Elysium Code

Capítulo 20 - Secuelas

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 6 de agosto

Hora: 15:03

La luz del sol entraba por la ventana del pequeño departamento, iluminando por completo el interior de la habitación que su propietario denominaba orgullosamente como “Laboratorio”.

El silencio absoluto reinaba en el lugar, siendo interrumpido de vez en cuando por el sonido metálico de piezas chocando o por el sonido de las herramientas.

Max permanecía recostado sobre el sofá, con el ceño fruncido.

Su cuerpo temblaba ligeramente de vez en cuando.

Al otro lado del laboratorio, Carlos se encontraba arreglando una pequeña televisión antigua.

La luz del techo parpadeó una vez.

Max abrió los ojos de golpe.

Todo su mundo daba vueltas.

Sus pupilas temblaron violentamente.

Lentamente comenzó a recuperar el aire.

Un dolor intenso atravesó su cabeza.

La sensación de miles de agujas clavadas en su cerebro.

Intentó gritar, pero solo salió el sonido de un jadeo estrangulado.

Cerró los ojos con fuerza y tomó una bocanada de aire.

Tras unos segundos, exhaló débilmente.

Abrió los ojos lentamente.

Poco a poco...

El mundo a su alrededor volvió a la normalidad.

Carraspeó ligeramente.

Su garganta se recuperó y la voz regresó.

—¡AAAGH! —gritó Max y se llevó las manos a la cabeza.

Carlos se asustó por el grito y sin querer soltó la herramienta que tenía en sus manos.

Giró con mala cara hacia Max.

—¡Oye, Assistant!

—¡A qué vienen esos gritos!

Max se sentó débilmente en el sofá.

Levantó la mirada hacia Carlos y sus ojos se abrieron ligeramente.

Los recuerdos de otras líneas temporales invadieron su mente.

Abrió la boca para hablar, pero dudó unos segundos y la cerró sin decir nada.

Carlos arqueó una ceja, confundido.

Soltó un bufido y apartó la mirada con indignación fingida.

—¡Ya te lo dije varias veces!

—¡No puedes interrumpir el trabajo del King Scientist!

Señaló a Max con el dedo.

—¿¡Crees que Einstein habría hecho todo lo que hizo si lo hubieran interrumpido a cada rato!?

Max bajó la mirada hasta sus manos.

Todavía podía recordar la sensación del fuego quemándole la piel.

“Realmente he vuelto...”

“Pero...”

Un escalofrío recorrió su espalda al pensar en todo el dolor de hace unos instantes.

Tragó saliva.

“¿Qué fue eso...?”

Su cuerpo tembló ligeramente y no pudo ocultar el desconcierto y el miedo en sus ojos.

De repente, algo hizo clic en su mente.

“¡Sofía!”

Soltó un jadeo corto y se levantó del sofá de un salto.

Con los ojos temblorosos y la respiración agitada, se dio la vuelta y corrió hacia la salida sin decir ni una palabra.

—¡Oye, Max! ¡Espera! —gritó Carlos.

—¿¡Qué te pasa!?

Pero Max no respondió. Salió disparado del laboratorio.

Corrió sin parar, sin mirar atrás, ignorando el calor abrasador y su cuerpo agotado. En su mente solo existía una persona: Sofía.

—¡Sofía, por favor!

Apretó los dientes y continuó corriendo, chocándose con la gente y atrayendo miradas de algunos curiosos.

Cuando llegó a la estación del tren, se apoyó sobre sus rodillas y tomó grandes bocanadas de aire.

Su cuerpo aún temblaba y los nervios lo consumían.

Caminó hasta quedar frente a las vías del tren.

Intentó sacar su teléfono para llamar a Sofía.

—No...

Rebuscó en sus bolsillos varias veces.

—No está...

Lo había dejado en el laboratorio...

...

Levantó lentamente la mirada hacia la nada.

Permaneció inmóvil unos segundos, completamente boquiabierto.

Las imágenes del incendio en casa de sus padres invadieron su mente.

La imagen del cuerpo de Sofía vendado por completo.

Las palabras de ayuda resonando en su mente.

De repente, la silueta de Sofía apareció frente a él.

Con una gran sonrisa de oreja a oreja, la chica extendió la mano hacia él.

—¿Sofía...? —dijo Max casi inaudible.

Sofía no contestó.

—Estás bien... —murmuró Max con una sonrisa triste.

Sus piernas temblaron.

Aun así, extendió la mano para tomar la de Sofía.

Ni siquiera el sonido del tren acercándose lo sacó de su trance.

Las luces del tren iluminaron el túnel en su totalidad.

Max esbozó una sonrisa.

—Sofía...

—Vamos a casa.

Sofía le dedicó una gran sonrisa.

Pero cuando sus manos se tocaron la silueta de Sofía se desvaneció en el aire.

Max abrió mucho los ojos.

Al intentar sujetarla una vez más, su cuerpo perdió el equilibrio y cayó hacia las vías del tren.

“Sofía...”

“¿Por qué?”

Sus pupilas temblaron por el miedo.

Entonces, una mano lo agarró por el hombro y lo jaló hacia atrás.

Max cayó al suelo sentado y el tren pasó frente a él a toda velocidad.

—Oye, ¿¡estás bien!? —dijo la persona que lo salvó.

Max giró la cabeza hacia la persona.

Una chica de baja estatura, con el cabello rubio y lentes, lo miraba fijamente con los brazos cruzados.

—¿Quién...?

La chica soltó un suspiro.

—Soy Hanah.

Entrecerró los ojos ligeramente y frunció el ceño.

—Escucha... El suicidio nunca será la opción correcta.

—Tienes suerte de que me haya dado cuenta de tu comportamiento.

Hanah se agachó y colocó su mano sobre el hombro de Max.

El tren terminó de detenerse unos metros más adelante. Sus puertas se abrieron de par en par, dejando que la luz del interior iluminara el andén.

Max se sobresaltó y apartó a la chica de un empujón.

—¡Lo siento!

Se levantó lo más rápido que pudo y corrió hacia el tren.

Entró en el vagón sin mirar atrás con la respiración agitada.

Avanzó por el vagón, abriéndose paso entre los demás hasta encontrar un asiento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.