Elysium Code

Capítulo 21 – Convicción

Año: 2048 – Ciudad: Saitama

Fecha: 6 de agosto

Hora: 17:56

Una hora había pasado desde que Max corrió hasta la casa de sus padres.

Max sintió su respiración agitada cortarse por momentos.

Sentía que respirar era pesado.

Cuando se encontró a solo una calle de distancia, no pudo soportarlo más y se detuvo para tomar aire.

Tomó grandes bocanadas de aire con el corazón a mil por hora.

Levantó la cabeza, completamente exhausto.

Abrió mucho los ojos.

Una columna de humo se alzaba al cielo.

Sus pupilas se contrajeron violentamente.

Su cuerpo tembló y sin esperar a recuperarse del todo, comenzó a correr nuevamente.

“¡MALDITA SEA!”

“¡MALDITA SEA!”

Corrió hasta que sus piernas no pudieron más.

Al girar una esquina, observó la casa de sus padres envuelta en las llamas.

Sintió el estómago retorcerse y una fuerte sensación de náuseas lo invadió.

Intentó correr hacia la casa, pero sus piernas temblaban fuertemente y no le respondían.

Se apoyó en una pared para no caer.

“Sofía...”

—GUAGH.

Se tapó la boca con la mano cuando sintió una arcada.

Una lágrima resbaló por su mejilla.

Todo su mundo empezó a dar vueltas con fuerza.

Su rostro palideció y comenzó a jadear erráticamente.

De repente, una voz femenina lo llamó desde su espalda.

—¿Hermano? —preguntó Sofía.

El cuerpo de Max dio un brinco, saliendo del trance.

Giró la cabeza lentamente hacia Sofía.

—Sofía...

Frente a él, estaba Sofía.

Vestía una ropa casual y en sus manos llevaba una bolsa de compras. Su pelo castaño estaba amarrado en una cola de caballo.

Sofía abrió mucho los ojos y esbozó una gran sonrisa.

—Oye, ¿por qué no dijiste que vendrías?

—Habría comprado más snacks.

Sofía ladeó la cabeza ligeramente.

—¿Querías sorprendernos?

Max la miró atónito.

Intentó hablar, pero las palabras no salieron.

Sofía al ver el estado de Max mostró preocupación y se acercó a él.

Lo agarró del brazo con cuidado.

—Hermano... ¿te encuentras bien?

—Te ves pálido...

Max desvió la mirada a la mano de Sofía.

Al sentir la calidez de la mano de Sofía, comprendió que era real.

—Estás bien...

Su corazón dio un vuelco.

—Sofía...

Sus ojos se abrieron de golpe.

Tomó la mano de Sofía con fuerza.

—¡Sofía! La casa está—

Las palabras se atoraron en su garganta en cuanto dio la vuelta.

El humo y el fuego de hace unos instantes se habían desvanecido por completo.

Las pupilas de Max temblaron ligeramente.

“¿Una ilusión...?”

Sofía arqueó una ceja.

—¿Qué tiene la casa?

Se llevó una mano a la barbilla.

—Ah, ¡ya sé!

—Está diferente, ¿no?

Esbozó una gran sonrisa.

—Hace poco la mandamos a pintar, ¿sorprendido?

Max no respondió.

Finalmente, sus piernas dejaron de sostenerlo.

Cayó de rodillas sobre el asfalto.

Todo el aire que había contenido hasta ese momento escapó de golpe de sus pulmones.

Las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas una tras otra, mientras una débil sonrisa se dibujaba lentamente en su rostro.

—Qué bueno... —murmuró entre sollozos.

Sus hombros empezaron a temblar.

Intentó contener el llanto, pero le fue imposible.

Tras unos segundos, los sollozos terminaron convirtiéndose en carcajadas desordenadas, nacidas del alivio, del miedo y de la desesperación que había soportado hasta ese momento.

Sofía dio un paso hacia atrás por instinto.

—¿Hermano...?

Tragó saliva.

—Me estás asustando... ¿Qué te pasa?

Max levantó lentamente la cabeza.

El cielo azul se extendía hasta donde alcanzaba la vista.

No había humo.

No había fuego.

Solo el cálido sol de la tarde iluminando las calles como si nada hubiera ocurrido.

Sintió el calor rozar su rostro.

Cerró lentamente los ojos y dejó que aquella calidez lo envolviera durante unos segundos.

Por primera vez desde que despertó...

Pudo respirar sin sentir que el mundo se derrumbaba sobre él.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—Nada... —respondió con una voz tan suave que casi se perdió con el viento.

Abrió los ojos una vez más.

Contempló el cielo en silencio. Poco a poco, la tensión acumulada desde que despertó empezó a desaparecer.

—Ya todo está bien.

Sofía ladeó la cabeza, confundida.

—¿Ya... todo está bien?

—¿De qué estás hablando...?

Miró con desconcierto a su hermano.

Max no respondió.

Tras unos segundos, se levantó del suelo con una sonrisa.

—No importa...

Se volvió hacia Sofía.

—Vamos a casa.

—Hay que darle la sorpresa a papá y mamá.

Sofía dudó unos segundos.

Finalmente, esbozó una sonrisa.

—Está bien, vamos.

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 6 de agosto

Hora: 21:35

Dentro del vagón del tren, el silencio era absoluto siendo interrumpido únicamente por el constante bullicio del motor.

De pie cerca de la puerta estaba Max.

Max bajó la cabeza lentamente.

“Todos están bien...”

“He regresado al seis de agosto.”

Levantó la cabeza y vio su reflejo en el cristal.

“Juro que los salvaré a todos...”

Una sonrisa apareció en sus labios.

“Todo saldrá bien...”

“Siempre que tenga a mano la máquina del tiempo, yo...”

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el tren se detuvo y las puertas se abrieron de golpe.

Varias personas comenzaron a salir del vagón con prisa.

Max soltó un suspiro y se bajó junto a los demás.

Antes de salir de la estación, giró lentamente la cabeza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.