Elena
El peso de lo que estaba viviendo empezaba a asfixiarme.
Cada noche en los brazos de Luca era más intensa que la anterior. Su cuerpo imponente me envolvía, sus manos grandes me reclamaban como si tuviera miedo de que desapareciera, y sus embestidas profundas me dejaban temblando y marcada por dentro. Pero durante el día la distancia que teníamos que mantener se volvía cada vez más dolorosa.
Esa mañana, mientras limpiaba el comedor formal, Nico apareció otra vez. Esta vez traía una taza de café en la mano y una sonrisa que intentaba ser inocente.
—Te ves agotada, Elena —dijo en voz baja, acercándose—. ¿Duermes mal? Si quieres, puedo conseguirte algo para relajarte.
—Estoy bien, gracias —respondí rápidamente, evitando su mirada.
No quería problemas. No quería que Luca nos viera juntos otra vez. Pero Nico no se rendía fácilmente.
—Sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad? —insistió, bajando la voz—. Luca puede ser… complicado. Si alguna vez sientes que te está presionando demasiado, solo dímelo.
Sus palabras me golpearon. ¿Sabía algo? ¿Sospechaba?
Antes de que pudiera responder, la voz fría de Luca resonó desde la puerta.
—Nico.
El tono era letal. Nico se giró lentamente, sin perder la sonrisa.
—Hermano. Solo estaba ofreciendo ayuda.
Luca entró en el comedor como una tormenta contenida. Sus ojos grises se clavaron primero en mí, luego en Nico.
—Elena no necesita tu ayuda —dijo con voz baja y peligrosa—. Ni tu café. Ni tu conversación. Vete.
Nico levantó una ceja, claramente disfrutando del conflicto.
—Solo soy amable. Tú, en cambio, pareces querer mantenerla encerrada como si fuera tu propiedad privada.
El aire se volvió espeso. Vi cómo los puños de Luca se cerraban.
—Ella es parte del personal —respondió Luca con control helado—. Y tú estás interfiriendo en su trabajo. Sal.
Nico me miró una última vez, con una expresión que parecía decir “ten cuidado”, y salió del comedor.
En cuanto la puerta se cerró, Luca se giró hacia mí. En dos pasos me tenía acorralada contra la larga mesa del comedor.
—¿Cuántas veces tengo que repetírtelo? —gruñó, sujetando mi cintura con fuerza—. No hables con él. No le sonrías. No dejes que se acerque.
—Solo hablaba —susurré, aunque mi cuerpo ya reaccionaba a su cercanía. El miedo y el deseo se mezclaban de una forma que me avergonzaba.
—Hablar no es lo que quiero evitar —dijo, levantándome la falda del uniforme con una mano mientras la otra sujetaba mi nuca—. Quiero evitar que te toque. Que te mire. Que respire cerca de ti.
Me besó con rabia contenida, mordiendo mi labio inferior. Sus dedos bajaron entre mis piernas y encontraron mi humedad traicionera. Un gruñido de satisfacción escapó de su garganta.
—Siempre tan lista para mí —murmuró contra mi boca.
Me giró rápidamente, inclinándome sobre la mesa del comedor. Mis pechos presionaron contra la madera fría mientras él bajaba mi ropa interior. Escuché el sonido de su cinturón y luego sentí la cabeza gruesa de su polla rozando mi entrada.
—Luca… aquí no… alguien podría entrar —jadeé, aterrorizada y excitada al mismo tiempo.
—Que entre —gruñó, y entró en mí de una sola embestida profunda.
Gemí fuerte, mordiéndome el brazo para ahogar el sonido. Sus embestidas eran duras, rápidas, posesivas. Una mano sujetaba mi cadera con fuerza mientras la otra se enredaba en mi cabello, tirando suavemente.
—Dime a quién perteneces mientras te follo en esta mesa —exigió, empujando más profundo.
—A ti… solo a ti, Luca —gemí, sintiendo cómo el placer crecía rápido y violento.
Me corrí con fuerza, temblando alrededor de él. Luca me siguió poco después, vaciándose dentro de mí con un gruñido bajo y animal.
Cuando terminó, me giró y me abrazó contra su pecho, besando mi frente con una ternura que contrastaba con la brutalidad de segundos antes.
—Perdóname —susurró contra mi cabello—. Pero no soporto verlo cerca de ti.
Me quedé allí, todavía unida a él, con las piernas temblando y el corazón hecho un nudo.
Los celos de Luca ya no eran solo intensos. Se estaban volviendo peligrosos.
Y yo estaba atrapada en medio, queriendo huir y queriendo quedarme para siempre en sus brazos al mismo tiempo.