.

—¡UGH!

—¡AAAH!

Carlos abrió los ojos de golpe.

Max se había lanzado sobre Erlkönig sin pensarlo.

Ambos rodaron por el suelo, forcejeando desesperadamente.

La navaja que empuñaba Erlkönig cayó a pocos metros de ellos.

El cuerpo de Max se tensó.

Un dolor agudo le atravesó el abdomen.

La sangre comenzó a brotar de la herida.

Max apretó la mandíbula con tanta fuerza que sintió crujir los dientes.

—¡Carlos...!

—¡Ayúdame con esto!

Antes de que Carlos pudiera reaccionar.

Erlkönig pateó a Max en el estómago para quitárselo de encima.

Max salió despedido, golpeando el suelo con violencia.

Los golpes contra la puerta volvieron a retumbar.

Una voz grave resonó al otro lado de la puerta.

Probablemente, el jefe.

—Erlkönig, la misión ha fracasado.

—Tendremos que pasar al plan B.

Erlkönig abrió los ojos con nerviosismo.

Se levantó rápidamente y tomó la navaja del suelo.

—¡Esto tiene que ser una broma!

—¿¡Me van a abandonar!?

La voz del otro lado no contestó.

Carlos permanecía inmóvil.

Su cuerpo no le respondía.

El laboratorio quedó en silencio.

Tras varios segundos...

Erlkönig bajó la cabeza.

—Bien... que así sea.

Sus labios se curvaron en una sonrisa torcida.

—¡Entonces me llevaré a esta gente conmigo!

Descargó una brutal patada sobre el abdomen de Max.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.