Embarazada de mi Rival

Capítulo 21

«Un anuncio esperado»

De pronto, todo comenzó a cobrar sentido en la mente de Alexander.

Él y Óscar habían tenido algunas diferencias laborales que terminaron llevándolos a intercambiar palabras fuera de tono. Ahora, visto desde otra perspectiva, todo encajaba.

Óscar podía ser el principal beneficiado con ese embarazo, pues aquel bebé tenía el poder de reconciliar a ambas familias y poner fin a un conflicto que llevaba demasiado tiempo abierto.

Alexander se frotó la frente con las yemas de los dedos. La frustración le oprimía el pecho. Necesitaba descubrir la verdad.

Durante los últimos días, su actitud con Brianna había cambiado de forma evidente. La saludaba cuando se encontraban en los pasillos, la ayudaba con el trabajo y procuraba interesarse por su estado. Intentaba que pareciera un gesto de cortesía, pero había algo más detrás de aquel comportamiento.

Zulema no tardó en darse cuenta del cambio, y eso fue suficiente para confirmar sus sospechas: Alexander ya sabía que Brianna era la paciente del procedimiento. La sola idea de perder su matrimonio la llenó de pánico, y estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para impedir que eso ocurriera.

Horas más tarde...

Brianna se dirigía al departamento de contabilidad cuando alcanzó a ver a Alexander conversando con Loren, su asistente. Algo en aquella escena la obligó a detenerse. Quizá era la forma en que la joven sonreía; tal vez la manera en que él la miraba, o quizá se trataba de una sensación que surgió sin previo aviso, completamente ajena a ella.

—Es una mujer con muchas cualidades, ¿cierto? —comentó Edwin al colocarse a su lado, mientras dirigía la vista hacia el final del pasillo.

Ella no respondió de inmediato. Continuó observándolos sin apartar la mirada.

—¿Lo dices como hombre?

—Por supuesto. Y creo que no soy el único en notarlo.

Brianna giró el rostro hacia él.

—Pues qué bueno que saben dónde sí podrían encajar.

Reanudó el paso, pero aquella incómoda sensación seguía instalada en su interior. Sin motivo alguno, sentía un rechazo irracional hacia esa mujer, aunque jamás le hubiera hecho nada.

—Tiene que ser por el embarazo... Tiene que ser eso —murmuró entre dientes.

El resto del día transcurrió sin mayores contratiempos.

A la hora de la salida, Brianna fue la primera en entrar al ascensor. Justo antes de que las puertas se cerraran, Alexander entró.

Ella apretó los puños. Siempre aparecía cuando ella estaba allí, y su sola presencia conseguía alterarla.

Alexander analizó cada centímetro de su rostro y comprobó que Berny no había exagerado. El agotamiento se reflejaba en sus facciones, y la palidez de su piel bastaba para confirmar que no estaba bien.

—Tienes que ir al hospital —dijo, consciente de que estaba cruzando una línea que ella jamás le había permitido atravesar.

Brianna cerró los ojos durante unos segundos, como si intentara reunir paciencia.

—Dios... eres el colmo.

—¿Por qué tengo la sensación de que mi presencia te incomoda? —preguntó él en voz baja.

—Porque es la realidad. No creo en tus buenas intenciones ni en ese cambio tan repentino.

—Estás embarazada.

Ella soltó una risa breve, cargada de ironía.

—Hace unos días me dijiste que «un embarazo no era una incapacidad». ¿Qué cambió entonces?

La mandíbula de Alexander se tensó, pero no respondió.

Brianna dio un paso al frente, invadiendo deliberadamente su espacio personal.

—No trates de jugar conmigo, Lennox. Si tu plan es aprovechar mi debilidad por el embarazo para sacarme de la empresa, qué mal por ti. De mí no vas a librarte.

Él no retrocedió. Al contrario, acortó aún más la distancia entre ambos hasta borrar el escaso espacio que los separaba.

Brianna sintió que su vientre se contraía. El calor que emanaba del cuerpo de Alexander la envolvió de golpe, obligándola a contener el aire durante un instante.

—Puede ser que mis intenciones sean otras —susurró él.

—Espero que seas lo suficientemente capaz de salir ileso.

—Lo mismo podría decirte.

Ella sostuvo su mirada sin vacilar.

—Sigo firme en mi postura. No me agradas ni como amigo ni como socio. Así que deja de fingir.

Alexander dejó escapar un suspiro.

—Brianna, es inevitable preocuparme por tu estado.

—No entiendo por qué. Mi embarazo es algo personal; no tiene nada que ver contigo.

Él terminó apartándose. Claro que tenía que ver con él. Ese bebé era suyo.

Las puertas del ascensor se abrieron con un leve sonido metálico.

—Lindo fin de semana —dijo Brianna con un marcado sarcasmo antes de salir.

Alexander entrecerró los ojos. Ya no estaba seguro de poder seguir esforzándose por ser amable cuando lo único que deseaba era borrarla de su vida.

———

La oscuridad cubría el cielo y las estrellas titilaban con suavidad, como si danzaran al compás de una melodía silenciosa.

En la mansión Lennox, todos compartían la cena alrededor de la mesa del comedor.

—¿A qué hora llega tu hijo? —le preguntó Anabel a Freddy.

—Después del mediodía. Aunque no sé si vendrá primero aquí o irá a ver a su prometida.

—¿Está comprometido? —continuó ella.

—Sí. Y pronto se casará. Quiere formar una familia y tener hijos.

—Qué bueno. Aún hay esperanza de que el linaje continúe —comentó don Marcos, clavando la mirada en Alexander.

Zulema sintió el peso de aquellas palabras. Por un instante, tuvo el impulso de golpear la mesa con todas sus fuerzas.

Un silencio incómodo descendió sobre el comedor hasta que, ella incapaz de soportarlo más, tomó aire y habló.

—Alexander y yo… nos vamos a divorciar.

Todos detuvieron el movimiento de los cubiertos, excepto él. Alexander siguió cenando con absoluta tranquilidad, como si no hubiera escuchado la noticia o, peor aún, como si llevara demasiado tiempo esperándola.




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