Elysium Code

Capítulo 26 - Casualidad

Año: 2048 – Ciudad: Tokio

Fecha: 28 de agosto

Hora: 20:50

La noche había caído y un mar de estrellas se extendía por el cielo nocturno.

La ciudad de Tokio siempre bulliciosa ahora daba una extraña sensación de calma y tranquilidad.

Max caminaba hacia la estación del tren distraído con el teléfono en la mano.

—…

Miró la pantalla del teléfono unos segundos y arqueó una ceja.

Max: A qué te refieres con trabajo?

Max: Tú trabajas?

Carlos: Es un trabajo temporal, tengo que ayudar a mi familia.

Carlos: Estaré ocupado al menos por dos semanas más.

Max: Y bien? Qué tiene que ver conmigo?

Carlos: No es obvio, el laboratorio queda a tu cuidado por estas dos semanas, considéralo como un ascenso.

Carlos envió el sticker de un gato junto al mensaje.

Max soltó un suspiro.

Max: Sí, sí. Pero para qué querías que fuera a la estación?

Carlos: ???

Carlos: Nunca te pedí que fueras a la estación.

Max se detuvo en el lugar y apretó el celular con fuerza.

—¿¡Ah!?

Max: Espera, espera. Cómo que no? Me llamaste hace unos minutos para que fuera a la estación del tren ¿no?

Carlos: Es cierto que te llamé, pero nunca te dije que fueras a la estación del tren. Ni siquiera estoy cerca.

Carlos: Habrás oído mal?

Max mandó el sticker de una persona enfadada y guardó el celular.

—Hmph… ¿ahora qué hago?

Levantó la cabeza hacia la estación de tren frente a él.

—Ya estoy aquí…

—Es muy tarde para visitar a Sofía… ¿Qué debería hacer?

Max miró la hora en su teléfono.

—21:10…

Resopló con disgusto.

—Es temprano para volver a casa.

Guardó el teléfono en el bolsillo y entró en la estación.

—Supongo que pasearé por ahí.

Justo cuando entró, la imagen del accidente de tren cruzó por su mente.

La gente amontonada.

El tren detenido.

—Kghh…

Cerró los ojos y apretó los dientes.

Se llevó una mano a la cabeza y se apoyó en una pared.

—No.

Respiró profundamente intentando mantener la calma.

Tras unos segundos, abrió los ojos.

Todo había regresado a la normalidad, el tren estaba en funcionamiento y la gente esperaba pacientemente.

Sin darse cuenta, soltó un suspiro de alivio.

De repente, una chica se acercó y le extendió una mano.

—¿Te encuentras bien? —preguntó la chica.

Max abrió ligeramente los ojos.

—Ah… Sí, estoy bien —dijo con un poco de vergüenza.

—¿Nos conocemos…?

La chica esbozó una sonrisa.

—¿Ya no te acuerdas de mí?

Ladeó la cabeza y se acercó un poco más hacia Max.

Max dio un paso hacia atrás por instinto.

—Jeje… no, lo siento, no me acuerdo.

Desvió la mirada e intentó alejarse.

La chica soltó una pequeña risita.

—El otro día en la estación del tren, evité que te lanzaras a las vías, ¿lo recuerdas?

Max se congeló en el lugar y observó bien el rostro de la chica.

La chica tenía el cabello largo y rubio. Llevaba unos lentes que cubrían parcialmente su rostro. A través de ellos se podían apreciar unos hermosos ojos azules.

A simple vista, no parecía ser más alta que Max, quien tampoco era muy alto.

Tras unos segundos de silencio, Max abrió la boca.

—¡OH! ¡Es verdad, eres tú!

La señaló con el dedo, sorprendido.

Inmediatamente bajó la mano e hizo una reverencia.

—Perdón, eso fue grosero.

La chica negó con la cabeza.

—Está bien, está bien. No importa, jeje… —dijo ligeramente incómoda.

—No hace falta que te disculpes. Mejor dime, ¿cómo te llamas?

Max enderezó su postura y se llevó una mano a la nuca.

—Je… Me llamo Max. ¿Y tú?

—Me llamo Hanah, encantada de conocerte —contestó la chica.

Max esbozó una ligera sonrisa.

—No esperaba volver a verte de nuevo, jajaja.

Hanah soltó un suspiro.

—La verdad es que ni yo… Pasé varias veces por acá y no te volví a ver.

—Al menos sigues con vida.

Max forzó una sonrisa con incomodidad.

—Gracias por los buenos deseos —contestó con sarcasmo.

Permaneció en silencio unos segundos.

—Oh, por cierto… ¿estás ocupada en estos momentos?

Hanah levantó las cejas por la sorpresa.

—La verdad es que no. ¿Por qué?

—Entonces te invito un café o algo, ¿qué dices? —preguntó Max.

Hanah parpadeó varias veces y finalmente esbozó una sonrisa juguetona.

—Oh cielos, ¿una cita así tan de repente? Eres de esos que van directo al grano, ¿no?

Max se puso rojo de vergüenza.

—¿¡Qué!? No, no, no. ¡Para nada!

—Solo quería agradecerte por lo del otro día.

Bajó la cabeza y sintió que le ardía el rostro.

Hanah soltó una carcajada.

—Sí, sí. Solo te estoy fastidiando.

Hizo una pausa y miró al cielo.

—Es una hermosa noche para salir…

Tras unos segundos, bajó la mirada hacia Max.

—Está bien, te acompañaré un rato.

Hora: 21:36

Ambos jóvenes entraron en una famosa cafetería cercana.

Max caminó detrás de Hanah hasta llegar a una mesa apartada del resto.

—Este es el mejor lugar para tomar un café…

Hanah le sonrió y se sentó en una de las sillas.

—¿Puedes ir a pedir por mí? Por favor, ¿sí?

Max soltó un suspiro.

—Supongo que no puedo negarme, me salvaste la vida, jajaja.

Hanah asintió ligeramente.

—Sí, sí. Jeje.

Hizo una pausa y su sonrisa desapareció lentamente.

—Entonces, ¿por qué te ibas a matar?

—¿Dinero…? ¿Amor…? ¿Problemas familiares…?

Max arqueó una ceja.

—Ah… es una larga historia. Déjame ir por los cafés primero y te cuento mejor.

—¿Qué vas a querer?

Hanah pensó por unos segundos antes de hablar.

—¡Quiero un Iced Vanilla Latte! —dijo con una gran sonrisa.

Max desvió la mirada disimuladamente hacia los precios y sintió que su corazón dio un vuelco.




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