Embarazada de mi Rival

Capítulo 20

“Un plan de acercamiento”

Soltó un suspiro seco y se tragó las palabras.

Sin añadir nada más, se dirigió a su coche y arrancó a toda velocidad. Las llantas levantaron el agua acumulada sobre el pavimento, dejando tras de sí una estela de lluvia y ruido.

—¡Qué hombre tan valiente! —exclamó Berny, fascinado, mientras lo veía desaparecer entre la tormenta.

En ese momento, el guardia de seguridad llegó apresuradamente.

—Lo siento, señorita Livingston —dijo, casi sin aliento.

Brianna estuvo a punto de maldecir, convencida de que volvería a percibir aquel perfume insoportable que el hombre siempre llevaba encima. Sin embargo, cuando se acercó, se tensó por un instante.

El aroma era distinto.

Más suave. Elegante. Exquisito.

—¿Dónde estaba? No puede permitir que estacionen detrás de mí.

—Discúlpeme, señorita, pero el señor Lennox me pidió que me cambiara el uniforme.

—¿Y eso?

—No lo sé, señorita Livingston. También insistió en que dejara de usar mi perfume de siempre. Incluso me regaló este.

Brianna asintió despacio y, con un gesto, le indicó que moviera el vehículo.

—¿Lo ves, Berny? —comentó una vez dentro del automóvil—. A Alexander tampoco le agradaba ese perfume. No soy la única.

—Mmm... Eso me pareció extraño.

Salieron bajo la tormenta y, por primera vez desde que descubrió que estaba embarazada, Brianna pensó en el bebé. Debía conducir con precaución; un descuido podía costarle demasiado caro.

A pesar del viento y de la intensa lluvia, llegaron a la mansión sin contratiempos.

Su abuelo, don Luis, contemplaba el aguacero a través de la ventana. Al escuchar sus voces, se volvió hacia ellos.

—¿Por qué vinieron bajo esta tormenta?

Brianna se dejó caer en el sofá y se quitó los tacones para descansar los pies.

—Estamos bien, abuelo.

—Le insistí en que esperáramos, pero no me hizo caso —comentó Berny antes de dirigirse a la cocina en busca de algo para comer.

Don Luis caminó con pasos pesados hasta su nieta y la observó durante unos segundos.

—Deberías cuidarte más. Un error en tu condición puede ser lamentable.

El corazón de Brianna dio un vuelco. Durante un instante, la sangre pareció abandonarle el rostro. ¿Lo sabía? ¿Acaso su abuelo había descubierto el embarazo? Miles de posibilidades cruzaron por su mente antes de obligarse a mantener la compostura.

Lo miró fijamente, intentando descifrar la expresión de su rostro.

—¿A qué te refieres?

Él tardó unos segundos en responder. Ella percibió aquella breve vacilación.

—En estos momentos eres la cabeza de la familia. No puedes derrumbarte.

El alivio recorrió el cuerpo de Brianna. Por un instante creyó que su abuelo se refería al embarazo.

—Tienes razón, abuelo. Seré más cuidadosa.

Se incorporó y comenzó a subir las escaleras.

—Te quiero —le gritó antes de desaparecer en el segundo piso.

Don Luis permaneció inmóvil, observándola hasta que se perdió al final de la escalera. Conocía demasiado bien a su nieta y, aunque ella intentara ocultar lo que le ocurría, sabía que a él no podía engañarlo.

Mientras tanto, a varios kilómetros de allí, Alexander también analizaba la actitud de Brianna.

Se encontraba en el apartamento de Noah, sentado frente al ventanal.

Ambos habían revisado la información más reciente sobre la inseminación, pero no encontraron nada concluyente. La identidad del responsable del procedimiento seguía oculta.

Alexander también había leído el expediente personal de Lion Bennett, el prometido de Brianna. Después de descubrir que llevaba varios meses fuera del país, lo descartó como posible padre del bebé.

—¿Hay algo que llame tu atención en la información de Bennett? —preguntó Noah.

—No. Aunque no parece el tipo de hombre que imaginé que le gustaría a Brianna.

—¿Lo dices porque tiene pocos recursos económicos?

—Lo digo porque su pasado está lleno de fracasos y estafas.

—Quizá ella no lo sabe.

—Sí. Tal vez.

Noah se levantó, sirvió dos vasos de whisky y le ofreció uno.

—Volviendo al tema principal, ¿vas a demandar a la clínica?

Alexander no respondió de inmediato. Ahí estaba el verdadero problema. Si todo había sido un error de la clínica, ¿por qué Brianna no había presentado una demanda? Conocía su carácter. Era una de esas mujeres que no toleraban los abusos ni se quedaban calladas. Que hubiera guardado silencio sobre un asunto tan delicado la convertía, inevitablemente, en la principal sospechosa.

—No. Hasta saber quién está detrás de todo esto.

—Ella necesita apoyo, Alex.

—Y lo tendrá —hizo una breve pausa—. Me acercaré a ella. Fingiré empatía. Haré que confíe en mí y, cuando nazca el bebé, la sacaré de mi vida, de la empresa y de todo lo que tenga relación conmigo.

Noah sostuvo el vaso unos segundos antes de hablar.

—Ten cuidado.

—¿Por qué lo dices?

—Porque esa cercanía podría terminar haciéndote ver algo que te empeñas en ignorar.

—Joder... Noah, ¿puedes dejar de hablar con tantos rodeos?

—Amigo, siempre he tenido la impresión de que Brianna despierta en ti algo extraño. Algo que no tiene nada que ver con el desprecio.

Alexander esbozó una sonrisa apenas perceptible. Terminó su whisky de un solo trago, se puso de pie y caminó hacia la puerta.

—Tu intuición solo funciona para las investigaciones.

Abandonó el apartamento negando con la cabeza. Su amigo estaba completamente loco. Él jamás había mirado a Brianna con interés.

Jamás.

Unos días después.

El fin de semana llegó cargado de expectativas.

Aquella mañana de viernes, Brianna permanecía en su oficina con la mirada fija en el reloj de pared. Cada segundo que avanzaba la acercaba un poco más al momento de encontrarse con Lion.

Tenía que afrontar la realidad. Hablar con sus padres. Hablar con él.

Sin embargo, algo en su interior le gritaba que nada iba a salir como esperaba.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.