Cuando mis padres salían a trabajar, recuerdo que mi abuela nos cuidaba con muchísimo esmero a mi hermana mayor, Chloe, y a mí. Nos llevábamos casi diez años, pero ambas, sin importar la edad, disfrutábamos que la abuela viniera a cuidarnos. Era entonces cuando, sin la supervisión de nadie, comenzaba a contarnos sus anécdotas.
Según ella, antes de la Quinta Guerra Mundial, las personas podían escoger a su propia pareja.
Uno tomaba aquella decisión basándose en algo que, tanto mi hermana como yo, apenas podíamos comprender.
Algo llamado amor.
Según mi abuela, aquella palabra significaba sacrificio, devoción y cariño. Tres cosas que, en nuestros tiempos, estaban prohibidas para cualquier persona.
En el año 2053 ocurrió una tragedia en Corea del Norte que desencadenó un desastre de proporciones mundiales. El mandatario de aquella época descubrió a su esposa siéndole infiel con uno de los guardaespaldas que estaban bajo su cuidado.
Debido a ello, los ejecutó frente a la prensa nacional e internacional.
Las imágenes dieron la vuelta al mundo.
Hubo quienes condenaron el asesinato. Otros, en cambio, defendieron al mandatario y aseguraron que aquello demostraba lo peligroso que podía ser permitir que las personas eligieran por sí mismas a quién amar.
Mi abuela decía que el mundo tardó dos años en calmarse.
Pero, en realidad, nunca volvió a hacerlo.
Aquel acontecimiento desencadenó la aparición y posterior creación de E.D.E.N.
—Entidad de Determinación y Emparejamiento Natural.
Según aquellos mandatarios, las personas ya no tenían tiempo para conocerse, enamorarse y elegir a alguien adecuado para compartir su vida. Decían que las elecciones equivocadas destruían familias, provocaban traiciones y condenaban a demasiadas personas a la soledad.
La solución parecía sencilla.
Con la creación de E.D.E.N., cada persona sería emparejada de por vida con quien, según ellos, era su compañero innato.
Hubo quienes se negaron al principio.
Protestaron. Escaparon. Se escondieron.
Pero con los años, aquella resistencia fue desapareciendo.
La gente se acostumbró.
Y cuando una sociedad se acostumbra a algo, deja de preguntarse si alguna vez estuvo mal.
Poco a poco solo existió E.D.E.N.
La posibilidad de elegir quedó descartada y la palabra amor se convirtió en un significado perdido en el tiempo.
Se prohibió escuchar música romántica.
Los libros y novelas basados en el amor fueron retirados.
Las historias sobre personas que se elegían unas a otras dejaron de existir.
Con el tiempo, dejamos de entender qué significaba amar.
Y, quizá lo peor de todo, dejamos de sentir la necesidad de hacerlo.
Al cumplir dieciocho años recibiré mi emparejamiento.
Debería estar preparada.
Debería aceptarlo.
Debería sentir alivio al saber que E.D.E.N. ha elegido por mí a la persona con quien pasaré el resto de mi vida.
Eso es lo que todos esperan.
El problema es que creo que me he enamorado.
O al menos eso creo.
No lo entiendo muy bien.
No sé qué debería sentir.
No sé siquiera si lo que siento tiene un nombre.
Pero hay algo de lo que sí estoy segura.
No quiero ser emparejada con nadie...
si no es él.
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Editado: 14.08.2026