Eme ,el joven Incéndrel

Capítulo 3 - Luz y relatividad .

La luz del sol hace rato había iluminadi el mundo , y Milena había subido la persiana de su dormitorio, para dejar pasar los rayos cálidos de los días finales de agosto.Ella salió del baño con la ropa prolija y el cabello aún húmedo.,cayendo le en ondas suaves sobre los hombros . El vapor del espejo empañado ,dejaba apenas entrever su rostro ,:piel clara tirando a dorada, pecas y un ligero rubor natural en las mejillas, los ojos color miel, grandes y expresivos. Pero Milena ,en cuanto vio una pelotita mínima en la manga del suéter ,se detuvo.

—¡No puede ser ..–murmuro buscando con los dedos el saca pelusas del cajón, para su mente rigurosa , esa textura era una molestia para su pulcritud .

Cinco minutos después , aún,seguía revisando cada costura ,y cuando al fin se dió por vencida ,ya está retrasada .Bajo l bajó las escaleras corriendo, el bolso golpeándole de la cadera, el pelo a un húmedo y en el último escalón casi chocó con su madre, una mujer de edad media, con ojos color miel y el mismo cabello ondulado castaño cayendo por la espalda.

—¡Milena ! Otra vez sin desayunar?— le reclamó

—¡Después, má !—gritó, ya en la puerta, con una manzana roja manoteada de la mesa.

El aire frío de la mañana la golpeó al salir. Dobló la esquina justo para ver a tiempo ,el colectivo pasar.

—¡Nooooo! – dijo espantada .

Terminó tomándose el siguiente, de pie, con los auriculares puestos y la mente repasando mentalmente las fórmulas de química. Cuando llego a la facultad, la clase ya había empezado, entró casi sin respirar. Él estaba sentado en una de las mesas del fondo, revisando un cuaderno lleno de notas dispersas, cuando Milena llegó con la respiración entrecortada y el cabello suelto enredado por la corrida.

—¿Todavía puedo entrar?—preguntó en voz baja mirando al profesor, él apenas asintió, y Milena avanzó buscando su mesa. Todos los equipos ya estaban formados, excepto uno: El chico del fondo, con gafas redondas y expresión serena, escribiendo algo en silencio.

Se acercó.

—¿Sos Eme ,no? Dijeron que te faltaba un compañero de trabajo.

Él levantó la vista, apenas sonrío.

—Eso dicen. Y vos debes ser la que llegó corriendo .

—Si...el colectivo me dejó...tarde .

—entonces el universo conspiró para que armemos grupo—dijo él, sin ironías.

Su tono era neutro, educado, Pero había algo en su calma que le daba sensación de extrañeza. Se sentaron frente a frente punto el silencio inicial fue denso, pero no incómodo, era el silencio de dos mentes observándose.

—el proyecto es representar una idea de Einstein de forma artística—leyó Milena, pasando una hoja—¿Tenés alguna idea? Ella odiaba llegar tarde, sin ideas, y desorientada.

Eme se acomodó las gafas, mirando hacia la ventana.

—podemos usar luces, proyectores, mostrar cómo el tiempo se curva alrededor de algo con masa.

—¿como una maqueta?

—más bien una ilusión óptica, con espejos punto... O algo así—respondió el coma con voz suave.

Milena lo observó de reojo. No esperaba que ya hubiera pensado tanto, y menos que lo dijera con tanta simpleza, como si hablara de preparar café.

—Sabes bastante del tema.— El se encogió de hombros.

—me gusta entender cómo funcionan las cosas... Aunque a veces no las entiendo del todo —dijo coma y sonrío coma apenas esa sonrisa mínima que parecía entrar en cercanía.

—bueno, entonces somos un equipo. Yo soy más de los conceptos, vos de las ideas que se mueven. M la miró unos segundos más de lo normal. Había algo en la forma en que hablaba ,ordenada, firme que lo dejaba suspendido, como si todo a su alrededor se apagara por un instante.

Sobre la mesa empezaron apilarse cables, vidrios y pequeñas lámparas. Milena dibujaba en una hoja los círculos concéntricos de luz, mientras Eme sostenía una esfera transparente frente al foco, probando ángulos y reflejos. Querían que la instalación respirara movimiento, Como si la luz misma pensara, "un homenaje a Einstein" dijo ella —pero sin fórmulas—. Solo energía, tiempo y mirada. Eme asintió, viendo cómo los destellos rebotan entre sus manos como si el universo les hiciera un guiño.

Una hora después, el chico apenas fingía concentrarse en los apuntes. Milena tenía una de esas bellezas que no piden atención, pero lo obtienen igual. El cabello le caía en onda suaves, color castaño, con reflejos dorados que la luz del aula hacía brillar, la piel estaba salpicada de pecas que parecían dibujadas una a una, y sus ojos punto... Esos ojos eran un tono cálido entre miel y avellana, y cuando se concentraba parecían buscarle sentido al universo entero, tenía los labios rosados, de borde delicado, que se curvaban en una media sonrisa cada vez que algo la divertía . Así también, vestía sencillo, una remera blanca pero sobre ella había algo limpio, genuino y una luz tranquila que no necesitaba adornos.

Milena no parecía saber lo bonita que era; tal vez eso mismo era lo que le hacía tan imposible de ignorar. Mientras hablaba, Eme pensó que su voz era como el sonido del té cayendo en una taza: tibia, serena, pero capaz de despertarte sin gritar. En un momento, tuvieron la necesidad de sentarse uno al lado del otro, para leer del mismo material didáctico. Ella se inclinó sobre la mesa para buscar una hoja, y él sin pensarlo acercó su cuaderno, sus brazos se rozaron, milera sintió un cosquilleo extraño, una mezcla entre calor y electricidad. Él lo notó también pero no se movió.

El aire empezó a oler a libro nuevo a rotulador y... a lavanda. Milena lo reconoció sin saber por qué coma era el aroma de Eme, sutil, con un dejo de almizcle. Por un momento, se quedaron así, muy cerca mirando la pantalla compartida, las letras del documento brillaban sobre los rostros coma ella se concentró en escribir, pero sus ojos se desviaban, las venas azules bajo la piel pálida de Eme, la forma en que las pestañas le rozaban los lentes, Como cada respiración parecía tener un ritmo distinto al del resto del mundo.




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