Embarazada del alfa

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— No es entregarla, es descubrir la verdad —replicó el Alfa, indignado de inmediato—. Además, ayer mismo envié a mis hombres para preparar una emboscada; todo debería salir bien.

Al mediodía, llegaron a su destino. El carruaje se detuvo en mitad del bosque. Waylan fue el primero en bajar y le tendió la mano a la joven. Ella, con timidez, puso sus dedos sobre su palma y bajó a tierra. Su corazón latía con fuerza, como el de una corza asustada. Miró a su alrededor.

El bosque estaba dividido por un río estrecho. En la otra orilla, aguardaba un desconocido envuelto en una capa oscura. Tenía el cabello negro recogido en una coleta tirante; sus ojos castaños emanaban frialdad y sus labios, apretados con firmeza, expresaban la gravedad de la situación. Era un hombre corpulento y alto que intimidaba, recordaba a una roca inamovible. Mirael intentó escuchar a su loba, sentir aunque fuera una mínima conexión, pero la bestia en su interior permanecía en un silencio obstinado. Sin embargo, su rostro le resultaba familiar. Un recuerdo fragmentado cruzó su mente: el bosque nocturno, Craigan junto a ella, apretando sus manos con fuerza mientras se inclinaba demasiado cerca:

¿Querías escapar?

El recuerdo se desvaneció. Su corazón martilleó aún más rápido. Sin duda se conocían, pero no lograba recordar los detalles. Celester bajó del carruaje y todos se alinearon junto al río. Sobre el estruendo del agua, les llegó un grito:

— ¿Qué pasa, Waylan? ¿Tienes miedo de andar solo por el bosque que necesitas la protección de tu hermano?

Mirael vio cómo se tensaba la mandíbula de su amado. Las palabras mordaces de Craigan no le habían sentado nada bien.

— Celester está aquí porque tiene derecho a estarlo —respondió Waylan, evitando entrar al trapo con diplomacia—. ¿Conoces a esta chica?

— ¿Debería conocerla? —Craigan entrecerró los ojos con sospecha. Bajo su mirada, el cuerpo de Mirael se cubrió de una escarcha invisible. Waylan se cruzó de brazos:

— Si no es así, nos volvemos ahora mismo.

— ¿Y a qué se debe tanto interés por mis posibles conocidos? —Craigan parecía burlarse, sin prisa por responder. Pero la joven estaba segura: se habían visto antes. No pudo aguantar más y reveló sus cartas:

— Me encontraron en el bosque, cerca de la frontera. No recuerdo nada y hay sospechas de que soy tu pareja predestinada.

— ¡Mirael! —Waylan se giró bruscamente hacia ella y bajó la voz—: No hacía falta contárselo todo.

— Estoy harta de juegos. Quiero saber de una vez quién es mi pareja. Si es Craigan, me iré con él —sentenció Mirael, irradiando determinación. Craigan la escrutó con recelo:

— ¿Por qué crees que soy yo?

— Tengo una marca en el hombro —ella se tocó el hombro instintivamente—. Si es tuya, deberías reconocerla. Quizás tú tampoco recuerdes nada de aquella noche, ya que los recuerdos de todos desaparecieron.

Mirael observaba a Craigan con fijeza. Él no se apresuró a negar nada, pero tampoco confirmó la suposición. El hombre dio un paso adelante, quedando muy cerca del agua:

— Déjame aclarar esto. ¿Mi enemigo me trae a una chica y afirma que es mi pareja? ¿Y qué quieres a cambio de ella? ¿Territorios, oro, artefactos?

Mirael miró a Waylan, expectante. Ella misma tenía curiosidad por saber qué precio pediría. El Alfa sacudió la cabeza:

— Nada. No soy un chantajista. Nuestras disputas son solo nuestras; no hay por qué involucrar a las mujeres en ellas.

— ¿La vas a entregar así porque sí? —Celester no pudo evitar intervenir.

— No, solo pongo una condición —Mirael contuvo el aliento. Waylan exhaló con pesadez, como si hiciera algo en contra de su voluntad—: se irá con Craigan solo si él es, verdaderamente, su pareja predestinada.

— Mirael es mi pareja —soltó Craigan de repente. La confesión salió de sus labios con seguridad—. Lo sentí en cuanto os acercasteis. Tiene amnesia, ¿no es así? No es extraño que aún no me recuerde.

Aquellas palabras resonaron como un trueno en la cabeza de la joven. Todo estaba dicho; su destino estaba sellado. Sintió alivio. Esperaba que ahora le resultara más fácil arrancar a Waylan de su corazón. No sentía una atracción celestial por Craigan, él no le despertaba sentimientos profundos, pero definitivamente le resultaba familiar. Craigan entró en el río sin importarle mojarse el calzado o los pantalones. Cruzó el vado con paso firme, mojándose hasta las rodillas. Se acercó a la joven lenta y suavemente, como un cazador hacia su presa.

— Mirael —su voz era casi un susurro—. Tu loba aún duerme, pero yo soy su mitad y su destino. Estamos vinculados de forma más profunda de lo que imaginas.

La joven sacudió la cabeza. Su corazón latía desbocado. La loba en su interior no respondía, no buscaba el contacto; solo observaba desde lo más profundo, alerta, como ante un peligro inminente.

— No siento ese vínculo.

— Es normal si no recuerdas nada —Craigan tomó la mano de ella entre las suyas.

El contacto fue ordinario. No provocó el revoloteo de mariposas que sentía con Waylan, ni despertó nuevos recuerdos. La mirada de Waylan se clavó en sus manos entrelazadas. Sus ojos se volvieron más oscuros que la noche y en ellos estallaron los celos:

— Curioso. Según las leyendas, las parejas predestinadas se reconocen al instante. Pero tú, por alguna razón, tienes que convencerla. ¿No resulta demasiado conveniente achacarlo todo a la amnesia?



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En el texto hay: alfa, amor, embarazada

Editado: 22.04.2026

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