No lloraba por tristeza.
Lloraba porque algo dentro de mí ya lo sabía.
—¿Por qué lloras? —me preguntó.
Sus manos frías.
Su cabello castaño.
Sus ojos cafés.
—No tienes que culparte...
¿Por qué?
—Cuando no haces las cosas bien... esto puede pasar —dijo, sonriéndome.
¿No es muy repentino?
—Voy a recuperarme de esta. No te preocupes, mi niño.
Sus manos delicadas se enredaron en mi cabello.
Sus dedos recorrieron mi rostro y, al llegar a mis ojos, limpiaron mis lágrimas.
—Ya es hora de la operación —dijo el doctor al abrir la puerta.
Varios médicos rodearon la camilla donde mi madre reposaba.
—Ya es hora de irme, al parecer —dijo, aún sonriendo.
¿Adónde?
—Mi niño, te amo.
Un beso cayó en mi cachete izquierdo.
Estaba acostumbrado a recibirlos desde niño.
¿Por qué este se sentía distinto?
—Mam...
Quise decir su nombre.
No pude.
Los médicos empezaron a moverse sin prisa, cuidadosos y fríos.
El tiempo...perdió sentido.
—Adiós, mi niño.
Levantó la mano despacio,
despidiéndose de mí.
—¿Vas a recuperarte, verdad, mamá? —grité.
Solo sonrió una última vez
y asintió.
.
.
.
Han pasado dos años.
La herida aún no cierra.
Te sigo pensando.
Porque yo también quería decirte algo.
.
.
.
Yo también quería decirte:
te amo.
Mamá
.
.
.
Capítulo 0 - Prólogo