En Aporía

Etapa 1: Capítulo 1

Eran las 5 de la mañana cuando en la penumbra del dormitorio en el departamento de Austin Eiriny llegó una ambulancia. Los vecinos, quienes habían llamado a la policía minutos antes, habían reportado gritos y golpes provenientes de la resistencia de Austin. La policía llegó junto con la ambulancia, ya que por afirmaciones de los vecinos, la policía supo que aquel hombre de 20 años había intentado quitarse la vida. 
  Llegó a las 5 y 13 de la madrugada al hospital, inconsciente, con varios moretones en los nudillos, raspaduras en las rodillas y arañazos en la cara, pero esa no era la razón por la que estaba en una camilla camino a urgencias. La verdadera razón, era que Austin estaba intoxicado por una sobredosis de medicamentos, unas pastillas ingeridas probablemente una hora atrás. 
  Estuvo alrededor de 5 horas inconsciente, los médicos lo habían desintoxicado y lo internaron para darlo de alta cuando despierte de aquel coma, pero no sin antes hacerle las preguntas correspondientes. Despertó el día 3 de diciembre a las 10 y 25 p.m., tenía un fuerte dolor de cabeza y no reconocía del todo los moretones de su cuerpo. 
  —Disculpe, ¿puede venir? —le dijo Austin a una enfermera que pasaba por el pasillo, en frente de la habitación donde estaba internado. Aquella joven muchacha, de cabello rubio y ojos se dirigió hacia él, con una expresión extrañamente feliz. 
  —Veo que despertó, Eiriny —le dijo ella cuando entró en la habitación. Ella muy amablemente le explicó lo que había pasado horas atrás, a los que Austin no pudo evitar explotar en llanto. 
  —Lo siento, yo… olvídelo. ¿Cuándo me van a dar de alta? —preguntó él, mirando a la enfermera con una sincera cara de tristeza y preocupación. 
  —Dentro de unas horas, y cuando salga, puede revisar el sobre. Por cierto, mi nombre es Yazmin —le respondió ella, mientras se retiraba de la habitación. Austin quedó completamente confundido, no sabía a qué se había referido ella cuando le dijo que puede revisar el sobre. 
  En la confusión, Austin empezó a observar todo lo que había en la habitación donde estaba internado. No había mucho, sólo una estufa vieja, una ventana cerrada, una mesa de luz a su costado vacía, y obviamente, el equipo de aparatos que hay en toda habitación de hospital. Al no encontrar algo relacionado con un sobre, Austin se frustró, y enojado consigo mismo, se acostó boca abajo, aplastando la almohada con su cara. Mientras sus lágrimas mojaban la blanca y suave almohada, Austin pudo ver como debajo de ella había un pedazo de papel verde oscuro, brillando con un pequeño rayo de luz que entraña desde un agujero en la ventana. Austin lo agarró, y no sólo era un pedazo de papel verde, sino que escondido bajo la almohada se encontraba el sobre del que posiblemente hablaba Yazmin. No lo abrió, se lo guardó en uno de sus bolsillos hasta ser dado de alta. 
  Cuando se hizo el mediodía, Austin salía del hospital rumbo a su casa, con las manos en los bolsillos de su campera de cuero negra, caminaba con lenta y tranquilamente, ignorando todas sus responsabilidades y preocupaciones, ignorando también que había intentando suicidarse y que estaba vivo otro día más. 
  Siguió caminando por las frías calles de Nueva York, observaba a la gente, imaginaba que podría suceder en aquellas vidas. «Hay mucha gente sonriendo, me pregunto cuál es la razón de su tristeza» pensó Austin, cuando pasaba por en frente de un centro comercial. El joven seguía pensando en imaginando cosas mientras caminaba, pensaba en otras personas para no pensar en si mismo, no quería eso. «¿Cuántos de aquí serán asesinos o criminales? supongo que hay más de lo que parece, así como hay más gente deprimida en silencio que gente que estando deprimida sabe admitirlo con personas correctas. ¿Quiénes son las personas correctas para admitir algo así? muy pocos tienen el privilegio de saberlo, y aún así no lo aprecian, mientras hay gente que daría todo por saber encontrarlos» pensaba él a medida que iba caminando. 
  Llegó a su pequeño departamento luego de esa larga y reflexiva caminata. Todo era un desorden, había manchas de sangre y grietas en la pared, había varios empaques y pastillas en el suelo, acompañados de varios papeles arrugados, escritos con notas suicidas fallidas. Por alguna razón, Austin desconoció aquel departamento, no pudo entrar, la imagen del Interior de la vivienda le generaba un molesto dolor de cabeza. No entró, se quedó sentando en la entrada, tiritando por el molesto frío de la época. Sacó el sobre verde de su bolsillo, en el exterior no decía nada. Cuando lo abrió, sacó la Carta que había dentro, un pequeño papel blanco con una dirección anotada, una dirección y un horario, acompañados de un texto que decía “muchos de nosotros también pasamos por eso, te ayudaremos”. Austin no reaccionó, pensó que tal vez era una broma o una burla, pero se guardó la nota en el bolsillo. 
  Se quedó mirando el cielo nublado de la siesta, hasta que volvió a abrir la puerta para entrar a su casa, pero de nuevo, no pudo entrar, no lo soportaba. Austin empezó a pensar, miraba el interior de la casa para luego mirar aquella carta, y así sucesivamente, esperando tomar una decisión. Miró la hora que era, eran las una de la tarde y tenía hambre, y teniendo en cuenta que la nota indicaba una dirección y decía “6:00 p.m.”, Austin se alejó de la entrada y empezó a caminar rumbo a la dirección indicada, a pesar de que faltaban 5 horas para la hora correcta. 
  Él caminaba, tenía mucho frío y hambre, pero a pesar de todo, seguía pensando en cosas que no tengan nada que ver con él, pensaba en cualquier cosa que no se relacione a él o a su vida, pensar en su propia vida le haría volver a intentar lo que intentó aquella noche de golpes, sangre y gritos. Llegó a la dirección indicada por la carta luego de media hora de caminata, pues aquel lugar no estaba lejos. Había llegado a un edificio no tan alto, y cuando entró, pido observar como la enfermera que lo había atendido horas atrás, estaba sentada en un sofá tomando café y hablando por teléfono. 
  —¿Yazmin? Eh… —dijo él, mientras sacaba la nota del bolsillo demostrando la razón por la que se encontraba allí. 
  —Llegaste varias horas antes, Eiriny —le dijo ella, mientras colgaba la llamada que estaba realizando. 
  —¿Y tú que haces aquí? —preguntó él, confundido. 
  —Te estaba esperando —respondió ella, levantándose del sofá y dirigiéndose a un ascensor.



Delockman

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En el texto hay: thriller misterio, suicidio, drama

Editado: 28.08.2020

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