Año: 2048 – Ciudad: Tokio
Fecha: 10 de agosto
Hora: 12:12
La puerta del laboratorio se abrió de golpe y la silueta de Carlos cruzó el umbral como un rayo.
Con la respiración agitada, se apoyó sobre sus rodillas.
—¡ASSISTANT! ¡HA PASADO ALGO IMPORTANTÍSIMO!
Nadie respondió.
Recorrió el lugar con la mirada, pero no vio a nadie.
—¿Assistant?
Dio unos pasos y revisó el sofá, pero tampoco había rastro de Max.
Permaneció en silencio unos segundos.
Finalmente, suspiró y sacó su teléfono.
Marcó el número de Max y lo llevó a su oído.
El timbre sonó por varios segundos hasta que finalmente contestaron.
—¿Hola? —preguntó Max al otro lado.
—¡Assistant! ¿¡Dónde demonios estás!? —exclamó Carlos.
Max no contestó instantáneamente.
—Mmm, estoy en el cibercafé de siempre, ¿por qué?
Carlos no contestó y cortó la llamada al instante.
Guardó su teléfono en el bolsillo y salió del laboratorio con paso apresurado.
Hora: 13:04
El sol brillaba con más fuerza de lo habitual sobre las calles de Tokio. Las personas intentaban pasar el menor tiempo posible bajo aquel intenso calor.
Dentro de un cibercafé bastante conocido por la zona, se encontraba Max.
Llevaba ya unas horas sentado frente a una de las PCs.
—Ugh… Otra vez nada nuevo —dijo Max con el rostro apoyado sobre su mano.
Soltó un suspiro y recargó la página.
En la pantalla se observaba el foro del que fueron baneados el otro día.
—No importa cuánto busque. Nadie habla del hilo eliminado ni de baneos injustificados…
—Es como si…
Sus palabras se vieron interrumpidas cuando sintió una presencia detrás de él.
—Oye, assistant… —dijo Carlos detrás de él.
El enojo podía apreciarse al instante en su voz.
Max giró la cabeza con sorpresa.
—¿Carlos…?
Arqueó una ceja.
—¿Qué haces aquí?
Carlos frunció ligeramente el ceño.
—¿Tú qué crees? Vine a buscarte.
—Ya, eso lo puedo ver. Pero ¿para qué me buscas? —preguntó Max.
Carlos sacudió a Max por los hombros con furia.
Max empujó a Carlos para que se detuviera.
—¡Oye, oye! ¿¡Qué te pasa!?
Carlos apretó los dientes.
—¡ASISTENTE! ¿¡Cómo puedes estar aquí tan tranquilo!?
—¡Tenemos una misión de gran importancia!
Se cruzó de brazos y levantó la barbilla ligeramente.
Max se rascó la nuca y arqueó una ceja.
—¿Una misión? ¿De qué se trata esta vez?
Carlos se inclinó hacia Max y levantó el índice con una sonrisa arrogante en el rostro.
—JE.
—Está bien, te lo diré.
—Hoy, mientras caminaba, descubrí que… ¡están haciendo un sorteo en el supermercado por un cupón de descuento en más de veinte productos!
Max forzó una sonrisa y soltó un suspiro.
—¿Y eso es todo? ¿Para qué me necesitas entonces?
Carlos frunció el ceño.
—¿¡No es obvio!? ¡Si tú también participas tendremos más probabilidades de ganar!
Max negó con la cabeza.
—No, no. Estoy bastante ocupado con esto del foro.
Carlos esbozó una sonrisa y negó con la cabeza.
—Ay, assistant. Ya te lo había dicho, ¿no?
—Hay oportunidades en la vida que no se deben desaprovechar.
Levantó el índice con una sonrisa arrogante.
—Considero que esta es una de ellas.
Max puso los ojos en blanco.
—Ya deja de decir tonterías y mira esto.
Señaló la pantalla y se volvió hacia ella.
Carlos resopló con disgusto.
—Qué aburrido eres…
—¿Y bien? ¿Por fin apareció algo nuevo?
Max no respondió al instante.
—Mmm… por ahora no. Tampoco hay gente hablando de baneos misteriosos o algo por el estilo.
Hizo una pausa.
—Ah, sí. Pero vi un hilo diciendo que hackearon el foro hace unos días.
Carlos se llevó una mano a la barbilla.
—Ya veo… ¿Crees que seamos los únicos baneados?
Max levantó la cabeza hacia Carlos.
En sus ojos se podía apreciar un profundo miedo.
—Pero…
—Eso significaría que… —dijo con voz temblorosa.
Carlos asintió levemente.
—Ya saben de nosotros.
El corazón de Max dio un vuelco y se llevó una mano al pecho.
Tragó saliva y bajó la cabeza.
—No… eso no es posible.
—Ellos están tras la máquina del ti—
Carlos le tapó la boca con la mano para que no hablara.
—Shhh, cállate, idiota —dijo en voz baja.
—Si saben de nosotros, es posible que nos estén vigilando.
—Ellos aún no saben de la existencia de la “T. M. C. I.“.
Max arqueó una ceja y se apartó de Carlos.
—¿Qué carajos significa eso?
Carlos le dio una palmada en el hombro a Max y negó con la cabeza.
—Eres un caso perdido, assistant.
—Te lo dije el otro día por mensaje.
Sacó su celular y le mostró los mensajes enviados.
—Ah, eso. Pensé que era spam así que simplemente lo ignoré —contestó Max.
Hizo un gesto de desinterés con la mano.
Carlos forzó una sonrisa y una vena apareció en su frente.
—Jeje… pero si te lo mandé al chat personal —dijo conteniendo la rabia.
Max puso los ojos en blanco.
—Sí, pero ya sabes. Tenía toda la pinta de ser un mensaje de spam.
Carlos entrecerró los ojos con una sonrisa torcida.
—¿Me estás tomando el pelo…?
—¡Oye, parece que sí eres un súper genio después de todo! —dijo Max sarcásticamente.
Carlos soltó una carcajada seca y se encogió de hombros.
—Puedo ver claramente tus intenciones, assistant.
Esbozó una gran sonrisa.
—Y eso es… ¡porque yo! ¡SOY!
Hizo una pose ridícula y levantó la barbilla con arrogancia.
—¡El genio más grande de este mundo! ¡JAJAJAJAJA!
Max se tapó el rostro con la mano y bajó la cabeza, avergonzado.
Negó con la cabeza y murmuró algunas palabras en voz baja.
Tras unos segundos, una señora con mala cara se acercó a ambos.