Luca
Los celos me estaban volviendo loco.
Ver a Nico ofreciéndole café, acercándose a ella, hablándole como si tuviera algún derecho, había hecho que perdiera completamente el control. La follé sobre la mesa del comedor formal porque necesitaba marcarla, recordarle —y recordarme— que era mía.
Su cuerpo respondía tan perfectamente a mí. La forma en que se apretaba alrededor de mi polla, los gemidos ahogados que intentaba contener, la manera en que susurraba mi nombre cuando se corría… todo eso me pertenecía.
Pero la obsesión ya no se conformaba con las noches.
Quería más.
Esa misma tarde, la llamé a mi despacho bajo la excusa de revisar unos documentos. En cuanto cerró la puerta, la atraje hacia mí y la besé con hambre.
—Te necesito otra vez —gruñí contra su boca.
—Luca… acabamos de… —intentó protestar débilmente.
—No me importa.
La senté sobre el escritorio, le abrí las piernas y bajé la cabeza entre ellas. La devoré con la boca hasta que se corrió contra mi lengua, tirando de mi cabello y ahogando sus gritos. Luego me desabroché los pantalones y entré en ella de nuevo, follándola lento y profundo mientras la miraba a los ojos.
—Quiero que pienses en esto cada vez que lo veas —murmuré, empujando hasta el fondo—. Quiero que sientas mi semen dentro de ti cuando hables con él.
—Luca… —gimió ella, con los ojos llenos de lágrimas de placer.
La hice correrse dos veces más antes de dejarme ir dentro de ella.
Después, mientras la abrazaba contra mi pecho, le acaricié el cabello con una suavidad que solo le mostraba a ella.
—Estás cambiando todo, Elena —admití en voz baja—. Nunca había sentido esto por nadie.
Ella levantó la vista, vulnerable y hermosa.
—Tengo miedo —susurró—. Miedo de lo que estamos haciendo. Miedo de lo que pasará si alguien se entera.
—No dejaré que te pase nada —prometí, besando sus labios hinchados—. Pero no voy a renunciar a ti. Ni ahora ni nunca.
La dejé ir con un último beso posesivo.
Esa noche, cuando vino a mi habitación, fui más suave. La desnudé lentamente, besando cada curva de su cuerpo sensual: sus pechos, su cintura, sus caderas suaves. La tomé despacio, mirándola a los ojos mientras me movía dentro de ella, haciendo que sintiera cada centímetro.
—Te quiero cerca todo el tiempo —susurré mientras nos corríamos juntos—. Quiero que duermas en mi cama todas las noches.
—Alguien va a descubrirnos… —jadeó ella.
—Que lo descubran —respondí, abrazándola fuerte después.
Mientras ella dormía en mis brazos, yo me quedé despierto, mirando el techo de la habitación.
La rivalidad con Nico se estaba volviendo insostenible. Él sabía que algo pasaba. Y yo sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarlo directamente.
Pero por ahora, solo quería disfrutar de Elena.
De su cuerpo.
De su entrega.
De la forma en que temblaba solo por mí.
Porque ella era mía.
Y yo estaba dispuesto a destruir todo lo que se interpusiera entre nosotros.